Ricardo Rocha: es AMLO el presidente que ha sido más tolerado

Por ignorancia, cerebros de López Obrador confunden crítica y ataque; el Presidente está en contra de la inteligencia, venga de donde venga

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Ricardo Rocha, periodista. Foto: GERMÁN ESPINOSA. EL UNIVERSAL

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha sido el más tolerado por los medios de comunicación de todos los tiempos, en cambio él ha dedicado siete de cada 10 de sus conferencias matutinas a denostar empresas informativas y periodistas.

Así lo afirmó en entrevista con EL UNIVERSAL el periodista Ricardo Rocha quien advirtió que esto demuestra que la libertad de expresión en México permanece bajo constante amenaza.

Puntualizó que los medios de comunicación y periodistas no son agencias de relaciones públicas ni incondicionales del gobierno, pero tampoco son sus enemigos y en todo caso a los únicos que se deben son a las audiencias a las que informan.

Antes de que Andrés Manuel López Obrador resultara electo para ocupar la Presidencia de la República, en julio de 2018, el periodista se asume como simpatizante de sus metas a favor del país, pero no necesariamente de sus métodos.

Reprochó las listas de comunicadores que supuestamente recibían dinero por parte de los gobiernos anteriores generadas por el actual titular del Ejecutivo federal pues asegura que don ellas se les ha colocado como una especie de traidores al gobierno y hasta del país, lo que constituye una amenaza directa.

Sin embargo, comentó que esto pone en riesgo también la postura, imagen y dignidad que el presidente debe preservar para sí y en beneficio de la nación.

Reconoció que los dichos del presidente, de los que incluso él ha sido objeto, no le intimidan, sino que le hacen sentir amenazado, aunque anunció que cuando concluya el sexenio y López Obrador se retire a su rancho en Chiapas, acudirá a su encuentro para ver si lo recibe y sostener una plática como las que solían tener antes de su llegada al Poder.

¿Actualmente está garantizada la libertad de expresión?

No. Porque nadie puede garantizarla, ni los medios ni el gobierno, que sería riesgosísimo. Quienes sí te la avalan y te la dan y te la quitan cada día son nuestras audiencias: lectores, radioescuchas y televidentes. Nada más a ellos nos debemos. A nadie más.

¿Qué amenazas tiene la libertad de expresión en México actualmente?

Vivimos bajo una amenaza constante las 24 horas. Si calculamos la estadística, en siete de cada diez mañaneras el presidente López Obrador se lanza contra los medios en general o contra periodistas en particular: nos ha llamado de todo, corruptos, conservadores, chayoteros, neoliberales y hasta perros que muerden la mano. ¿En qué país del mundo se ha visto eso del que se supone debe actuar como hombre de Estado?

¿Cómo es la relación de los medios con el poder? ¿Cómo era antes? ¿Cómo debe ser?

Antes había de todo: medios arrodillados, medios adoctrinados, medios corruptos y medios valientes y progresistas como Excélsior y Proceso de Scherer; y por supuesto EL UNIVERSAL de Ealy Ortiz, donde por poner un solo ejemplo: su plana editorial era tan diversa que incluyó en sus páginas al hombre de izquierda más químicamente puro que ha habido en este país, el Ingeniero Heberto Castillo, que escribía desde prisión injusta en Lecumberri, por su participación crucial en el histórico 68.

El problema de ahora es que los “cerebros” de López Obrador en la materia, traen por ignorancia una confusión de palabras y conceptos. No saben diferenciar entre información y opinión. Igual se confunden entre crítica y ataque. Así que cualquier señalamiento lo denuncian como una agresión al presidente, al que no se le debe tocar ni con el pétalo de un cuestionamiento porque sienten que estamos apedreando al Moisés de la Tablas de la Ley de Dios, es decir, La Cuarta Transformación. Si hubiera un cabal entendimiento de lo que realmente es la democracia, cada quien debiera entender y asumir su papel: el gobierno ejerciendo el poder en beneficio de todos sus gobernados; los medios, atentos a que se cumpla ese postulado y vigilantes de las desviaciones o abusos de ese poder cuasi omnímodo; para eso estamos, para indagar, señalar y denunciar los excesos del poder; los medios no somos agencias de relaciones públicas ni incondicionales del gobierno, pero tampoco somos sus enemigos, ni siquiera sus adversarios, eso ya corresponde a la arena de los partidos.

¿El presidente tiene la piel sensible o realmente es el más atacado?

Por supuesto que no es el más atacado. Todo lo contrario, y si se puede por favor póngalo con mayúsculas: EL PRESIDENTE LÓPEZ OBRADOR ES EL MÁS TOLERADO DE TODOS LOS TIEMPOS. Ya son dos años en que los mexicanos en general y los medios en particular le hemos tolerado los actos y decisiones más sospechosos e irracionales de que se tenga memoria y cuyos porqués siguen sin respuesta: porqué tiró a la basura el aeropuerto de Texcoco que ahorita ya debiera estar funcionando; porqué si hubo corrupción no hay nadie denunciado; porqué desechar al Arq. Foster y darle al Teniente González un Santa Lucía sin pies ni cabeza al triple de costo; porqué construir la refinería de Dos Bocas en un terreno pantanoso en su natal Tabasco, cuando el proyecto fue rechazado por los expertos internacionales; porqué implementar un Tren Maya, que nadie pidió, sin siquiera un estudio serio de impacto ambiental; porqué rompió con todas las organizaciones de la sociedad civil; porqué su menosprecio a las marchas y manifestaciones feministas; porqué suspendió el apoyo a los refugios para mujeres víctimas de violencia; porqué cerró nueve mil estancias infantiles cuando la ASF observó irregularidades en solo el 3 por ciento; porqué una oficina de béisbol en Palacio; por qué no ha podido o no ha querido revolver el desabasto de medicinas para niños con cáncer a pesar de que cada cuatro horas muere uno más; porqué desapareció el Seguro Popular y nombró a su guía de Palenque como director del Instituto de Salud para el Bienestar, el Insabi; porqué designó a un criador de puercos al frente de la Cofepris; porqué prohibió las pruebas de Covid; porqué minimizó irresponsablemente la pandemia; por qué no usa cubrebocas; porqué insiste en que vamos bien, cuando ni siquiera hemos tocado fondo; porqué quiere desaparecer al INE; porqué extinguió los fideicomisos; porqué prometió que regresaría a los soldados a sus cuarteles; porqué, en cambio, ha militarizado el país entregando prácticamente todo al Ejército y la Marina; porqué puso a las órdenes de la familia Guzmán Loera cinco Secretarías de Estado; porqué liberó a Ovidio Guzmán; porqué fue a visitar y saludar a la mamá del Chapo; porqué se disculpó públicamente con el narcotraficante y asesino al llamarlo Chapo y no Señor Guzmán Loera; por qué no ha ordenado una investigación sobre las bolsas de dinero que recibió su hermano Pío “para el 18”; porqué su gobierno no ha mostrado ni una sola vez a Emilio Lozoya; porqué se han disparado como nunca la criminalidad y la violencia; porqué la Guardia Nacional está dedicada a perseguir migrantes y taponar las fronteras según instrucciones de Donald Trump; porqué, según los expertos, su gobierno es el más entreguista de las décadas recientes; porqué nos ha enfrentado a los mexicanos.

Y así, podría seguir un largo etcétera de eventos que, si bien se han consignado, también se han tolerado aun cuando merecían una mayor atención de los medios. Y algo muy importante: la tolerancia ha sido cuasi total en lo que hace a actos de su familia, mismos que han sido motivo de atención y hasta escándalo y burla en las redes sociales.

La crítica al gobierno actual ¿está justificada o es un capricho de la prensa?

Por supuesto que se justifica, sobre todo en función de la irracionalidad de algunos de sus actos de gobierno. Creo que nuestras propias audiencias nos demandan información para comprender la realidad. Pero el propio López Obrador no ha explicado nunca cuál es su proyecto de nación ni hacia dónde va eso que él llama la Cuarta Transformación. En qué consiste. Porque ahí están las estadísticas: la mayor parte del tiempo el habla del siglo XIX, de las luchas entre liberales y conservadores; se le ha olvidado el siglo XXI como si prefiriera seguir mirando por el retrovisor. Así que no, francamente no creo que lo critiquemos por capricho.

Qué opina del análisis que presentó el presidente sobre los medios de comunicación

Análisis si lo hubiera hecho alguna institución de prestigio académico en estudios de medios o sociológicos. Lo que yo vi es un catálogo de los mismos juicios estomacales y sumarísimos que el presidente ha venido expresando en ese patíbulo que son las mañaneras.

Qué efecto tiene la existencia de este tipo de “listas negras de periodistas” en el ejercicio de la libertad de expresión 
En primer lugar, es de muy mal gusto. En segundo, es una especie de señalamientos de traidores al gobierno y hasta al país. Y por supuesto que es una suerte de amenaza al estilo de “ya sé quién eres, te he estado observando”. Casualidad o causalidad, ahorita varios de los que figuran ahí ya están siendo volteados al revés por el SAT. Y desde luego que es intimidante para el periodista, su familia, su entorno.

Alguna vez se ha sentido intimidado o amenazado por los dichos del presidente López Obrador

Intimidado no, amenazado sí. Da la impresión de que sus dichos son solo la parte visible de su animadversión. Que lo que puede venir desde cualquier vía de un gobierno tan poderoso, todavía permanece entre las sombras.

Cuando el presidente se refiere a los medios como pasquines, neoliberales, conservadores ¿pone en riesgo a los periodistas? 
Primero se pone en riesgo a sí mismo. A la apostura, imagen y dignidad que debe preservar para sí, y en beneficio de la nación. ¿Alguien puede imaginar a una Merckel, un Trudeau, un Macrón haciendo lo que hace nuestro presidente todos los días? Y sí, yo sé que ya hay manifestaciones ofensivas de amlovers en las calles contra periodistas “visibles”.

Las reacciones de los simpatizantes del presidente contra los medios de comunicación y sus periodistas pueden subir de tono hasta llegar a verdaderas agresiones. ¿Qué deben hacer los medios antes este escenario?

Me temo que pronto tendremos agresiones abiertas y cada vez más violentas; los mensajes en las redes son crecientemente rabiosos y anticipatorios. Lo que tendríamos que hacer los medios es manifestarnos con la ley en la mano, pero con toda la energía que amerite el caso; si agreden a uno nos agreden a todos; si matan a uno nos matan a todos.

¿Qué opina de los influencers que van a las mañaneras como Lord Molécula y Oro Sólido, entre otros?

Es el gran “invento” de los asesores del presidente: el Circo Patético de las Criaturas Repulsivas.

Las quejas del presidente contra medios, periodistas y académicos ¿ponen en riesgo la libertad de expresión en el país? 

Duele decirlo, pero el presidente está en contra de la inteligencia venga de donde venga; de científicos, investigadores, analistas, expertos, periodistas. Él mismo lo ha dicho con todas sus letras: prefiere 80 por ciento de lealtad y 20 por ciento de eficacia; obediencia ciega y no obediencia a medias. Aterra percibirlo, pero se va pareciendo cada vez más al Big Brother de Orwell, al tirano de V de Venganza o al gobierno absolutista y bradburyano de Farenheit 451.

Las críticas del presidente a los medios ¿son ejercicio de libertad de expresión o verdaderos ataques de Estado?

A ver: el presidente está en todo su derecho de expresar lo que piensa o de precisar, aclarar e incluso desmentir alguna información de los medios. No necesita apelar a la libertad de expresión. Lo que ya no es ético y rompe toda regla de convivencia democrática es que sistemáticamente, cotidianamente se la pase denostando a los medios sin otros argumentos que la descalificación y el insulto. Esta actitud denota además la creciente irritación del presidente por el fracaso estrepitoso de sus propios medios de comunicación –sobre todo radio y televisión- que no han podido obtener ni siquiera un mínimo de audiencias por sus contenidos previsibles, propagandísticos y hasta panfletarios. Ello a pesar de presupuestos ilimitados y pagos cuantiosos e injustificados a sus conductores y colaboradores. El chayote institucionalizado.

¿Alguna vez en su carrera se ha sentido intimidado para publicar alguna información? ¿Cuál fue el caso?

Cuando presenté el video de Aguas Blancas en febrero de 1996, el impacto me sacudió a mí también. Sí, fue intimidante el rendir declaraciones ante tres ministros de la Corte por casi cuatro horas. Y que luego aquello derivara en la renuncia del gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa, quien además era el “Chompiras” del entonces presidente Zedillo. Pero, cuando después, el 7 de diciembre de 1997 presenté las condiciones inhumanas de sobrevivencia de los perseguidos de Acteal, que serían masacrados 15 días después, el gobierno me acusó de –una vez más- querer desestabilizarlo. Así que en mi empresa me pidieron salir del país. Fueron días de zozobra y pesadilla. Hasta que el 22 de diciembre se produjo la matanza de 45 hombres, mujeres y niños. Ese día, desde fuera, presenté mi renuncia.

¿Cómo se sintió antes de acudir a la mañanera en mayo de 2019 a encarar al presidente por la lista de periodistas supuestamente pagados por la administración anterior? ¿Qué sintió después?

Es curioso, lo pensé poco antes y lo pensé mucho después.

Me decidí a ir porque me sentí muy herido, muy ofendido e injustamente tratado. No salía de mi estupefacción porque supuse que el presidente me conocía. Me parecía absurdo e irracional que me colocara encabezando una lista así. Por tanto, reuní mis pruebas y sin decirle nada absolutamente a nadie me presenté a la mañanera y pedí la palabra. Nunca me he creído un iniciado en esto del periodismo, pero me sentí también un poco representante de mis colegas. Si en mi había trato injusto, muy probablemente también en los demás. Pero, más allá del presidente, fue una confrontación con Andrés Manuel, el hombre, el ser humano. Así que le dije lo que me salió de la cabeza, pero también de las entrañas. La reacción en las redes fue viral y hasta virulenta: como siempre, mensajes furibundos a favor o en contra de uno u otro. Leí unos cuantos y no contesté ninguno. Nunca fue mi intención confrontarlo, sino apoyarlo. Por eso al final lo invité a un café en mi casa con algunos de los más notables analistas del país; como le dije, siempre he creído que le harían mejor algunas críticas inteligentes y de buena fe, que los halagos sistemáticos de sus lacayos que, al viejo estilo priísta, cuando él pregunte la hora, le respondan a coro: “la que usted quiera señor presidente”.

En cualquier caso, supe que mi presencia en esa mañanera podía significar un antes y un después en una relación fraterna de casi tres décadas. Así que los recuerdos se acumularon en mi memoria: la primera de 42 entrevistas en la madrugada mosquitera de aquel pozo petrolero en su natal Tabasco; cuando lo llevé a conocer al Tigre Azcárraga Milmo y quedaron muy cuates; su llegada a la presidencia del PRD; el día que los encerré a él y a Porfirio en mi biblioteca para que arreglaran sus diferencias; las innumerables cenas en su casa o en mi casa con sabrosísimas diversidades de invitados; aquella conversación interminable en la funeraria donde despedimos a Rocío, a quien aprecié tanto; cuando lo bloqueaban por lo de la residencia y me propuso ser yo el candidato al gobierno de la Ciudad;  la crisis de Bejarano; la amenaza de Fox de meterme a la cárcel por oponerme al desafuero; los días de campaña en el 2006 con Nico desatado al volante; nuestro entrañable estudio de Insurgentes; más y más entrevistas hasta la de faltando diez días para la elección en carretera entre Tlaxcala y Veracruz; y finalmente plantarme en la mañera para decirle que la verdadera amistad es para toda la vida y que siempre estaré de acuerdo con sus metas, aunque no necesariamente con sus métodos. Y la convicción de que cuando termine su presidencia conocerá realmente quiénes son sus verdaderos amigos. Yo, por lo pronto, me iré derechito a su rancho. A verlo. A platicar de lo que se nos ocurra. Falta que quiera recibirme.
 

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