Ser caddie es un trabajo difícil porque casi nunca existe la certeza. En el golf profesional, podemos recibir promesas de continuidad, pero la realidad es que el golfista tiene la libertad de cambiar. No siempre hay un contrato que nos garantice estabilidad.

La vida del caddie transcurre lejos de casa. Aeropuertos, carreteras, hoteles, departamentos rentados y maletas que casi nunca se deshacen por completo.

La temporada nos obliga a enlazar ciudades, países y husos horarios. Una profesión que no cambiaría por nada.

Desde fuera puede parecer que decidimos golpes y cambiamos el rumbo de un torneo. La realidad es distinta. El jugador representa prácticamente todo.

Todo el mérito de una victoria le pertenece. Nuestro trabajo como caddies consiste en aportar una pequeña parte –un granito– que puede marcar diferencia en momentos específicos: ofrecemos tranquilidad, ayudamos a liberar la mente y le damos al golfista la confianza necesaria para ejecutar el golpe que ya decidió.

Por eso, creo, los mejores caddies son los que menos hablan. Esperamos la pregunta adecuada, respondemos con claridad y aparecemos cuando el jugador requiere apoyo. Nuestra mayor virtud consiste en transmitir calma en medio de la presión.

Construimos la relación con los golfistas durante incontables horas de convivencia en el campo. Debemos entender la manera en la que imagina cada tiro. Podemos recomendar un draw con fierro 8 hacia el green, mientras el jugador ya visualiza un fierro 7 recto que la frene el viento y termine detrás de la bandera.

Solo existe una situación en la que debemos intervenir con firmeza: cuando detectamos que el jugador está por cometer un error importante; para ello, necesitamos argumentos sólidos para convencerle de cambiar de opinión.

Hay momentos en los que funcionamos como pareja, entrenador, psicólogo, compañero de viaje o confidente. La comunicación resulta indispensable porque la presión del campo provoca reacciones que fuera de la competencia serían difíciles de explicar. Por eso también es importante no tomarnos nada personal.

Después de recorrer los principales circuitos del mundo, puedo compartirles que vivo un sueño. Le he cargado la bolsa a Abraham Ancer, Gaby López, Stephan Jaeger, Danielle Kang, Camilo Villegas, Miles Russell, Roberto Díaz, Azahara Muñoz y Mike Weir (campeón del Masters). Cada uno de ellos me ha aportado algo para seguir aprendiendo y mejorando..

Juan Pablo SolisCaddie profesional@jpsolisr

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