Hoy compruebo, con un agridulce sabor, que la frase “estaba destinado” es más verdadera que nunca. Lo menciono porque fervientemente creo que conocer a Óscar Mario Beteta estaba predestinado en mi vida.

Con su llegada, mi mundo y el de mi familia cambiaron para siempre. Sin lugar a duda, él fue y siempre será el punto de inflexión de mi vida profesional y de mi llegada a los medios de comunicación.

Mi primer contacto con la muy querida familia Beteta fue a través de Marco, hermano menor de Óscar Mario. En mis años como empresario de las artes marciales tuve la fortuna de ser Sensei de Marco y de varios integrantes de su distinguida familia, incluida Ana Paula, esposa de uno de los críticos de restaurantes y gastronomía más reconocidos de México y Latinoamérica.

Después de varios meses de una relación muy estrecha con Marco y su familia, llegó el momento de conocer a Óscar Mario Beteta, a quien, incluso antes de conocer personalmente, ya admiraba por su estilo directo, frontal, crítico y agudo de comunicar, combinando magistralmente el mundo financiero con el de la política.

Mi relación de hermandad con OMB comenzó como una relación de Sensei y alumno. Recuerdo perfectamente que, entusiasmado por los entrenamientos particulares que yo le daba, inmediatamente me aclaró:

“Yo necesito acabar con el estrés que me está matando, así que nada de katas (formas). Lo que necesito es aprender a pegar y mejorar mi condición física”.

Los golpes nos unieron.

De aquella primera coyuntura deportiva, que duró años, nació una relación que ni el fallecimiento de Marito, como solía llamarlo, podrá borrar.

Porque, de un momento a otro, el Sensei pasó a convertirse en alumno de uno de los mejores comunicadores y periodistas radiales de los que México tenga memoria.

Un martes, o quizá un jueves, ya no lo recuerdo con certeza, a menos de una hora de haber abandonado las antiguas instalaciones de Radio Fórmula en Privada de Horacio #10, en Polanco, donde conducía su espacio radial “Cúpula Empresarial”, a la postre llamado “En los tiempos de la radio”, decidimos entrenar en El Sope, en el corazón del Bosque de Chapultepec.

Durante aquella caminata y amena charla con ese conversador nato, recibí mi primera invitación para participar en los medios de comunicación.

Y no fue cualquier invitación.

Era para colaborar nada más y nada menos que en uno de los programas de radio más importantes y escuchados de la República Mexicana.

“Máster”, como cariñosamente Mario me llamaba, me dijo algo que cambiaría mi vida para siempre:

“Sabes mucho de deporte, ejercicio y hablas muy bien. ¿Por qué no estructuras un segmento en mi programa de radio?”.

Acepté de inmediato, pero debo confesar que se me cayeron los pantalones.

La responsabilidad era enorme y los nervios de la primera vez, inevitables.

El segmento fue bendecido por Óscar Mario y estructurado por mi eterna Laurita, quien decidió llamarlo “Salud Física y Mental”.

Lo que comenzó con apenas 30 segundos al aire terminó convirtiéndose en un programa de radio y televisión, con la venia del enorme ejecutivo Don Gabriel Núñez y de Don Rogerio y Jaime Azcárraga, dueños de Grupo Fórmula. Ahí inicié mi andar en los medios.

Mario me abrió las puertas de los medios de comunicación, pero, mucho más importante que eso, le abrió su corazón a mi familia y a mí.

Culto, educado, impecable, derrochando clase y generosidad. Así recordaré por siempre a alguien a quien consideré mi maestro, mi mentor, mi amigo y, ciertamente, mi hermano: Óscar Mario Beteta.

Necesitaría miles de páginas y litros de tinta para intentar compartir las incontables anécdotas que guardo de esa entrañable amistad.

Mario me llevó de la mano del mundo de las artes marciales al mundo de la comunicación. Lo hizo con paciencia, afecto, respeto y camaradería.

Querido Marito, dondequiera que te encuentres, espero que estés feliz, degustando una de esas legendarias paletas de Jamaica que nunca podían faltar en tu casa.

O quizá comiéndote un elote en las calles de San Miguel de Allende, dejando salir a ese niño que siempre llevaste dentro y que, en ocasiones, quedaba bajo la sombra de la enorme estatura del profesional a prueba de todo.

Y seguramente, de fondo, estará sonando “L’Appuntamento”, de Ornella Vanoni, aquella canción con la que durante tantos años abriste tu programa y que, para quienes tuvimos el privilegio de acompañarte, inevitablemente siempre tendrá tu nombre.

Descansa en paz, querido Marito.

Querido Maestro.

Querido amigo.

Querido hermano.

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