El responsable de derechos humanos de la ONU, Volker Türk, acaba de decir algo que hace tres años sonaba a ciencia ficción: la inteligencia artificial podría volverse lo bastante poderosa como para amenazar a la humanidad. No lo dice un alarmista cualquiera: lo dicen también, con distintos matices, los propios fundadores de las empresas que construyen esa tecnología. Cuando el vendedor advierte sobre su propio producto, algo serio está pasando.

La discusión no es nueva. Desde 1951 Alan Turing predijo que la IA acabaría por escapar al control humano. El asunto es que esa realidad nos alcanzó. Los modelos actuales avanzan cada vez más por su cuenta, y tanto gobiernos como organismos internacionales, coinciden en algo incómodo: las salvaguardas debían construirse antes, no después.

Mientras el mundo discute cómo frenar a tiempo, México sigue discutiendo cómo no quedarse atrás en adoptarla. Son debates de otra liga, y seguimos jugando en la de ayer. Los números son claros. En el primer semestre de 2025, México registró más de 40,000 millones de intentos de ciberataques y se posicionó como el segundo país más vulnerable de América Latina. El 69% de los directivos mexicanos ya identifica a la IA como una amenaza concreta. Es un problema de seguridad nacional porque están vulneradas la banca, los hospitales y hasta el gobierno.

La reacción institucional llega tarde y en forma de promesa. Un Plan Nacional de Inteligencia Artificial recién presentado. Un Laboratorio Nacional de IA anunciado, con marco regulatorio prometido para octubre. Una primera Ley General de Ciberseguridad que apenas se está redactando.

Todo esto en 2026, cuando el debate global ya no es si adoptar la IA, sino cómo evitar que se nos vaya de las manos. La verdadera falla no es solamente tecnológica, es también de visión. México lleva años tratando la ciberseguridad y la gobernanza digital como trámite administrativo y no como condición de soberanía. Y mientras el Estado redacta planes, la infraestructura crítica del país —energía, agua, salud, banca— ya es blanco de ataques que no necesitan esperar a ninguna superinteligencia futura para hacer daño.

La pregunta ya no es si la IA representa un riesgo. Eso lo admiten hasta quienes la construyen. La pregunta es por qué México sigue sin apostar por la educación y el desarrollo tecnológico. Nuestro gobierno no puede seguir priorizando la ideología y relegando la capacitación. Ya basta de comportarse como espectador de un incendio que le está quemando la puerta.

@PaolaRojas

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