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Combate a crimen deprime a marinos

Superan casos registrados a los de la Sedena; se deben a largas jornadas de trabajo, tensión por los combates y el alejamiento de la familia: siquiatras
Ilustración: CRISMAR CORTÉS
08/07/2018
04:17
Andrés Estrada
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A los elementos de la Marina se les ve transitar con su uniforme por diversas zonas del país. En Tamaulipas, Veracruz, Estado de México y Sinaloa, entre otras entidades, incluida la Ciudad de México, realizan labores de seguridad contra los grupos delictivos. Sus rostros se muestran serios y en sus manos portan fusiles automáticos M16A2 o carabinas M4.

Las tareas que desempeñan van más allá. Lo mismo se les puede ver surcando el mar de Cortés, en el Alto Golfo de California para proteger a la vaquita marina (especie en extinción), que recorriendo las polvorosas calles del Golfo de Santa Clara, Sonora, realizando operativos contra el tráfico de totoaba. Al igual en altamar combaten a piratas, huachicoleros y narcotraficantes en sumergibles o rescatan a pescadores náufragos, siempre sobrios y concentrados.

Detrás de aquellos semblantes se esconden jornadas extenuantes, horarios interminables y cansancio de navegar por semanas sin pisar tierra. Pueden ocultar problemas emocionales, distanciamientos con la familia y amigos, divorcios y pérdida de compañeros durante las misiones.

Situaciones como esas en sus vidas ha afectado a por lo menos 2 mil 430 integrantes de la Secretaría de Marina-Armada de México (Semar), a los que les diagnosticaron depresión o ansiedad de enero de 2010 a diciembre de 2017, indican cifras obtenidas vía transparencia por EL UNIVERSAL.

Otros factores que los desencadenarían son los operativos contra el crimen organizado, la sobreexposición a situaciones de riesgo, emboscadas y fuego cruzado, lo mismo que la falta de descanso y presión por trabajar en una institución demandante.

En esas circunstancias los efectivos pueden presentar estrés postraumático, señala Francisco Shimasaki, médico siquiatra adscrito al Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez, de la Ciudad de México.

“Otra situación es que están en alta mar en un barco. El tiempo mínimo es de 15 días a un mes y eso les va traer consecuencias afectivas”, destaca. En casos particulares, atendiendo a elementos de la institución, comenta, existe la disolución de la familia, divorcios y separaciones. Sobre las cifras de estos trastornos mentales, resalta que puede haber una cifra negra mayor.

Martín Gabriel Barrón Cruz, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe) y experto en temas de seguridad, comenta que las operaciones implican un estrés constante, puesto que la sobreexposición a hechos violentos y horarios extenuantes les han afectado.

Evaluaciones preventivas

En los últimos cinco años, la Semar comenzó a realizar evaluaciones de manera preventiva para monitorear estas circunstancias, informa la capitán Liliana Téllez Cárdenas, subdirectora de Medicina Ocupacional de la dependencia.

“Lo que hemos encontrado más es, efectivamente, ansiedad y depresión. Los factores son múltiples, desde el área del punto de vista ocupacional, son sicosociales. Esos factores tienen que ver con el medio ambiente en el que se están desenvolviendo, que la mayor parte de nuestro tiempo es nuestra vida laboral, institucional y otra parte es la familiar”, explica la oficial.

En lo que respecta a los elementos con depresión, se registraron 925 entre 2010 y 2017. Las cifras se dispararon al pasar de 71 casos, en 2015, a 69, en 2016, y 251, en 2017. Es decir, se triplicaron en un año. Del total, 538 son hombres, 385 son mujeres y en dos no se especificó su sexo.

En cuanto a este incremento, Barrón Cruz destaca que se tendría que conocer el periodo que los marinos realizaron tareas de seguridad. Puede ser que estos últimos llevarán más tiempo o estuvieran más contenidos, pero por algún hecho es cuando brota el problema. “Lo que hay que encontrar es qué detona ese cambio. Se debe hacer un estudio del quehacer profesional de estas personas, para encontrar en qué momento hay un cambio de comportamiento.

“Cuando se inició todo este asunto donde la Semar participa en acciones que anteriormente no realizaba, el personal, digamos, estaba en un estado de salud diferente. Como médico del trabajo te lo puedo decir, que a mayor exposición, más daño a la salud; sin embargo, la ventaja de todo esto es que se está monitoreando, se está previendo”, expone Téllez Cárdenas.

Otro dato relevante es que los casos de depresión en la Semar superan en poco más de cuatro veces a los 214 militares de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) que fueron diagnosticados con el padecimiento de diciembre de 2006 a agosto de 2016, según la respuesta a otra solicitud de información.

Los síntomas de la depresión que pueden presentar son variados. Primero es tristeza, llanto, apatía y falta de placer. También irritabilidad, intolerancia, insomnio, ansiedad y cambios en los hábitos de alimentación, explica Shimasaki. Al mismo tiempo, se altera el patrón del sueño. Aquellos con pareja tendrán una disminución del deseo sexual. En el caso de los que se expusieron a situaciones de riesgo y enfrentamientos, tendrán pesadillas recurrentes.

Quienes la padecen son más propensos a consumir sustancias tóxicas. “Es un medio de cultivo, una persona afectada emocionalmente buscará la manera de aliviarlo. En este sentido, entran las sustancias: marihuana, cocaína y alcohol tienden a aliviar momentáneamente los síntomas; no obstante, después la persona se dará cuenta que tiene un problema más. Aparte de depresión y ansiedad, tiene adicción”, destaca.

Efectos

La detonación de un arma de fuego se escuchó en las instalaciones del Octavo Batallón de Infantería de la Semar, en Guaymas, Sonora. En el suelo y con la cabeza sangrando, hallaron a Ubaldo Roberto, de 33 años, sin signos vitales, según reportaron medios locales. Esa mañana de julio de 2016, el elemento de la Marina se quitó la vida.

Las etapas de la depresión van de leve y moderada a muy grave. Se debe atender al inicio, puesto que irá avanzando y podría terminar en el suicidio. La Semar registró cuatro casos en los que había antecedentes de este trastorno, afirma en su respuesta vía transparencia.

En 2016 hubo tres: uno en Guaymas, Sonora, por asfixia, uno en Tampico, Tamaulipas, por disparo de arma de fuego, y otro por la misma causa, en Chetumal, Quintana Roo. En 2017 hubo otro en Champotón, Campeche, por asfixia. Todos eran del sexo masculino y tenían 46, 23, 36 y 35 años, respectivamente.

Aunque no están relacionados con este padecimiento, otros tres elementos de las Fuerzas Armadas se suicidaron, todos por asfixia, en 2017. Uno en Ensenada, Baja California; uno en Tuxpan, Veracruz, y otro más en Tampico.

En otra solicitud de información se encontró que nueve elementos más perdieron la vida en fechas distintas, por asfixia, ahorcamiento y por estrangulamiento a lazo. En 2010, dos en Quintana Roo; en 2011, uno en Sinaloa; en 2012 uno en Veracruz y otro en el Estado de México; en 2013 uno en Sonora y en 2014 uno en Jalisco, uno en Baja California y del otro se desconoce el lugar. En mayo de 2017, EL UNIVERSAL reportó el suicidio de 110 elementos de la Sedena dentro y fuera de servicio, del 1 de diciembre de 2006 al mismo mes de 2016.

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