Mucho se ha repetido que la pelota ha vuelto al único país en recibir tres , pero poco se habla de la conjunción de anfitriones. Los tres países. Los tres que hace más de 30 años, encabezados por México, inventaron lo que hoy conocemos como América del Norte. Los three amigos. Aquellos del win, win, win. Los mismos que hoy transitan hacia la joint review que podría darle vida a este nuevo libre comercio por 16 años más o hundirlo en un proceso de revisiones anuales los próximos 10. Los mismos que hoy parecieran no cooperar más allá de lo estrictamente necesario.

Lo que vimos hace un par de semanas está lejos de ser un evento realmente compartido. La lectura en materia de cooperación no es distinta. Un Mundial con tres inauguraciones y un hueco tremendo. En México, ni en el histórico Azteca, ni en el . Total ausencia. Algo que hubiera sido impensable en tiempos de De la Madrid, Díaz Ordaz o incluso el sexenio pasado. No conforme con que ningún jefe de Estado de los tres países asistiera a la primera inauguración, se hicieron tres. Una para cada anfitrión.

En el primero de los shows, tras la bienvenida de Lila Downs -mayormente en inglés- y el par de minutos de Maná, la cancha se compartió con artistas y ritmos extranjeros. Como si la cartelera nacional no fuera ya lo suficientemente buena per se. Como si México no tuviera para mostrar algo más que trajes típicos teñidos y, en la ciudad, un montón de cempasúchil fuera de temporada.

Por más globales que parecieran, ninguna de las tres inauguraciones logró dar un mensaje de verdadera cooperación. En México, lo más destacable es la unidad nacional que se ha sentido por 90 minutos cada semana. Algo que debemos reconocerle al Tri. Algo que los gobiernos de los últimos ocho años han fracasado en construir. Nada de visión compartida. Nada que hable de Canadá o Estados Unidos aquí, ni de allá.

El Mundial no es de aquí, pero tampoco de allá. Las ausencias, silencios y huecos muestran que lo que conocemos como América del Norte, con algo de justicia poética, pende de alfileres. Hay más compromiso que convicción. Lo que en sus inicios fue un proyecto de integración regional, hoy se ve reducido a evitar la desintegración del bloque. No más.

@JosePabloVinasM

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