El Batallón de San Patricio representa uno de los episodios más conmovedores y heroicos de la historia militar de México, simbolizando la fraternidad de causa frente a la injusta invasión extranjera durante la intervención estadounidense de 1846-1848.
La Batalla de Churubusco (20 de agosto de 1847) hace 179 años.
Integrado principalmente por inmigrantes irlandeses católicos liderados por el capitán John O'Riley, el Batallón de San Patricio tomó la determinación moral de desertar del ejército invasor de Estados Unidos para sumarse a la defensa de México porque la causa de agresión a México era injusta.
El convento de Santa María de Churubusco fue testigo mudo de un acto agresivo de crueldad supina, junto a las fuerzas mexicanas comandadas por los generales Pedro María Anaya y Manuel Rincón, los San Patricios formaron la vanguardia artillera.
Con una bandera de seda verde que lucía a San Patricio y el arpa gaélica, defendieron la posición con fiereza implacable. Resistieron tres asaltos continuos y obligaron a las columnas estadounidenses a replegarse en repetidas ocasiones, sabiendo que para ellos la captura significaba una condena a muerte por traición.
Cuando la pólvora y el parque finalmente se agotaron, los defensores recurrieron a la lucha cuerpo a cuerpo hasta que el convento fue tomado. Al entrar las tropas vencedoras, el general estadounidense David Twiggs exigió la entrega inmediata del armamento y las reservas de parque. Con absoluta entereza y altivez, el general Pedro María Anaya pronunció la célebre frase:
"Si hubiera parque, no estaría usted aquí."
Tras la batalla, alrededor de 85 soldados del batallón fueron capturados y sometidos a juicios sumarios en San Ángel y Mixcoac:
Ejecuciones en masa: 50 soldados fueron sentenciados a la horca, ejecutados en varias tandas entre San Ángel y Mixcoac.
El suplicio en Mixcoac (13 de septiembre de 1847): El coronel estadounidense William Harney ordenó que 30 prisioneros permanecieran en el cadalso con la soga al cuello durante horas, esperando que la bandera estadounidense ondeara en el Castillo de Chapultepec.
Castigo a O'Riley: El capitán John O'Riley no fue ahorcado por haber desertado antes de la declaración formal de guerra; en su lugar, fue azotado con cincuenta latigazos y marcado al rojo vivo en la mejilla con la letra "D" de desertor.
Epílogo heroico
El sacrificio de los soldados de San Patricio trascendió la derrota militar. Su memoria quedó grabada en la identidad nacional como mártires que eligieron la justicia por encima de las órdenes imperiales. Hoy en día, una placa conmemorativa en la Plaza San Jacinto (San Ángel) y en el Museo Nacional de las Intervenciones en Churubusco perpetúa sus nombres, inscritos con letras de honor por haber entregado su vida en defensa de la soberanía mexicana.
No podemos olvidar y menos soslayar las acusaciones populares del aquel entonces, señalando al general Antonio López de Santa Anna como responsable de una traición que dejo indefensa a las tropas al mando del Gral. Anaya, fueron muy notorias las fallas logísticas de los abastecimientos de municiones al enviar estas de calibre equivocado, lo cual facilitó el asalto de las tropas americanas, los cartuchos que envió Santa Anna eran deliberadamente equivocados. Santa Anna contaba con miles de tropas de reserva muy cercanas a Churubusco (Portales y Candelaria) pero prefirió ordenar la retirada hacia la Ciudad de México en lugar de auxiliar a los defensores del convento.
El acto anterior seguiría a la derrota de la batalla de Padierna horas antes, Santa Anna tampoco auxilió al Gral, Valencia.
La historiografía moderna sospecha de la conducta traicionera del Gral. Santa Anna recogiendo sospechas de haber pactado secretamente con el enemigo, el ejército gringo, la mayoría de los historiadores atribuye el desastre y caída de México ante el baluarte que fue el Castillo de Chapultepec donde un grupo de jóvenes casi niños defendieron con honor a México, prefiriendo morir antes de ver pisoteada su bandera por las botas sedientas de sangre del invasor.
Estremece la conducta de estos jóvenes cadetes del Heroico Colegio Militar, dejaron un ejemplo imborrable lleno de heroísmo para las generaciones futuras. Sacrificaron todo, la vida misma, ante conductas irresponsables y traicioneras. El Castillo de Chapultepec fue el último reducto.
Honor y gloria a los jóvenes cadete de mi Heroico plantel: El Colegio Militar ejemplo de responsabilidad y esplendor ante los peligros de invasiones a nuestra patria querida.
Director General del CEESTEM
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