Vacunas y soft power en la relación México-Estados Unidos

Fausto Carbajal

Corre la II Guerra Mundial en el Pacífico. Estados Unidos se prepara para llevar a cabo el llamado bombardeo estratégico sobre Japón, su principal rival en la región. Henry S. Stimson, en ese entonces secretario de Guerra, implora al presidente Truman no bombardear Kyoto, preliminarmente uno de los principales objetivos militares. Stimson, quien tenía una particular admiración por la cultura japonesa, sabía que la ciudad de Kyoto –donde había pasado su luna de miel– era un auténtico centro de cultura y tradición. Eventualmente, Kyoto no tuvo el mismo destino que Hiroshima y Nagasaki.

Quizás este pasaje refleja en su dimensión más trágica y extrema la importancia del soft power en las relaciones internacionales: la capacidad de moldear las preferencias de las personas de otro país a través de la cultura, el arte o los valores, puede ser la diferencia para que una ciudad sea bombardeada o no. En un contexto más pacífico como el actual, pero no con menos tensiones geopolíticas y riesgos sanitarios, la cooperación internacional también resulta una fuente inmejorable de poder suave; es decir, de admiración, agradecimiento y empatía, de quien lo recibe, y de genuina responsabilidad global, prestigio, liderazgo y, ciertamente, influencia política de quien lo proyecta. En tiempos de pandemia, la vacunas contra covid19 cumplen evidentemente con este rol.

En días recientes, el gobierno mexicano anunció un acuerdo con la administración Biden para que EU envíe a México en calidad de préstamo 2.7 millones de dosis de la vacuna AstraZeneca. Un mismo evento ha generado diversas interpretaciones en varios puntos del espectro político. No es para menos, la relación bilateral México-EU es y seguirá siendo fundamental para nuestro país, así como para la proyección de la región de Norteamérica en su conjunto. Algunas lecturas han sugerido una “operación rescate” del presidente Biden a la administración AMLO, particularmente en su plan de vacunación. Otras interpretaciones consideran que este acuerdo de cooperación fue parte de una negociación más amplia en la que estuvieron presentes temas migratorios, de seguridad e, incluso, de la industria eléctrica.

Al respecto, en ocasiones tendemos a aislar la relación bilateral México-EU del contexto geopolítico global, dejando de lado la forma en que nuestro aliado y socio se desenvuelve en la arena internacional, caracterizada por su creciente multipolaridad. Por ello, habría que añadir que la colaboración en vacunas entre EU y México se inscribe en un juego geopolítico mayor, a la luz de la llamada “diplomacia de vacunas” que sus principales rivales han implementado en diversas regiones del mundo, incluido el Hemisferio Occidental.

En particular, China y Rusia han hecho de la responsabilidad global una virtud con innegables ramificaciones político-diplomáticas; ahí donde las vacunas chinas o rusa vayan, también lo hará una mayor influencia estratégica. Apenas ayer se difundió que México recibió un lote adicional de 1 millón de dosis de la vacuna Sinovac, como resultado de la profundización en la cooperación bilateral México-China durante la pandemia. Por otra parte, en algunos reportajes o crónicas en medios nacionales se lee a adultos mayores decir: “Putin sí nos cumplió”.

Independientemente de que un think-tank como el COMEXI pueda hacer un estudio de opinión que vaya más allá de lo testimonial y anecdótico, cualquier desplazamiento en la preferencia de la sociedad mexicana inevitablemente tendrá implicaciones en la política exterior de México. Ante un escenario de este tipo, sería difícil que el gobierno de México no se muestre más empático con las causas rusas o chinas en el Consejo de Seguridad, el Consejo Económico y Social, el Consejo de Derechos Humanos u otro foro multilateral del que México forma parte actualmente.

De modo que resulta razonable que Norteamérica sea uno de los primeros en recibir vacunas por parte de EU –en tanto su primer cinturón de seguridad hemisférica. No obstante, es probable que este compromiso se replique lo mismo en el resto del Hemisferio Occidental, que en Asia o Medio Oriente. Ya se ha mencionado en medios estadounidenses, por ejemplo, que EU activaría su sistema de alianzas en Asia-Pacífico, particularmente con India, Australia y Japón, a fin de revertir la efectividad de la diplomacia china en esa región.

Para concluir, el préstamo de vacunas de EU a México hay que insertarlo en el tablero geopolítico global. No obstante, esto sienta un precedente importante para consolidar la relación bilateral con base en cercanía, diálogo y cooperación regional para el desarrollo. En última instancia, también es esa una función del poder suave: unir a las naciones.

 

Consultor.
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