En un entorno donde la comunicación comercial evoluciona a la velocidad de las redes sociales, la propiedad intelectual se ha convertido en una herramienta clave para ordenar, proteger y dar certeza a la interacción entre marcas y consumidores. En el marco del Día Mundial de la Propiedad Intelectual, resulta pertinente reflexionar sobre los retos que plantea la digitalización de la publicidad y la forma en que hoy se construyen y difunden los mensajes.
Este escenario se intensifica de cara al Mundial de 2026. Las campañas publicitarias ya no se limitan a medios tradicionales: hoy se construyen en redes sociales, con influencers y contenidos diseñados para integrarse a tendencias virales.
Durante el torneo, gran parte de la conversación ocurrirá en plataformas digitales, donde cada publicación puede alcanzar a millones de personas en segundos.
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En este entorno, la colaboración con influencers introduce dinámicas distintas en las que la libertad creativa y la inmediatez de publicación amplifican el impacto de los mensajes, pero también los riesgos, lo que exige a las marcas adaptar sus esquemas de control.
Desde el punto de vista legal, encargar la creación o difusión de contenido a terceros obliga a reforzar controles y anticipar riesgos. Esto implica definir con claridad qué se puede comunicar, revisar y, en su caso, autorizar los contenidos antes de que se publiquen, y monitorear lo que se difunde para reaccionar oportunamente ante posibles faltas.
Durante el torneo, la atención del público estará en la cancha; la de autoridades, organizadores y patrocinadores, también en el entorno digital, donde la correcta aplicación de reglas será clave.
Socia y asociado de Von Wobeser y Sierra
Patricia Kaim Fonseca (linkedin.com/in/patricia-kaim-2b53594)
Adrián Martínez Gutiérrez (linkedin.com/in/adrián-martínez-43b2bb80)


