La fábrica Leogar aprovecha cualquier cristal transparente para crear una pieza nueva. Trabaja con materiales 100% reciclados que cobran nueva vida en dos hornos que alcanzan temperaturas de hasta mil 200 grados.

Gerardo, uno de los hermanos que dirige el lugar, dice que el oficio enfrenta un desafío generacional: “Los artesanos comienzan a hacerse grandes y hay muy pocos jóvenes que quieren aprender este oficio”.

Con ayuda de pinzas y otras herramientas, el creador limpia las superficies para evitar zonas rasposas o filosas. Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL
Con ayuda de pinzas y otras herramientas, el creador limpia las superficies para evitar zonas rasposas o filosas. Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL
El artesano sopla desde el tubo para hacer una burbuja que después coloca en un molde de acero para dar la forma a la pieza. Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL
El artesano sopla desde el tubo para hacer una burbuja que después coloca en un molde de acero para dar la forma a la pieza. Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL
Del horno de fundición se extrae la masa de vidrio incandescente que se adhiere a la punta de un tubo metálico. Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL
Del horno de fundición se extrae la masa de vidrio incandescente que se adhiere a la punta de un tubo metálico. Foto: Santiago Cadena/ EL UNIVERSAL

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