La noticia corrió por toda la República: una niña de once años estaba embarazada como producto de una violación. ¡Once años! El padrastro, que con todo el cinismo del mundo se atrevió a dar entrevistas televisivas intentando buscar a culpables diferentes a él, no se salió con la suya. El ADN del feto confirmó su paternidad y ahora enfrenta a la justicia en Matamoros. Tenía antecedentes de haber estado en prisión por hechos análogos en Florida. Durante años abusó de la niña sin consecuencia alguna, pero el embarazo lo delató y ahora la niña está, con todas las cicatrices internas y externas en el intento de rehacer su vida. Una vida que vale, una vida que importa. Una vida que puede recomenzar.

La niña de Matamoros corrió con diferente suerte a la de Paulina hace 26 años en la también ciudad fronteriza de Mexicali. En aquel tiempo, a pesar de que el Código Penal de Baja California permitía el aborto en casos de violación, se impusieron creencias religiosas. A pesar de que el Ministerio Público ya había autorizado el procedimiento, la iglesia e incluso médicos usaron presión psicológica para frenar el procedimiento y el embarazo continuó en contra de la voluntad de Paulina y de su madre. El caso llegó a instancias internacionales y autoridades nacionales avanzaron en normatividad idónea para dar garantías de que el caso no volviera a repetirse.

Paulina se volvió un referente y cinco años después, durante el gobierno de Vicente Fox, se emitió la NOM 046 para regular la atención médica de la violencia familiar y sexual. Dos gobiernos estatales intentaron invalidarla a través de controversias constitucionales que no prosperaron. En 2010 la SCJN determinó la validez de la NOM en toda la República. En 2016. se actualizó para eliminar el requisito de presentar una denuncia penal previa para acceder al aborto por violación. Fue por eso que, en el caso de la niña de Matamoros, un Hospital del IMSS realizó el procedimiento siguiendo puntualmente la NOM 046.

Paulina, sin saberlo, ayudó a la niña de Matamoros. 26 años después, en todo México ninguna agrupación religiosa ni menos los encargados de prestar servicios de salud pueden ir en contra de un derecho y obligar a una niña a continuar un embarazo poniendo en riesgo su vida e imponiendo una maternidad no deseada. No es un logro menor.

La propia NOM 046 prevé el tratamiento psicológico que deberá dársele a la niña durante largo tiempo. Será personal capacitado del DIF quien haga la valoración del caso concreto para sacarla del ambiente poco propicio para su pleno desarrollo.

Hoy, la niña de Matamoros está recibiendo atención por parte de un Estado que debe reforzar las políticas de prevención de la violencia contra niñas y adolescentes. ¡Las niñas no se tocan! es una consigna que escuchamos anualmente en el contexto del 8 de marzo, pero que no ha alcanzado una traducción a política pública amplia y sostenida.

Hay otros casos que, al no tener el foco mediático que tuvo éste, no terminan con el ejercicio de un derecho y la búsqueda de reconstrucción del futuro de una niña. Una vida no puede quedar terminada cuando sólo ha alcanzado su primera década. Una década marcada por el abuso y el descuido.

La niña de Matamoros tiene derecho a ser cuidada, a retomar la escuela, al esparcimiento, a caminar por un sendero de una vida libre de violencia que hasta hoy no ha conocido y que, por supuesto, merece conocer.

Catedrática de la UNAM @leticia_bonifaz