Texto: Liza Luna
En 1986, México recibió el Premio Mundial de Población de la ONU, por sus logros en materia de política poblacional. En una sola década, nuestro país pasó de tener familias con más de 10 hijos y un preocupante aumento de habitantes a presumir de una drástica disminución en su natalidad.
Durante los 60 y 70, la población nacional creció tanto que para el 2000 podría haber hasta 135 millones de mexicanos, algo inconcebible para los recursos disponibles.
El gobierno tuvo que erradicar ideas tradicionales y promover campañas que dejaran a las familias numerosas en el pasado. La idea de tener hijos sin parar debía desaparecer si México quería llegar íntegro al nuevo milenio.


México pasó de ser “pro-natalista” a temer el crecimiento poblacional
Según datos de EL UNIVERSAL de 1974, México comenzó la década de 1930 con más de 16 millones de habitantes. Era un número aceptable si se considera que nuestro territorio abarca casi dos millones de kilómetros cuadrados.
Para 1960, la economía fue más próspera que a inicios de siglo, había mejores oportunidades de trabajo o educación y, sobre todo, se tenían avances significativos en salud, así que la población rebasó los 34 millones de ciudadanos.
En esa época, la postura mexicana era “pro-natalista”. Se veían familias grandes en cualquier estrato social, anticonceptivos estaban prohibidos y hasta Luis Echeverría solía decir “gobernar es poblar”, pues consideró que el mejor recurso del país eran sus habitantes y que hacía falta llenar de pobladores las zonas menos habitadas.
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Con esa ideología se llegó a la década setentera y los números poblacionales aumentaron sin control. Según datos de Manuel Ordorica-Mellado, en su investigación El Nacimiento de la Moderna Política de Población, para 1974 ya había 60 millones de habitantes, 1.5% del total global en ese entonces y la alerta se desató.

De acuerdo con Violeta Romo Norquist, en su trabajo Señora, Usted Decide si se Embaraza, la mayoría de las mujeres de la época tenían más de siete hijos y el crecimiento poblacional era de 3.5%, muy elevado para un país subdesarrollado.
De seguir así el trabajo de las cigüeñas, habría 80 millones de mexicanos para los años 90 ¡y hasta 135 millones para los 2000! Tal destino sería insostenible, pues la demanda de alimento, empleo y recursos no podría cubrirse tan pronto.
El alza de nacimientos por año se sumó al aumento en la esperanza de vida para los mexicanos, que pasó de 30 años en 1900 a 64 años en 1974. Cada vez había más bebés y los adultos tardaban más en fallecer.
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Otro dato de gran preocupación recuperado por Romo Norquist fue la migración de habitantes rurales hacia centros urbanizados, pues entre 1960 a 1970, el porcentaje de población nacional que vivía en urbes aumentó de 39 a 47%, concentrándose en el entonces Distrito Federal, Monterrey y Guadalajara.

Era necesaria una inmediata política para impedir que México colapsara por exceso de mexicanos y el 7 de enero de 1974 se decretó la Ley General de Población, cuyo objetivo era "regular los fenómenos que afectan a la población en cuanto a su volumen, estructura, dinámica y distribución en el territorio nacional".
También se cristalizó la reforma al Artículo 4 de la Constitución, que promovió la igualdad entre hombre y mujer, y el "derecho de cada persona a decidir, de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos".
Para rematar, se formalizó el Consejo Nacional de Población (CONAPO), organismo conectado con múltiples dependencias públicas que coordinó programas de política poblacional. El objetivo era bajar el índice de crecimiento anual e impedir que llegáramos a los 135 millones de habitantes para el año 2000.
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Quedó atrás la idea de “gobernar es poblar” y comenzó la era de planificación familiar.

No más “mujer como escopeta, cargada y en el rincón”
Para mediados de los 70, el gobierno mexicano buscó reformular el ideal de familia mexicana; ya no era bueno para el país tener seis, siete u ocho hijos por matrimonio, sino sólo uno o dos que tuvieran aseguradas las mejores condiciones de vida y amor.
De acuerdo con un informe de la entonces Secretaría de Salud y Asistencia, recuperado por Violeta Romo Norquist, "el Estado no tiene derecho a obligar a los matrimonios a tener muchos hijos, pocos o ninguno", pero sí puede dar orientación en "limitar o estimular la concepción". No se podría ejercer una política poblacional estricta, pero se podía convencer a los padres de no hacer tantos pedidos a la cigüeña.
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Se lanzaron cuatro campañas publicitarias: en 1974 salió Vámonos Haciendo Menos, que exhibió a ciudadanos irresponsables y sin consciencia social; en 1975, La Familia Pequeña Vive Mejor, que difundió un nuevo modelo familiar con máximo dos hijos.


En 1976 se lanzó Señora, Usted Decide si se Embaraza, tal vez la campaña más polémica, pues atribuyó total responsabilidad (y culpa) de la natalidad a la mujer; y para 1978, Tener Hijos es Cuestión de Pareja, como una manera de repartir el deber de la planificación familiar a las dos partes de un matrimonio y no sólo a las madres.
Según recuperaron Beatriz Gaytán y Ulises Serrano en su investigación Vámonos Haciendo Menos, lo importante de cada campaña era “reforzar la premisa de que al gobierno le importaba que la familia viviera mejor”, sin caer en malinterpretaciones como que se odiaba la maternidad o que se quería parar de tajo la natalidad.
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El texto también llamado Vámonos Haciendo Menos, pero de Gerardo Sánchez Nateras, indicó que las campañas de planificación familiar "buscaban combatir el machismo, irresponsabilidad laboral y familiar, discriminación contra la mujer, desincentivar la procreación de familias numerosas" y detener la migración rural.

El gobierno mexicano fomentó el uso de anticonceptivos en mujeres de edad fértil o la vasectomía en hombres. La idea era erradicar el detestable dicho “la mujer como la escopeta, cargada y en el rincón”, y la mejor oportunidad era a través de superación femenina, para que no sólo se dedicaran a tener muchos hijos.
Para septiembre de 1975, tras el quinto informe presidencial de Luis Echeverría, se supo que un millón de mexicanas estaban bajo tratamiento anticonceptivo y que el sector salud podría practicar la salpingoclasia a aquellas madres que la solicitaran.
Por irónico que suene y a pesar de que el CONAPO quería liberar a las mujeres del yugo reproductivo, todavía se exigía la firma de los dos cónyuges para autorizar la ligadura de Trompas de Falopio, pues las esposas no tenían completa libertad de su cuerpo.
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En su edición del 22 de agosto de 1975, EL UNIVERSAL publicó las reflexiones de Héctor Solís Quiroga, quien aseguró que la planificación familiar permitiría que los matrimonios mexicanos no sucumbieran al “hastío de los excesivos problemas, que [se privilegiara] cuidar del futuro de los hijos y que todos tengan lo necesario".


Hubo rechazo y críticas por la política demográfica
En tiempo reciente, el fomentar la paternidad responsable para evitar una crisis poblacional suena lógico, pero en sus primeros años de aplicación parecía una vil afrenta contra las familias y madres mexicanas.
De acuerdo con EL UNIVERSAL, facciones tanto conservadoras como izquierdistas emitieron quejas contra las campañas del CONAPO, pues acusaron que sus mensajes no eran los adecuados y que disminuir la natalidad no solucionaría la crisis nacional.
Se argumentó que frases como La Familia Pequeña Vive Mejor generarían problemas a los niños dentro del seno familiar, pues los padres podrían responsabilizarlos por cualquier carencia económica sólo por haber nacido; como si un tercer o cuarto hijo fuera el único culpable de que su familia no viviera mejor.
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También se condenó el Señora, Usted Decide si se Embaraza, pues podría motivar a muchas mujeres a realizarse abortos, algo que entonces (y todavía ahora) era considerado como homicidio por algunos sectores pro-vida. La misma frase también despertó comentarios machistas, pues muchos asumieron que la mujer debía acatar el deseo y orden de su marido, y no tomar tales decisiones por su cuenta.

Una severa crítica contra estas campañas se publicó el 16 de julio de 1975 por Laura Bolaños, entonces líder de la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas. En sus palabras, la mujer mexicana de los 70 “sí debe tener el derecho absoluto de conocer y practicar voluntariamente los métodos para tener el número de hijos que desee, pero de eso a presentar a la maternidad como la causa de todos los males hay una gran distancia".
Bolaños sostuvo que los mensajes del CONAPO criminalizaron a las mujeres que se embarazaban, en lugar de investigar por qué el campo no producía suficiente comida para la creciente población o por qué el dinero no alcanzaba para todas las familias.
La líder de la Unión Nacional de Mujeres Mexicanas volvió a escribir en octubre de 1976 y denunció que el gobierno saliente de Luis Echeverría "nos hizo creer que los pobres tienen la culpa de su propia pobreza por el hecho de tener muchos hijos y también amenazan al bienestar de los que sí saben comportarse civilizadamente".
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"Considerar la alta tasa de nacimientos como el problema principal hacia el cual deben dirigirse nuestros mayores esfuerzos, es confesarse impotente para aumentar la productividad y hacer una distribución justa de la riqueza", concluyó.
![En palabras del representante del CONAPO, Francisco Casanova Álvarez, "el varón es más responsable que la mujer de esta situación [la sobrepoblación] y así lo entiende la política demográfica que lucha contra el machismo y por la plena incorporación de la mujer a la vida económica, social y política del país". Foto: ESPECIAL.](https://www.eluniversal.com.mx/resizer/v2/E4NVVHMT4FDTDJ2E6QPRKYDI4U.jpg?auth=e9d7db6e2d7d31ab3f48aa313e0130dd10e65057b7597859e42c984f9f84cff6&smart=true&height=620)
Quien también atacó con severidad las campañas poblacionales fue Esperanza Moreno de Brito Foucher. El 22 de abril de 1975, la pensadora consideró que la frase Vámonos Haciendo Menos era de mal gusto y no tenía respeto alguno “para la mujer en edad fértil ni para todos los mexicanos en general".
En específico se concentró en el cartón “Vámonos haciendo menos reproductivas y más productivas”, pues humilló a la mujer con más de dos hijos. “Con un mensaje así, los infantes aprenderán a despreciar a su madre, a compararla con la 'escopeta de rancho' y a creer que la maternidad puede ser objeto de mofa".
El sector religioso también tenía algo que decir sobre la planificación familiar. A su parecer, fomentar la anticoncepción era privar del don de la vida a Dios, pues la decisión de cuántos hijos tener "no depende de la voluntad humana ni de una ley", según dijeron representantes católicos a EL UNIVERSAL en 1978.
Que el gobierno autorizara a las mujeres a usar métodos anticonceptivos para no embarazarse les resultó escandaloso, pues reposicionó al sexo como forma de disfrute marital y no como vía de procreación.
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Múltiples voces y colectivos exigieron dar marcha atrás con estas campañas y medidas ejercidas para desacelerar el crecimiento poblacional, pero el gobierno mexicano hizo caso omiso y su política demográfica continuó con gran impulso.

Se controló el crecimiento poblacional y no nos desbordamos de mexicanos
Para 1982, se confirmó que las cigüeñas por fin disminuyeron sus entregas y que México redujo su crecimiento poblacional del 3.5% anual visto en los años 60 a 2.2%. Desde entonces, no volvió a aumentar.
Cuatro años después, nuestro país presumió un envidiable 2% de crecimiento anual y fue mérito suficiente para que la Organización de las Naciones Unidas otorgara el Premio Mundial de Población de 1986 al CONAPO.
Según se leyó en EL UNIVERSAL el 28 de febrero de ese año, la condecoración incluyó una medalla de oro, un diploma y un cheque por 25 mil dólares, que en ese momento equivalían a 125 millones de pesos, debido a la terrible crisis que azotó a México.
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El entonces embajador mexicano ante la ONU y exsecretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, comentó: "este premio consagra el éxito de la política de población mexicana, realizada en total respeto a las tradiciones nacionales y a la libertad de las parejas", sometiendo la tendencia machista y de "fuerte religiosidad" en nuestro país.

A consideración de este diario, "de no haberse introducido una política integrada y a largo plazo en materia de población, México hubiera alcanzado a fines de este siglo los 135 millones de habitantes; gracias a la política implementada por el CONAPO, sólo tendrá 100 millones de habitantes al comenzar el siglo XXI".
Pero, ¿en serio fue mérito de las campañas del Consejo Nacional de Población que se redujera el aumento anual de mexicanos o se debió a algo más?
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Tanto en EL UNIVERSAL como en otras de nuestras fuentes se indica que el verdadero factor que disminuyó la natalidad mexicana fue la crisis económica. "Las penurias le tuercen a uno hasta el carácter y el hambre achica el apetito sexual; el desempleo apaga los ardores y el subempleo no es nadita afrodisiaco", satirizó el caricaturista y colaborador de este diario, Sergio Iracheta, en mayo de 1985.

El costo de vida en entre los años 70 a 80 y tragedias como los terremotos de 1985 privaron de muchos planes a las familias mexicanas, por lo que fue más sencillo tener uno o dos hijos en lugar de cuatro o cinco.
Y aunque había numerosas mujeres que integraron el uso voluntario de anticonceptivos en su vida diaria, también existieron casos donde el sistema de salud forzó o engañó a madres para esterilizarlas o colocarles dispositivos intrauterinos, según denunció nuestro entonces columnista Rafael Moya García, en febrero de 1986.
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"Hay miles de parejas que no podrán tener hijos; miles de matrimonios que no han podido tener siquiera el primer hijo, porque la mujer fue víctima de una acción de planificación sin consentimiento; miles de mujeres que en un mal momento aceptaron la sugerencia y ahora lloran una esterilidad irreversible", se leyó en EL UNIVERSAL.

Para el año 2000, México registró 97 millones 483 mil 412 habitantes, con un índice de crecimiento de 1.5%. Quedó atrás el temor de una explosión demográfica incontrolable, aunque hoy en día somos el onceavo país a nivel mundial en población.
Hace cuatro décadas se reconoció la labor del CONAPO por controlar el crecimiento nacional y retrasar la barrera de los 135 millones de mexicanos por 25 años más. A pesar del rechazo y desagrado de muchos, las campañas poblacionales de los años 70 transmitieron mensajes que el mexicano necesitaba oír.
La política poblacional mexicana hizo bien en exhibir al “machos” que deja hijos por doquier, en eliminar el concepto de la mujer como “escopeta de rancho” y en visibilizar la necesidad de dar mejores condiciones de vida a los hijos. Falta ver cómo nos irá cuando se rebase el tope de 150 millones de habitantes, que ya está muy cerca.

Campaña audiovisual de “Vámonos Haciendo Menos”. Fuente: YouTube.
- Fuentes:
- Hemeroteca EL UNIVERSAL
- Esquivel, J. & Gama, B. & Valdepena, I. & Martínez, R. (1980). Factores de Rechazo a la Planificación Familiar. México: UNAM.
- Gaytán, B. & Serrano, U. (2025). Vámonos Haciendo Menos: Proyecto Nacional de Planificación Familiar durante el Periodo Presidencial de Luis Echeverría. En El Artista.
- Ley General de Población. (1974). Diario Oficial de la Federación [DOF] (México).
- Ordorica, M. (2014). 1974: Momento Crucial de la Política de Población. En Papeles de Población.
- Ordorica, M. (2015). El Nacimiento de la Moderna Política de Población. En La Situación Demográfica de México.
- Romo, V. (2020). "Señora, Usted Decide si se Embaraza", Mujeres Capitalinas y Planificación Familiar en los años setenta. México: Instituto Mora.
- Sánchez, G. (2012). "Vámonos Haciendo Menos": Políticas de Población y Discurso Visual de la Planificación Familiar en México durante el Sexenio de Luis Echeverría. México: UNAM.
- Welti-Chanes, C. (2014). El Consejo Nacional de Población a 40 años de la Institucionalización de una Política Explícita de Población en México. En Papeles de Población.


