Texto: Liza Luna
La Ciudad de México del siglo XX escuchó el lema “su hogar es más hogar con Muebles Cuauhtémoc” y sabemos que los negocios van y vienen en la capital, pero al menos la colonia Roma puede presumir que en sus calles estuvo “la mejor mueblería del DF”.
Fundada por Carlos H. Reyes en los años 30 y abierta hasta los 80, la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” surtió de camas, mesas, comedores, sillas, sillones y otros lujos de la ebanistería a miles de capitalinos. Sus precios no eran tan amables con todos los bolsillos, pero su calidad, ingenio y prestigio hablaron por sí solos.
Lee también En las papelerías se vendía desde vinos hasta muebles


Eran los muebles de las películas nacionales en los años 50
Esta famosa mueblería capitalina inició operaciones el 13 de junio de 1932, en un primer local localizado en la entonces calle Constanza, número 52, colonia Morelos. Según se sabe, en esa zona ocurrió el llamado “tormento de Cuauhtémoc”, cuando los conquistadores quemaron los pies del último Tlatoani mexica en 1521.
En honor a ese suceso, Carlos H. Reyes nombró a su negocio Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” y para enero de 1937, trasladó sus instalaciones al lado del imponente Cine Balmori, en la Av. Álvaro Obregón número 127, colonia Roma. Hoy en el sitio donde estuviera esta mueblería vemos el Hospital Obregón, con una estatua de Mario Moreno “Cantinflas” afuera.
Lee también Hip 70, la tienda de discos que fue refugio del rock desde 1968
Reyes, a pesar de ser gerente general de la mueblería, trabajó como obrero en su propia empresa durante los primeros años. También se desarrolló como productor de espectáculos, escritor y periodista, y para 1946, estableció y presidió la Asociación de Comerciantes en el Ramo de Muebles, gremio abierto a todos los productores y vendedores de estos productos en México.


Desde su apertura, la mueblería “Cuauhtémoc” implementó la venta por enganche y laxas condiciones de pago para su clientela: el comprador podía dar un primer pago con la cantidad que quisiera y finiquitar su deuda en los plazos que le acomodaran.
Sus primeros muebles incluyeron salas tipo pullman, comedores, juegos de recámara y sofás. Sus diseños eran finos y exclusivos, hechos con madera importada de Estados Unidos o Europa, protegidas con un proceso de desflemado, a fin de eliminar humedad del material y evitar la aparición de hongos o plagas.
Lee también El suizo que decoró el Castillo y el Palacio Nacional

Para 1937 y con 2 mil 150 pesos de ese entonces (un millón 800 mil actuales, por la inflación), un capitalino podía acudir a la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” y comprar un conjunto de recámara de nueve piezas en caoba; o con 880 pesitos hacerse de un amplio comedor familiar. Considerando que el salario mínimo diario de los años 30 rondó los 1.50 a 2 pesos, esta mueblería se salía del presupuesto de muchos.
Una década después, este negocio ebanista vendió antecomedores para cuatro personas en 140 pesos o comedores en nogal o caoba para 10 personas en mil 850, además de ya ofrecer electrodomésticos como un refrigerador a 120 pesos o una radioconsola de marca Majestic por mil 375 pesos.
Lee también Las discotiendas capitalinas de los años 70, 80 y 90
Adicional a su venta de muebles para casa u oficina, la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” prestó sus valiosos servicios y productos a la industria cinematográfica mexicana, siendo la principal proveedora de muebles para películas nacionales. Para cuando cumple 20 años como negocio mueblero, su plantilla rebasó los 150 ebanistas especializados en diseños de lujo.

Mueblería que regalaba novelas y organizaba concursos para su clientela
Durante los años 40 y con su producción aumentando a gran escala, la mueblería "Cuauhtémoc” abrió otras dos sucursales. Una en septiembre de 1945, ubicada en Av. Tamaulipas de la Hipódromo Condesa, al lado del Cine Lido; y un año después en la calle Victoria del Centro Histórico, especializada en regalos.
A fin de motivar la visita a estas nuevas tiendas y sin compromiso alguno, la Fábrica de Muebles regaló ejemplares de novelas a cualquier capitalino que acudiera a sus sucursales. Obsequió copias de Lady Hamilton, Lo que el Viento se Llevó o El Pecado de los Padres (escrita por el mismo Carlos H. Reyes).
Lee también Era edificio de lujo en la Roma, hoy parece embrujado
La década de los 40 fue la más destacada de la mueblería de la colonia Roma, en buena parte por organizar concursos con sus clientes y gran mercadotecnia.


Atrajo a los radioaficionados por ser el principal patrocinador de programas radiales como Leyendas de las Calles de México de la XEW, El Monje Loco de la XEQ, Historias Extraordinarias de Edgar Allan Poe por la XEOY Radio Mil y hasta su propio show con El Heraldo Cuauhtémoc por la XEMC, donde regalaban muebles a la audiencia.
Para 1944 lanzó el concurso “Luna de Miel”, donde convocó a parejas que estuvieran próximas a casarse a comprar los muebles de su futura casa en la “Cuauhtémoc”. Por cada 200 pesos de compra, recibían un boleto de rifa para ganar una estancia de siete días en Acapulco, con transporte y comida pagados, como si fuese su luna de miel.
Lee también La querida fábrica de coches cerca de la Villa
Más adelante, en 1949 y para celebrar el presunto descubrimiento de los restos de Cuauhtémoc en Ixcateopan, la mueblería de la colonia Roma lanzó una invitación para escribir un himno para el caído Tlatoani. Podrían ser composiciones con o sin música, de número libre de versos que honraran al mexica.

La convocatoria estuvo disponible desde inicios de diciembre de 1949 a finales de febrero de 1950, con la promesa de dar al primer lugar mil pesos en mercancía de la “Cuauhtémoc” y una medalla de oro; al segundo lugar, 500 pesos en mercancía y diploma; y tercer lugar, 250 pesos en mercancía y diploma de participación. No se obtuvo información sobre los himnos presentados, ni de los ganadores.
Meses después y con el pretexto de su 18 aniversario, el negocio mueblero de Carlos H. Reyes lanzó su llamada “Venta Mayor”, donde dieron grandes descuentos en sus productos y obsequios sorpresa a “todas las personas que cumplan 18 años del 13 de junio al 13 de julio de 1950, con sólo mostrar su fe de bautizo", según se leyó.
Lee también La dulcería mexicana que tiene casi 145 años
Gracias a una encuesta de EL UNIVERSAL, publicada en marzo de 1950, la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” se consolidó como la "mejor mueblería capitalina”, con 40 mil 980 votos entre los lectores de esta casa editorial que no acudirían a ninguna otra tienda ebanista para decorar sus casas.


Vendieron hasta coches para continuar en el mercado; ahora es un hospital
Para los años 50 se modernizó la marca y también su clásico edificio. El 30 de noviembre de 1956, Carlos H. Reyes presentó el nuevo inmueble para su local matriz en Av. Álvaro Obregón 127, con cuatro pisos disponibles para oficinas o departamentos y en planta baja las amplias salas de exhibición de la “Cuauhtémoc”.
Como principal distintivo, la mueblería exhibió en su dintel interior un mural que representó la vida del Tlatoani mexica, formado con mosaicos venecianos y parecido al que se admira en el Palacio de Bellas Artes.
Lee también Cuando los artistas salvaron al edificio Balmori
La aparición de más competidores muebleros los motivó a diversificar su oferta, vendiendo más televisores, radios, tapetes, alfombras, candiles y hasta vehículos nuevos o seminuevos, como Cadillac, Thunderbolt, Jaguar o Ford Impala.

Pero el robustecimiento de cadenas como Palacio de Hierro o Salinas y Rocha pasó factura al liderazgo de la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc” en el entonces DF. Para los años 60 implementó otra forma de venta surtiendo a intermediarios por mayoreo y disminuyendo mucho más sus precios.
Fue en marzo de 1962 cuando la “Cuauhtémoc” sorprendió a los capitalinos con un impensable 80% de descuento en sus productos, como forma de “reconocer sus defectos”. Siendo una oferta por demás inusual en esa época, EL UNIVERSAL entrevistó a Carlos H. Reyes para despejar los rumores de quiebra o remate.
Lee también La destrucción de los murales del Edificio Balmori
Según afirmó el empresario, dichas rebajas sólo eran para algunos productos que "pueden haber sido dañados levemente en el transporte o sufrieron un leve maltrato, así como algunos que formen parte de líneas que ya no maneja la tienda".

Fue la primera mueblería del D.F en rematar sus existencias con tanto descuento. "Nunca antes se había visto tal oferta, sobre todo en artículos que no son saldos, muebles cuya reconocida calidad se ha venido manteniendo por más de 25 años", aseguró Reyes a este diario.
El también escritor y periodista concluyó que "ya es tiempo que alguien haga publicidad sincera [reconociendo que ciertos productos tienen defectos o que no se vendieron como esperaban]; esos seremos nosotros y estamos regalando miles de pesos en mercancías para mover grandes volúmenes a la mayor rapidez posible".
Lee también El café de la Roma donde se reunían escritores y pintores hace 100 años
Para el resto de los 60 y 70, la famosa mueblería de la colonia Roma dejó de promocionarse con tanto ahínco en nuestras páginas como solía hacerlo en décadas pasadas, dando espacio a colosos como Palacio de Hierro o Liverpool, que para entonces ya eran líderes en la ebanistería de lujo.

Fue en enero de 1981 cuando EL UNIVERSAL publicó el anuncio de traspaso del inmueble de Av. Álvaro Obregón 127, ideal para “bancos, financieras, restaurantes o negocio muy importante”, dada su ubicación y tamaño de mil 600 metros cuadrados. En cuanto al producto de la Fábrica de Muebles “Cuauhtémoc”, todo se fue a remate.
La mueblería capitalina cerró sus puertas poco antes de cumplir 50 años de historia. En su lugar se abrió la Galería Nonita, después la también exhibidora de arte Eternity Ice y terminó por convertirse en el actual Hospital Obregón, famoso por exhibir una escultura movible de “Cantinflas”.
Tras décadas de venta y prestigio, el lema de “su hogar es más hogar con Muebles Cuauhtémoc” desapareció de la mente capitalina, pero es probable que muchas casas familiares aún luzcan sus sillones o comedores, fabricados por la que alguna vez fue “la mejor mueblería del Distrito Federal”.

- Fuentes:
- Hemeroteca EL UNIVERSAL
Exclusivas
Experiencias El Universal¿Por qué dejamos de escuchar? Hábitos que pueden dañar tu audición sin que lo notes
Experiencias El Universal“Off The Record” tercera edición: desayuna junto a Carlos Loret de Mola
Experiencias El Universal4 destinos de ecoturismo en Veracruz para conectar con la naturaleza
Experiencias El Universal






