La injerencia de la inteligencia artificial en procesos electorales ya es una realidad y puede afectar seriamente a los regímenes democráticos.

Imagina que es de madrugada y recibes una llamada de la Presidenta de la República pidiendo que no ejerzas tu derecho al voto porque el país ha sido invadido y tu vida podría estar en riesgo. Buscas verificar la información y en redes sociales encuentras imágenes de explosiones provocadas por drones de origen desconocido.

Esto, que parece absurdo, sucedió en otras partes del mundo durante el súper ciclo electoral del 2024. Las falsificaciones de imágenes y video, la clonación de voces o la sexualización de candidatas a algún cargo de elección popular, se repitió en al menos 82 ocasiones en 38 países del mundo.

Durante un año, un equipo de investigadores registró y analizó la injerencia de la inteligencia artificial (IA) en procesos electorales y alertó sobre su impacto en la integridad electoral y la vulneración de derechos.

El caso más llamativo fue la del rumano Călin Georgescu. Este candidato ultranacionalista pasó de ser un auténtico desconocido con apenas 5% de la intención de voto, a ser el candidato más votado. Poco antes de la segunda vuelta en la que se jugaría el acceso al poder, el servicio de inteligencia rumano desclasificó informes en los que demostró que a lo largo de una campaña centrada en la desinformación divulgada por redes sociales (“Operación Tik Tok”) miles de cuentas automatizadas amplificaron exponencialmente el perfil de Georgescu ayudado por influencers financiados de forma ilegal desde el extranjero. En una decisión histórica, el Tribunal Constitucional de Rumania decidió anular la elección y la Oficina Electoral Central vetó su candidatura pausando —por ahora— su efímera carrera. Además, hace apenas unos días, el político que confesó ser admirador de Putin, fue acusado de fraude organizado y estafa millonaria.

Es un hecho que los contenidos generados por IA, las actividades coordinadas en línea y los sistemas algorítmicos son utilizados en distintos continentes por parte de regímenes políticos diversos. De acuerdo con el Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial, investigaciones experimentales han demostrado que la IA conversacional puede alterar las actitudes de los votantes a partir de modelos de persuasión. Según estos registros, tras una estrategia de distorsión y persuasión con IA, la intención de voto puede cambiar hasta en 25 puntos porcentuales.

Este fenómeno se vuelve más preocupante a la luz del más reciente Informe de IDEA Internacional sobre el Estado Global de la Democracia 2026. A nivel global, la libertad de expresión es el pilar democrático con el retroceso más amplio, y ya afecta al 24% de los países evaluados. En América Latina prevalecen además condiciones alarmantes para el periodismo y el acceso a la información en donde las persecuciones selectivas, las amenazas, el acoso y el asesinato inundan las redacciones y el quehacer de los profesionales de la información.

El próximo lunes 28 de septiembre se conmemora el Día Internacional del Derecho a Saber. En esta edición, a la que se dan cita activistas de todo el mundo, se discutirá el papel del acceso a la información frente a la IA y la desinformación. Urge una agenda para que la democracia no quede a merced del monopolio del hardware y el chip. En ese terreno solo mandan unos cuantos.

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