Después de 12 años de andar como gitano, el Atlante volvió por fin a donde siempre debió estar: La Ciudad de México. Los Potros de Hierro son de nuevo equipo de Primera División y este viernes reciben al América en el Estadio Azteca, el inmueble que comparten ahora con las Águilas y el campeón Cruz Azul. Para una afición que llevaba más de una década esperando este momento, la escena tiene algo de justicia histórica. El problema es que la historia, en el futbol, no gana partidos.

Porque volver a casa no es lo mismo que volver a ganar, y ahí está la primera advertencia: El Atlante debutó en el Apertura 2026 con una derrota (2-1) contra el Necaxa. Nada dramático para un equipo recién ascendido, cierto, pero sí un recordatorio de que el regreso simbólico no viene acompañado, todavía, de un proyecto deportivo que respalde la ilusión.

Y aquí conviene ser honestos con la afición azulgrana: Un club no se gana el corazón de una ciudad sólo por el nombre en el escudo o por el estadio en el que juega. Se lo gana triunfando. El Atlante lo sabe mejor que nadie, porque fue justamente eso lo que construyó a una de las aficiones más fieles del país, incluso durante los años de sequía. Pero esa fidelidad de antaño no es un cheque en blanco eterno.

Para empezar, se necesita inversión. Y en ese terreno, el mercado de fichajes del Atlante deja más dudas que certezas. El nombre que más ruido ha generado es David Ospina, el arquero colombiano, referente de su selección con trayectoria en Europa. Pero tiene 37 años y llega, por su propia confesión, al final de su carrera, buscando un cierre tranquilo, antes que un proyecto a largo plazo.

Fuera de Ospina, el mercado azulgrana no ha traído refuerzos de peso similar. Ni un centrocampista de trayectoria consolidada, ni un delantero de garantías, ni una defensa reforzada con nombres que obliguen a la Liga MX a tomar en serio al recién ascendido.

La pregunta de fondo, entonces, es si el Atlante entiende la diferencia entre repoblar un estadio por curiosidad y llenarlo por convicción. Lo primero ya lo tiene garantizado: El regreso a la Ciudad de México y el duelo de este viernes contra el América van a mover gente sólo por el morbo del reencuentro. Lo segundo —construir una base de aficionados que vuelva semana tras semana— no se logra con un símbolo, ni con un fichaje de despedida. Se logra con resultados, una plantilla competitiva y una directiva dispuesta a invertir de verdad.

El Atlante ya ganó la batalla más difícil, que era regresar. Ahora, empieza la que de verdad define a un club: Convencer a una ciudad entera de que vale la pena quererlo otra vez. Y esa, a diferencia del papeleo ante la Federación, no se resuelve con un comunicado de prensa, ni con la firma de un arquero de 37 años. Se resuelve ganando partidos, lo que —hasta el momento— el Atlante no tiene con qué garantizar.

@Gusocalderon

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios