Cada 18 de julio, en honor al legado de Nelson Mandela, se conmemora el Día del Personal Penitenciario, que reconoce a quienes hacen posible la seguridad, la legalidad y la reinserción social desde el interior de las prisiones. Las Reglas Nelson Mandela los reconocen como un pilar de la administración de justicia y establecen que los Estados deben garantizar su profesionalización, capacitación y condiciones laborales dignas.
Históricamente, el debate sobre las cárceles se concentra en las personas privadas de la libertad. Poco se habla de quienes sostienen diariamente estas instituciones. Custodios, personal de seguridad, psicólogos, trabajadores sociales, médicos, enfermeras, criminólogos, abogados, pedagogos y personal administrativo conforman equipos interdisciplinarios que trabajan día y noche en uno de los entornos más complejos del Estado. Su labor va mucho más allá de la vigilancia: previenen y contienen hechos de violencia, atienden emergencias, garantizan derechos, mantienen la gobernabilidad de los centros y acompañan los procesos de reinserción social. La dimensión del desafío es enorme. De acuerdo con el INEGI, México cuenta con 313 centros penitenciarios y especializados que albergan a más de 245 mil personas privadas de la libertad, una cifra que supera la capacidad instalada y hace que el reto de administrar estos centros sea cada vez mayor. A ello se suma el crecimiento de la población en prisión preventiva, impulsado por la ampliación del catálogo de delitos que la contemplan, lo que incrementa el número de detenidos sin sentencia y añade una mayor complejidad a la operación de los centros penitenciarios. Tan solo en 2025 ingresaron 157 mil 457 personas, un incremento de 19.2% respecto al año anterior.
Custodios y personal técnico trabajan en un entorno marcado por el estrés permanente, el desgaste emocional, amenazas y toma de decisiones bajo presión, carencia de personal y falta de capacitación, infraestructura y equipamiento. A ello se suma lo que Azaola y Pérez Correa denominan un “insulto moral”: la falta de reconocimiento y dignificación de su labor. Fortalecer el sistema penitenciario pasa necesariamente por invertir en quienes lo hacen posible, cuidando su salud física y mental, profesionalizándolos y dotándolos de las herramientas necesarias para cumplir con su función.
Por ello, es destacable que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana conmemore el Día del Personal Penitenciario y reconozca el mérito de quienes dedican su vida a esta labor. La ceremonia, realizada el día de ayer, reunió a los titulares de los sistemas penitenciarios de todo el país y permitió poner en el centro una discusión que pocas veces recibe la atención que merece. Jacobo O. Rodríguez García, titular del Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Reinserción Social, sintetizó una idea que debería orientar la política penitenciaria nacional: “La reinserción social no es una simple aspiración; se trata de una política de seguridad ciudadana con visión de futuro”. La labor penitenciaria va más allá de custodiar personas: cada revisión realizada con profesionalismo, cada riesgo prevenido, cada oficio enseñado y cada vínculo familiar reconstruido contribuyen a evitar nuevas víctimas y a generar las condiciones para que quienes recuperen su libertad, regresen a la sociedad con herramientas para construir un proyecto de vida distinto.
Uno de los galardonados, Gustavo A. González Buendía, director del penal de Cancún, compartió conmigo un texto que le escribieron con motivo de esta distinción. Aunque dedicado a él, bien podría describir a varios penitenciaristas de carrera: mujeres y hombres formados “en el patio, no en el escritorio”; capaces de mantener la serenidad en las crisis, de recorrer distintos centros penitenciarios, en diferentes rincones del país, dejando huella y de comprender que el delito nunca cancela la dignidad humana. Quizá ese sea el mejor homenaje para quienes dedican su vida a esta profesión: reconocer que no solo custodian PPL; sostienen, todos los días y muchas veces desde el anonimato, una de las tareas más complejas y trascendentes para la seguridad y la construcción de paz en México.
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