Hace apenas unos días, Tesla puso en circulación en Austin, Texas, sus primeros Cybercab con el que buscan cambiar el paradigma de la movilidad urbana y, quizá, de la industria automotriz. Se trata de vehículos de dos plazas, 100% eléctricos, por supuesto, pero sin volante ni pedales. Con este lanzamiento, Tesla busca dejar de ser un mero fabricante de coches eléctricos para convertirse en una plataforma de inteligencia artificial y movilidad. La apuesta final busca, al parecer, expandir el ecosistema de Tesla, integrado por su red de vehículos particulares, cargadores y ahora, vehículos que operarían como taxis, generando ingresos para sus futuros dueños.

Por muy llamativo que haya sido el evento y el futurista diseño del Cyberab, hay que decir que quizá Tesla llega un poco tarde. Desde hace años, mientras Elon Musk prometía taxis autónomos, Waymo se encontraba acumulando kilómetros. Waymo nació en 2009 como el proyecto de conducción autónoma de Google. En 2015 realizó en Austin el primer viaje completamente autónomo en vía pública; en 2016 se convirtió en empresa independiente dentro de Alphabet y, en 2018, lanzó en Phoenix su servicio comercial. Hoy, de acuerdo con datos de la compañía, opera más de 4 mil vehículos en 14 ciudades y supera los 500 mil viajes pagados por semana.

La carrera enfrenta dos filosofías tecnológicas distintas. Waymo utiliza cámaras, radar y sensores LiDAR, además de mapas de alta definición y zonas de operación delimitadas. La redundancia mejora la seguridad, pero el equipo es costoso y cada ciudad exige mapear, probar y desplegar una flota propia.

Tesla, por otro lado, confía únicamente en cámaras e inteligencia artificial. Es una solución más barata y escalable: millones de vehículos recaban datos en las calles y, en teoría, una actualización de software podría incorporarlos a la red. Sin embargo, la falta de sensores redundantes genera dudas ante lluvia, niebla o poca visibilidad. Tesla todavía opera una flota mucho menor y enfrenta investigaciones regulatorias.

Los modelos de negocio también son opuestos. Waymo controla la tecnología y la operación; parece que primero quiere demostrar que el concepto funciona y después reducir costos. Tesla va en otra dirección: pretende vender Cybercabs e incorporarlos como vehículos de terceros, esto es, parece buscar primero hacerlo barato y después escalar. Waymo ofrece mayor evidencia de seguridad; Tesla promete tarifas menores y rápido crecimiento si logra una autonomía robusta.

A pesar de sus diferencias, la realidad es que se trata de una impresionante aplicación de tecnologías de punta, pero la pregunta es si el mercado estará listo para ellas. Una encuesta de Pew Research Center realizada en febrero encontró que apenas 5% de los estadounidenses había viajado en un automóvil sin conductor y que 71% se sentiría poco o nada cómodo haciéndolo. No obstante, una encuesta de TaskUs muestra que 38% probaría un robotaxi durante el próximo año y que la confianza crece en las ciudades donde el servicio ya existe. Lo anterior parece decirnos que existe mucha curiosidad entre el público, pero aún falta confianza.

Por ahora, Waymo parece estar ganando la carrera, pues tiene más vehículos, viajes y mejores datos de seguridad (de acuerdo con la empresa, hay hasta 94% de menos choques con lesiones graves en comparación a vehículos conducidos por personas). Tesla, por su lado, quizá encabece la carrera de las promesas. Si su tecnología funciona, y los clientes están dispuestos a pagar por estos vehículos, su ventaja de costos y escala podría cambiar el mercado. Al final del día pues, no ganará quien anuncie ciudades ni tenga el vehículo más llamativo. Ganará quien consiga que el consumidor abra la puerta, se siente y acepte viajar sin nadie al volante.

* Profesor del área de Dirección de Operaciones en el IPADE

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