La tragedia de Ciudad Juárez debe llevarnos a la acción inmediata. Debemos cambiar lo que sabemos que está mal. Empecemos llamando a las cosas por su nombre.

Un documento de Sin Fronteras de hace tiempo analiza los eufemismos legales que se utilizan en la Ley General de Migración para darle la vuelta a la Constitución. Esta es clarísima: nadie puede ser molestado en su “persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad” y sólo tienen facultades de detención las fiscalías y los policías. Entonces, ¿en qué se fundamentan las detenciones que llevan a cabo los agentes de Migración? Lo que hace la ley es cambiar las palabras: no les llama “detenciones”, sino “alojamiento” y bajo este marco legal actúan los agentes, quienes no son policías ni están bajo el mando de las fiscalías. Además, no se nos olvide, la Guardia Nacional también detiene migrantes masivamente.

Más aún, la misma Constitución prohíbe castigar las faltas administrativas por medio de detenciones y privación de la libertad, pero la Ley de Migración de 2011 “continúa permitiendo la detención de migrantes si se les encuentra en el país sin los documentos apropiados”. Lo hacen, de nuevo, modificando las palabras: a la pérdida de la libertad le llaman “restricción al libre tránsito” y los centros de detención —verdaderas cárceles— son llamados “estaciones migratorias”. Como dice el reporte de Sin Fronteras: “Esta elección de palabras le permite al INM continuar con la práctica de detener y deportar migrantes aun cuando la Ley de Migración convirtió a la migración irregular en una falta administrativa”, la cual, en teoría, no ameritaría detención.

En resumen, la regulación migratoria es orwelliana: los términos legales significan lo que le conviene al poder.

Todas estas facultades inconstitucionales en manos de agentes de Migración y de militares llevan a tragedias como las que vimos la semana pasada. Porque no es cierto que su mandato sea el de garantizar el libre tránsito de los migrantes por el país, ni de garantizar sus demás derechos fundamentales, no, con los eufemismos normativos se les ordena detener a diestra y siniestra a los extranjeros que pasen por nuestro territorio. El simple hecho de que a los migrantes se les detenga de esta manera y se vulneren sus derechos de forma tan burda parte de una concepción del migrante como delincuente, alguien cuya forma de vida ha sido criminalizada de antemano.

Las imágenes de Ciudad Juárez nos muestran un escenario en donde los guardias no ven a los detenidos como ciudadanos de otro país en busca de un futuro mejor, sino como criminales cuya pena debe ser la muerte. Sumen a esta visión la presión política ejercida por EU —y aceptada por México— para que se detenga al mayor número de migrantes posibles y aparece el infierno que vimos la semana pasada.

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