¿Qué tuvo que suceder tras bambalinas para que Rocha Moya tomara la decisión de regresar a la gubernatura de Sinaloa? En torno a esa pregunta han surgido especulaciones. La oposición, como siempre, quiere que detrás de todo esté la figura de López Obrador. Según una versión que circuló, el expresidente habría dado su aval a Rocha Moya como "reprimenda" a la presidenta Sheinbaum —la misma lectura que hicieron de la carta del hijo del expresidente a Donald Trump. El argumento no solo carece de originalidad, virtud que la oposición lleva ocho años sin practicar, sino que es simplista: obedece más a la realidad que les gustaría que existiera que a la que efectivamente existe.

Detrás de las conjeturas de la oposición existe un anhelo de torcer la realidad a sus necesidades. De interpretar el mundo como si se moviera de acuerdo a sus intereses. ¿Por qué insiste tanto la oposición con la figura de López Obrador? Porque esa narrativa les es más cómoda. Primero porque si López Obrador está detrás de los dos hechos que desestabilizaron al gobierno de Claudia Sheinbaum, eso significa que hay una ruptura interna, y que, o la Presidenta rompe definitivamente con López Obrador, o, —mejor aún para ellos— esa fisura significa la posibilidad de un quiebre en Morena que les permita volver a ser competitivos electoralmente.

Lo cierto es que esta lectura no tiene pruebas ni muchas justificaciones reales. Es probable que Rocha Moya y su círculo cercano hayan hecho un cálculo político; que su posición era muy endeble y que podían negociar mejor y más desde la gubernatura. El cálculo le salió mal. Hasta ese momento a la Presidenta le había costado mucho trabajo el manejo de la crisis internacional en torno a Rocha Moya. Lo había apoyado públicamente y al hacerlo se había desgastado políticamente. Entendía que no podía ceder a Estados Unidos pero tampoco ignorarlos y su apuesta estratégica se había quedado a mitad de camino, generando molestias internas en el país y poco alivio en Estados Unidos. La decisión de Rocha Moya de volver a la gubernatura fue lo mejor que le pudo haber pasado.

En unas cuantas horas, todo el oficialismo se había volcado a apoyar a la Presidenta. La Secretaría de Gobernación había, por fin, ejercido su rol de construcción política interna y todo Morena parecía estar detrás de la Presidenta. Tan solo unas horas antes del incidente, todo parecía listo para una ardua pelea interna en el morenismo por las candidaturas del próximo año, Rocha Moya los unió y su absurda maniobra fortaleció a la Presidenta. Sheinbaum ganó el apoyo interno, mostró el alcance de su poder al obligar a Rocha Moya a retractar su decisión, y mostró quién controla el poder hoy en México y las consecuencias para quienes la desafían. La Presidenta ganó y Rocha Moya lo perdió todo.

Este desenlace no estaba garantizado. Si Rocha Moya hubiera podido sostener su posición unos días más, hubiera debilitado gravemente a la Presidenta y sentado un antecedente terrible de cara a las elecciones intermedias. No lo logró y entonces sí, incluso las conjeturas de la oposición se caen a pedazos. Supongamos que el deseo intrínseco de la oposición fuera cierto y fuera AMLO el que estuviera detrás de esto (lo cual parece bastante improbable), entonces este episodio dejaría clarísimo que hoy en día el poder está en Palacio Nacional. Parece increíble que la oposición siga creyendo que el país se gobierna desde Palenque; no solo es una visión machista y anacrónica sino claramente falsa. Desde que llegó a la presidencia Claudia Sheinbaum ha hecho a un lado a Adán Augusto, al fiscal Gertz Manero, sacó al hijo del expresidente de su posición en el partido y ahora a Rocha Moya, ¿necesitan más pruebas de quién gobierna? O más bien quieren creer una realidad alterna para no tener que entender el país que estamos viviendo y que claramente llevan muchos años sin entender.

Sin saberlo, Rocha Moya le dio un regalo invaluable a la Presidenta, hoy no queda duda que el poder lo sostiene ella. El problema para Sheinbaum es que parece ser que el poder no es suficiente. A su alrededor, Morena demuestra la descomposición de la clase política. Rocío Nahle, Marina del Pilar, los Monreal, Layda Sansores, Mara Lezama, Fernández Noroña, y muchos otros muestran lo peor de Morena y son un verdadero problema para la Presidenta. Lo sucedido con Rocha Moya debería funcionar como una advertencia para ellos y todos los que abusan del poder desde el partido en el gobierno. La Presidenta no la tiene fácil, porque sus supuestos aliados le complican el trabajo, pero de vez en cuando su torpeza es tan grande que acaban, sin quererlo, ayudándola.

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