En México, y a casi tres años del comienzo de la crisis sanitaria por COVID-19, los servicios de salud se han repensado y transformado en la forma de operación en atención y protocolos utilizados en los hospitales para sus áreas de consulta general, urgencias y cuidados intensivos.
A nivel mundial, los sistemas de salud también se están reiniciando, por el confinamiento y adaptabilidad que la población tuvo que enfrentar durante la pandemia sin dejar de lado que las profesiones de la salud para el siglo XXI, también evolucionaron.
Si bien es cierto que la COVID-19 afectó en diferentes formas la salud de las personas, también se demostró la existencia de polimorfismos genéticos que modificaron la susceptibilidad a la infección viral y a sus síntomas. Derivado de lo anterior, el estudio del genoma humano o epigenética es un campo que ha ido evolucionando por varios años, y actualmente el uso de estas herramientas es una realidad para determinar las acciones que impidan se desarrolle una enfermedad e incluso, ya se pueden dar pasos decisivos para ofrecer a los pacientes una mayor esperanza de mejor calidad.
En días pasados, y dentro del Foro Internacional de Liderazgo en Salud (FILS) se planteó la necesidad de que pensar en salubridad no solo es cosa de médicos, enfermeras y personal de la salud. También se abordaron temas como longevidad, enfermedades no transmisibles y multimorbilidad, genética y medio ambiente, y la prevención de enfermedades en la primera infancia, desde la perspectiva de que el ecosistema de salud comprende también a los profesionales que están empujando cambios importantes para lograr que prolonguemos la vida de la población, que es el fin último de la práctica médica.
Actualmente, las enfermedades no transmisibles, como los padecimientos metabólicos, ocupan el primer lugar en defunciones entre la población mexicana. Aunado a que México tiene y tendrá una población cada vez más longeva, tendencia que sabemos se está acelerando y si bien nos tomará más años que a los países desarrollados (como Francia) para llegar a una curva grande en población mayor (se habla de 30 años), debemos tomar acciones desde hoy para garantizar los mejores servicios y atención médica a esta población que hoy es joven.
La clave sin duda es la prevención, por lo que hoy más que nunca tenemos la gran tarea de emprender los primeros pasos para estar preparados y afrontar los retos del futuro. En México hay 12 millones de personas mayores de 60 años y se estima que por cada 8 mil de este grupo de la población existe un geriatra, cuando la recomendación internacional es que sea uno por cada cinco mil adultos mayores. A mayor población adulta, más necesidades específicas para cuidar a este sector.
Ojalá que la presente reflexión sirva para hacer un llamado a los distintos sectores dentro de la comunidad médica para encontrar las políticas públicas y los mecanismos de acción más eficaces que permitan prolongar la vida, además de entender mejor y enfrentar las enfermedades no transmisibles.
Todos tenemos algo que hacer, pero confiamos en que la unión entre colegas, academia, sociedad civil, autoridades e iniciativa privada podemos salir adelante para obtener mejores resultados. En TecSalud y en el Tecnológico de Monterrey estamos preparando líderes para los retos que habrá de enfrentar nuestra sociedad. Esta apuesta está presente en el gremio de profesionales de la salud, pues son ellos los que cuidan y protegen la salud de la población, que es lo más importante para nosotros como médicos.
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