Mientras uno se entera de los estertores del rock internacional por la prensa escrita y algunas repetidoras redes, en cuanto a la venta millonaria de los derechos de las canciones de algunos superestrellas del rock como Dylan, Springsteen y Neil Young, aquí, en México, otros se preguntan: ¿cuánto valen las canciones de Caifanes, El Tri, Café Tacvba, o los remedos de rock de Moderatto y Maná? Muy poco.

Podrá sonar descortés, pero así es. ¿Quién querrá comprar los derechos de las discografías de nuestros sacrificados rockeros nacionales, a no ser para perpetuar un negocio mal pagado?

Por otro lado, la muerte reciente de algunas voces imperiosas del rock internacional ya han puesto en la mesa de negociaciones, las discografías completas de, por ejemplo, Meat Loaf, y otros, mientras aquí las disqueras siguen en el home office por culpa del manejo de la pandemia del Covid-19 y sus variantes. Además, ¿Qué atractivo pueden tener las obras completas de Fobia o las de muchos rockeros nacionales, cuando no tienen potencial internacional?

A lo más que pueden aspirar nuestros naturales es, en el mejor de los casos, a compilaciones oficiales en físico, porque a estas alturas nadie quiere comprar humo. En ese sentido, han funcionado ciertas compilaciones de grandes éxitos de tiempos pasados de grupos que tuvieron exposición en la época de Premier Orfeón Dimsa, que muchos pueden ver ahora en YouTube, en medio de la pena ajena. Los 50 años del avandarazo, tan celebrado el año pasado, como inmediatamente olvidado, es otro ejemplo.

La veta de los boyantes e inmediatamente borrados hoyos funkis y los cafés cantantes, que podían haber quedado en algunos discos representativos con sus protagonistas del momento, nunca se concretaron. Vestigios y testimonios de aquellos rimbombantes momentos, se pueden leer en los rescates históricos y delirantes de los libros de Federico Arana, profusamente ilustrados a color.

También quedan por ahí algunos escritos temáticos del rock mexicano de José Agustín y las incursiones del tema en las crónicas de Carlos Monsiváis del Salón Chicago (Soltar Vapor), con Paco Gruexxo y la batalla campal de sillazos en el Estadio Azul, en el concierto de Los Byrds, Los Union Gap, y claro: Los Hermanos Castro, que pusieron un equipo de amplificación Lily-Ledy, que desató la barbarie, la trifulca y el caos en 1969.

Pero, discográficamente hablando de esos momentos, no hay nada ni en vinilos, ni CD y muy pocos y personales testimonios grabados en casete. Sin embargo, de álbumes y compilados que podrían ser antológicos de bandas de cierto revuelo, no hay nada, habiendo tanto. Lo curioso es que prácticamente se percibe que no hay mucho interés por los derechos del “ala más vendedora del rock mexicano”, porque se piensa erróneamente que ya rindió lo suficiente.

pepenavar60@gmail.com

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