Hay formas de admitir que una estrategia fracasó sin decirlo de manera explícita. La más contundente es mostrar resultados. Y eso es justamente lo que hoy ocurre en México con las cifras de homicidios dolosos, las cuales alcanzaron cifras récord en 2020 y 2021, durante el sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

Por razones políticas y por pertenecer al mismo movimiento (Morena), a la presidenta Claudia Sheinbaum le ha sido difícil reconocer los errores del gobierno de su antecesor, entre ellos la estrategia de “abrazos, no balazos” que prevaleció durante toda su administración. Sin embargo, hoy los datos oficiales hablan por sí mismos y establecen un contraste difícil de ignorar, evitando así la necesidad de una confrontación o un deslinde público por parte de la mandataria.

El martes se reportaron en nuestro país 21 asesinatos. 18 de las 32 entidades reportaron este delito en ceros. Se trata de la cifra más baja desde el primero de enero de 2019, cuando el Gabinete de Seguridad federal comenzó a publicar los homicidios dolosos diarios registrados el día inmediato anterior.

En lo que va de este sexenio, el promedio de personas asesinadas cada día es de 60. Se trata de 14 más que en el gobierno de Felipe Calderón; cinco menos que en el de Enrique Peña Nieto; y 31 menos que en el de López Obrador, cuyo sexenio concluyó con el mayor número absoluto de asesinatos de la historia reciente del país. Si la estrategia actual fuera exactamente la misma, difícilmente los resultados serían tan distintos.

La reducción de este delito es una noticia positiva, sí, pero de ninguna manera significa que la crisis de violencia haya terminado.

México sigue siendo escenario de masacres; como las registradas recientemente en Tabasco, Zacatecas y Guanajuato.

También se siguen hallando cuerpos embolsados; como en Veracruz, donde la gobernadora morenista, Rocío Nahle, trata de lavarse las manos afirmando que las víctimas halladas el lunes son “restos humanos de larga data”.

Los periodistas siguen siendo amenazados y asesinados; como en Coahuila, donde el 13 de julio, sujetos intentaron irrumpir en la casa del periodista independiente, Ángel Maldonado. Lo amenazaron con levantarlo, pero desde entonces ha sido ignorado por el Mecanismo para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. Hoy teme por su vida. Mientras, en Oaxaca, apenas ayer fue asesinado el periodista Alejandro Leyva. Tres disparos de arma de fuego silenciaron una voz que jamás podrá defenderse, ni defender a otros. Además mientras escribo este texto me entero del asesinato del alcalde de Temoac, Morelos; ingresaron al palacio municipal y le dispararon, hace unos meses ya habían atentado contra su vida, nadie lo protegió y el segundo atentado fue definitivo.

Reducir los homicidios es un avance que debe reconocerse, pero solo cuando ese indicador se traduzca en paz para la población podremos decir que el Estado está cumpliendo plenamente con su responsabilidad.

Bien por la Presidenta y su equipo de seguridad, cuyo trabajo y disciplina parecen dar frutos. Ojalá esa misma determinación se aplique también para combatir la corrupción, el desvío de recursos, el nepotismo, la infiltración del crimen organizado en la política, la crisis del sistema de salud y otros problemas heredados del desastroso sexenio anterior.

@azucenau

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