Texto: Liza Luna

La Ciudad de México del siglo XX escuchó el lema “su hogar es más hogar con Muebles Cuauhtémoc” y sabemos que los negocios van y vienen en la capital, pero al menos la colonia Roma puede presumir que en sus calles estuvo .

Fundada por Carlos H. Reyes en los años 30 y abierta hasta los 80, la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” surtió de camas, mesas, comedores, sillas, sillones y otros lujos de la ebanistería a miles de capitalinos. Sus precios no eran tan amables con todos los bolsillos, pero su calidad, ingenio y prestigio hablaron por sí solos.

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Juego de recámara por la mueblería “Cuauhtémoc”, 1939. Su madera solía ser caoba o nogal, con diseños finos. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
Juego de recámara por la mueblería “Cuauhtémoc”, 1939. Su madera solía ser caoba o nogal, con diseños finos. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
Antecomedor, mueblería “Cuauhtemoc”, 1939. Por esas fechas, sus precios iban desde 125 a 500 pesos por una sala; un comedor podía costar entre 110 a 900 pesos o una recámara completa desde 180 a 450 pesos. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
Antecomedor, mueblería “Cuauhtemoc”, 1939. Por esas fechas, sus precios iban desde 125 a 500 pesos por una sala; un comedor podía costar entre 110 a 900 pesos o una recámara completa desde 180 a 450 pesos. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Eran los muebles de las películas nacionales en los años 50

Esta famosa mueblería capitalina inició operaciones el 13 de junio de 1932, en un primer local localizado en la entonces calle Constanza, número 52, colonia Morelos. Según se sabe, en esa zona ocurrió el llamado “tormento de Cuauhtémoc”, cuando los conquistadores quemaron los pies del último Tlatoani mexica en 1521.

En honor a ese suceso, Carlos H. Reyes nombró a su negocio Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” y para enero de 1937, trasladó sus instalaciones al lado del imponente Cine Balmori, en la Av. Álvaro Obregón número 127, colonia Roma. Hoy en el sitio donde estuviera esta mueblería vemos el Hospital Obregón, con una estatua de Mario Moreno “Cantinflas” afuera.

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Reyes, a pesar de ser gerente general de la mueblería, trabajó como obrero en su propia empresa durante los primeros años. También se desarrolló como productor de espectáculos, escritor y periodista, y para 1946, estableció y presidió la Asociación de Comerciantes en el Ramo de Muebles, gremio abierto a todos los productores y vendedores de estos productos en México.

Cine Balmori, 1944; a su lado, parte del letrero de Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”. Se ubicó ahí durante casi cinco décadas. Foto: ESPECIAL/Juan Guzmán.
Cine Balmori, 1944; a su lado, parte del letrero de Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”. Se ubicó ahí durante casi cinco décadas. Foto: ESPECIAL/Juan Guzmán.
Carlos H. Reyes, gerente general de la “Cuauhtémoc”. Además de empresario, fue promotor artístico y era primo de “Cantinflas”. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Carlos H. Reyes, gerente general de la “Cuauhtémoc”. Además de empresario, fue promotor artístico y era primo de “Cantinflas”. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Desde su apertura, la mueblería “Cuauhtémoc” implementó la venta por enganche y laxas condiciones de pago para su clientela: el comprador podía dar un primer pago con la cantidad que quisiera y finiquitar su deuda en los plazos que le acomodaran.

Sus primeros muebles incluyeron salas tipo pullman, comedores, juegos de recámara y sofás. Sus diseños eran finos y exclusivos, hechos con madera importada de Estados Unidos o Europa, protegidas con un proceso de desflemado, a fin de eliminar humedad del material y evitar la aparición de hongos o plagas.

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Sala en venta, Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”, 1939. Esta mueblería colaboró en algunos concursos de EL UNIVERSAL, incluyendo "La Casa de EL UNIVERSAL”, amueblada exclusivamente con sus muebles. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
Sala en venta, Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”, 1939. Esta mueblería colaboró en algunos concursos de EL UNIVERSAL, incluyendo "La Casa de EL UNIVERSAL”, amueblada exclusivamente con sus muebles. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Para 1937 y con 2 mil 150 pesos de ese entonces (un millón 800 mil actuales, por la inflación), un capitalino podía acudir a la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” y comprar un conjunto de recámara de nueve piezas en caoba; o con 880 pesitos hacerse de un amplio comedor familiar. Considerando que el salario mínimo diario de los años 30 rondó los 1.50 a 2 pesos, esta mueblería se salía del presupuesto de muchos.

Una década después, este negocio ebanista vendió antecomedores para cuatro personas en 140 pesos o comedores en nogal o caoba para 10 personas en mil 850, además de ya ofrecer electrodomésticos como un refrigerador a 120 pesos o una radioconsola de marca Majestic por mil 375 pesos.

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Adicional a su venta de muebles para casa u oficina, la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” prestó sus valiosos servicios y productos a la industria cinematográfica mexicana, siendo la principal proveedora de muebles para películas nacionales. Para cuando cumple 20 años como negocio mueblero, su plantilla rebasó los 150 ebanistas especializados en diseños de lujo.

Set de recámara sencillo, Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”, 1939. Sus precios eran un poco más caros que tiendas como Palacio de Hierro. Foto: Archivo EL UNIVERSAL
Set de recámara sencillo, Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”, 1939. Sus precios eran un poco más caros que tiendas como Palacio de Hierro. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

Mueblería que regalaba novelas y organizaba concursos para su clientela

Durante los años 40 y con su producción aumentando a gran escala, la mueblería "Cuauhtémoc” abrió otras dos sucursales. Una en septiembre de 1945, ubicada en Av. Tamaulipas de la Hipódromo Condesa, al lado del Cine Lido; y un año después en la calle Victoria del Centro Histórico, especializada en regalos.

A fin de motivar la visita a estas nuevas tiendas y sin compromiso alguno, la Fábrica de Muebles regaló ejemplares de novelas a cualquier capitalino que acudiera a sus sucursales. Obsequió copias de Lady Hamilton, Lo que el Viento se Llevó o El Pecado de los Padres (escrita por el mismo Carlos H. Reyes).

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La década de los 40 fue la más destacada de la mueblería de la colonia Roma, en buena parte por organizar concursos con sus clientes y gran mercadotecnia.

Anuncio del programa “Historias Extraordinarias”, patrocinado por muebles “Cuauhtémoc”, 1942; a poco tiempo de su primera emisión, se convirtió en el programa con mayor audiencia de su año. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Anuncio del programa “Historias Extraordinarias”, patrocinado por muebles “Cuauhtémoc”, 1942; a poco tiempo de su primera emisión, se convirtió en el programa con mayor audiencia de su año. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
En 1942, con la declaración de estado de guerra para México, la mueblería de la colonia Roma aumentó su producción y sólo trabajó materiales mexicanos sin bajar la calidad, lo que les permitió ser líderes del mercado. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
En 1942, con la declaración de estado de guerra para México, la mueblería de la colonia Roma aumentó su producción y sólo trabajó materiales mexicanos sin bajar la calidad, lo que les permitió ser líderes del mercado. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Atrajo a los radioaficionados por ser el principal patrocinador de programas radiales como Leyendas de las Calles de México de la XEW, El Monje Loco de la XEQ, Historias Extraordinarias de Edgar Allan Poe por la XEOY Radio Mil y hasta su propio show con El Heraldo Cuauhtémoc por la XEMC, donde regalaban muebles a la audiencia.

Para 1944 lanzó el concurso “Luna de Miel”, donde convocó a parejas que estuvieran próximas a casarse a comprar los muebles de su futura casa en la “Cuauhtémoc”. Por cada 200 pesos de compra, recibían un boleto de rifa para ganar una estancia de siete días en Acapulco, con transporte y comida pagados, como si fuese su luna de miel.

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Más adelante, en 1949 y para celebrar el presunto descubrimiento de los restos de Cuauhtémoc en Ixcateopan, la mueblería de la colonia Roma lanzó una invitación para escribir un himno para el caído Tlatoani. Podrían ser composiciones con o sin música, de número libre de versos que honraran al mexica.

Polémica publicidad de la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”, 1943. El negocio de Carlos H. Reyes no sólo se limitó a vender, también hizo labor social invitando a su clientela a participar en las peregrinaciones a Ixcateopan en julio de 1950, en honor al Tlatoani Cuauhtémoc. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Polémica publicidad de la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”, 1943. El negocio de Carlos H. Reyes no sólo se limitó a vender, también hizo labor social invitando a su clientela a participar en las peregrinaciones a Ixcateopan en julio de 1950, en honor al Tlatoani Cuauhtémoc. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.

La convocatoria estuvo disponible desde inicios de diciembre de 1949 a finales de febrero de 1950, con la promesa de dar al primer lugar mil pesos en mercancía de la “Cuauhtémoc” y una medalla de oro; al segundo lugar, 500 pesos en mercancía y diploma; y tercer lugar, 250 pesos en mercancía y diploma de participación. No se obtuvo información sobre los himnos presentados, ni de los ganadores.

Meses después y con el pretexto de su 18 aniversario, el negocio mueblero de Carlos H. Reyes lanzó su llamada “Venta Mayor”, donde dieron grandes descuentos en sus productos y obsequios sorpresa a “todas las personas que cumplan 18 años del 13 de junio al 13 de julio de 1950, con sólo mostrar su fe de bautizo", según se leyó.

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Gracias a una encuesta de EL UNIVERSAL, publicada en marzo de 1950, la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” se consolidó como la "mejor mueblería capitalina”, con 40 mil 980 votos entre los lectores de esta casa editorial que no acudirían a ninguna otra tienda ebanista para decorar sus casas.

Anuncio “Era de Plata” para muebles “Cuauhtémoc”, 1947. Ese año se emitieron nuevas dinero de plata con la cara del Tlatoani mexica, así que la mueblería lanzó promociones inspiradas en esta nueva moneda. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Anuncio “Era de Plata” para muebles “Cuauhtémoc”, 1947. Ese año se emitieron nuevas dinero de plata con la cara del Tlatoani mexica, así que la mueblería lanzó promociones inspiradas en esta nueva moneda. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Tras el presunto descubrimiento de los restos de Cuauhtémoc, este negocio convocó a escribir un himno en honor al mexica caído en 1949. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL
Tras el presunto descubrimiento de los restos de Cuauhtémoc, este negocio convocó a escribir un himno en honor al mexica caído en 1949. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL

Vendieron hasta coches para continuar en el mercado; ahora es un hospital

Para los años 50 se modernizó la marca y también su clásico edificio. El 30 de noviembre de 1956, Carlos H. Reyes presentó el nuevo inmueble para su local matriz en Av. Álvaro Obregón 127, con cuatro pisos disponibles para oficinas o departamentos y en planta baja las amplias salas de exhibición de la “Cuauhtémoc”.

Como principal distintivo, la mueblería exhibió en su dintel interior un mural que representó la vida del Tlatoani mexica, formado con mosaicos venecianos y parecido al que se admira en el Palacio de Bellas Artes.

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La aparición de más competidores muebleros los motivó a diversificar su oferta, vendiendo más televisores, radios, tapetes, alfombras, candiles y hasta vehículos nuevos o seminuevos, como Cadillac, Thunderbolt, Jaguar o Ford Impala.

Anuncio de la “Cuauhtémoc” donde se aprecia mejor el aspecto del edificio, años 60. Los pisos superiores eran para departamentos, cada uno con estancia, dos o tres recámaras, dos baños, además de garaje disponible, interfono y elevador; todo bajo la administración de la mueblería. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Anuncio de la “Cuauhtémoc” donde se aprecia mejor el aspecto del edificio, años 60. Los pisos superiores eran para departamentos, cada uno con estancia, dos o tres recámaras, dos baños, además de garaje disponible, interfono y elevador; todo bajo la administración de la mueblería. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Pero el robustecimiento de cadenas como Palacio de Hierro o Salinas y Rocha pasó factura al liderazgo de la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” en el entonces DF. Para los años 60 implementó otra forma de venta surtiendo a intermediarios por mayoreo y disminuyendo mucho más sus precios.

Fue en marzo de 1962 cuando la “Cuauhtémoc” sorprendió a los capitalinos con un impensable 80% de descuento en sus productos, como forma de “reconocer sus defectos”. Siendo una oferta por demás inusual en esa época, EL UNIVERSAL entrevistó a Carlos H. Reyes para despejar los rumores de quiebra o remate.

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Según afirmó el empresario, dichas rebajas sólo eran para algunos productos que "pueden haber sido dañados levemente en el transporte o sufrieron un leve maltrato, así como algunos que formen parte de líneas que ya no maneja la tienda".

Sala familiar vendida por la mueblería “Cuauhtémoc”, 1939. En entrevista con EL UNIVERSAL en 1952, Carlos H. Reyes aseguró que su fábrica también surtía numerosos pedidos a Centro y Sudamérica, pero que siempre mantendría su principal producción y venta para México. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
Sala familiar vendida por la mueblería “Cuauhtémoc”, 1939. En entrevista con EL UNIVERSAL en 1952, Carlos H. Reyes aseguró que su fábrica también surtía numerosos pedidos a Centro y Sudamérica, pero que siempre mantendría su principal producción y venta para México. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Fue la primera mueblería del D.F en rematar sus existencias con tanto descuento. "Nunca antes se había visto tal oferta, sobre todo en artículos que no son saldos, muebles cuya reconocida calidad se ha venido manteniendo por más de 25 años", aseguró Reyes a este diario.

El también escritor y periodista concluyó que "ya es tiempo que alguien haga publicidad sincera [reconociendo que ciertos productos tienen defectos o que no se vendieron como esperaban]; esos seremos nosotros y estamos regalando miles de pesos en mercancías para mover grandes volúmenes a la mayor rapidez posible".

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Para el resto de los 60 y 70, la famosa mueblería de la colonia Roma dejó de promocionarse con tanto ahínco en nuestras páginas como solía hacerlo en décadas pasadas, dando espacio a colosos como Palacio de Hierro o Liverpool, que para entonces ya eran líderes en la ebanistería de lujo.

Silla tipo “morris” y sillón de respaldo alto de la mueblería “Cuauhtémoc”, 1939. Desde agosto de 1950, este negocio de la colonia Roma se convirtió en una de las 18 sedes para adquirir una televisión RCA Víctor, previo a la inauguración del primer canal de televisión mexicano, Canal 4. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.
Silla tipo “morris” y sillón de respaldo alto de la mueblería “Cuauhtémoc”, 1939. Desde agosto de 1950, este negocio de la colonia Roma se convirtió en una de las 18 sedes para adquirir una televisión RCA Víctor, previo a la inauguración del primer canal de televisión mexicano, Canal 4. Foto: Archivo EL UNIVERSAL.

Fue en enero de 1981 cuando EL UNIVERSAL publicó el anuncio de traspaso del inmueble de Av. Álvaro Obregón 127, ideal para “bancos, financieras, restaurantes o negocio muy importante”, dada su ubicación y tamaño de mil 600 metros cuadrados. En cuanto al producto de la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”, todo se fue a remate.

La mueblería capitalina cerró sus puertas poco antes de cumplir 50 años de historia. En su lugar se abrió la Galería Nonita, después la también exhibidora de arte Eternity Ice y terminó por convertirse en el actual Hospital Obregón, famoso por exhibir una escultura movible de “Cantinflas”.

Tras décadas de venta y prestigio, el lema de “su hogar es más hogar con Muebles Cuauhtémoc” desapareció de la mente capitalina, pero es probable que muchas casas familiares aún luzcan sus sillones o comedores, fabricados por la que alguna vez fue “la mejor mueblería del Distrito Federal”.

Vista desde el paseo arbolado en Av. Álvaro Obregón, frente a la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”. Carlos H. Reyes impulsó actividades culturales y artísticas en ese camellón, en pro de la convivencia en la colonia Roma. Foto: Colección Villasana.
Vista desde el paseo arbolado en Av. Álvaro Obregón, frente a la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”. Carlos H. Reyes impulsó actividades culturales y artísticas en ese camellón, en pro de la convivencia en la colonia Roma. Foto: Colección Villasana.
  • Fuentes:
  • Hemeroteca EL UNIVERSAL