Estamos muy cerca de octubre y de recordar —una vez más— aquellos históricos Juegos Olímpicos México 1968, una competencia que marcó para siempre al deporte de nuestro país y que, para la natación nacional, representa uno de los capítulos más importantes en su historia.
Por eso, creo que no puede existir mejor momento para darle forma a un proyecto que hemos venido trabajando con enorme ilusión: El Salón de la Fama y Museo de la Natación Mexicana.
No queremos simplemente llenar un espacio con fotografías, medallas o recuerdos. Queremos construir un lugar donde las nuevas generaciones puedan conocer quiénes abrieron el camino antes que ellos, quiénes representaron a México en unos Juegos Olímpicos y quiénes hicieron posible que nuestro deporte viviera momentos inolvidables.
La intención es que —en octubre— podamos realizar la primera inducción al Salón de la Fama, reconociendo especialmente a nuestros nadadores olímpicos y —por supuesto— a aquella generación de México ‘68 que escribió una página extraordinaria.
México tuvo siete finalistas en natación, en aquellos Juegos Olímpicos, y consiguió dos medallas que permanecen en nuestra memoria.
Felipe Muñoz se convirtió en campeón olímpico y María Teresa Ramírez subió también al podio. Sus historias, como las de tantos otros, tienen que ser conocidas por nuestros niños.
Para conseguirlo, hemos realizado un trabajo enorme.
Tenemos ya más de 70 mil artículos relacionados con la natación digitalizados.
Queremos que un joven pueda descubrir quién fue Apolonio Castillo, quién fue Clemente Mejía, cómo comenzó nuestra natación y cuáles fueron las distintas generaciones que construyeron este deporte.
El Salón de la Fama y Museo de la Natación Mexicana será una inversión importante y sabemos perfectamente que no tendrá un retorno económico.
El retorno será mucho más valioso: Dejar un legado.
Queremos que entrenadores, nadadores, padres de familia y niños, tengan un lugar para conocer y respetar nuestra historia.
Porque podemos construir magníficas albercas y formar nuevos campeones, pero también tenemos la obligación de conservar la memoria de quienes estuvieron antes.
México ‘68 no puede convertirse únicamente en una fecha que recordemos cada octubre.
Sus protagonistas merecen tener casa. Y la natación mexicana, por fin, comienza a construirla.
deportes@eluniversal.com.mx
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