Pescadoras: en las redes de la desigualdad

De las mujeres que trabajan en el sector pesquero, 70% carecen de ingresos fijos; su aportación no está valorada, indican empresarias, expertas y permisionarias
Una trabajadora toma muestras de agua para la supervisión de su calidad en una granja de ostras y otros productos acuícolas en Guerrero Negro, Baja California Sur. MARÍA ECLÉCTICA. EL UNIVERSAL
16/10/2018
04:25
Enrique Alvarado, Alejandro Melgoza y Andrés M. Estrada
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Cuando llega la temporada de la almeja catarina cada primavera en la Bahía de Magdalena, Baja California Sur, el trajín de Marceni Mejía inicia desde las cuatro de la mañana, al preparar las embarcaciones y remolcarlas a la orilla.

Después alista el desayuno de sus dos hijos y los lleva a la escuela, pues quiere que sean profesionales y que no se dediquen a la pesca. Luego limpia la casa y al mediodía recoge las embarcaciones con el producto.

Mientras la permisionaria mide, pesa, enhiela y vende las almejas, sus trabajadores duermen unas tres horas. En ese lapso sale de nuevo por los niños y después regresa a la rutina. A las 7 de la noche, parece que sus párpados cargan plomo.

Marceni rema a diario a contracorriente como otras mujeres, ya que los pescadores les dicen que son de mala suerte en altamar; que no tienen fuerza, que su trabajo es en el hogar, que su salario es menor porque los hombres se desgastan más.

En los 17 estados costeros de México trabajan 14 mil 311 mujeres frente a 158 mil 227 hombres en el sector pesquero, de ellas, 70% no percibe un ingreso fijo de acuerdo con un análisis de dataMares y Comunidad y Biodiversidad (Cobi), basado en las cifras del último censo económico del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Esa cantidad se debe a que en México no hay esfuerzos para recolectar datos de los procesos previos y posteriores a la extracción (valor agregado) donde participa la mujer, según refieren pescadoras, empresarias, permisionarias y especialistas consultadas por EL UNIVERSAL para este reportaje en tres partes.

“El papel de la mujer en la pesca no está valorado social y económicamente”, dice Lorena Ortiz, asesora de la Confederación Mexicana de Cooperativas Pesqueras y Acuícolas (Conmecoop). “El obstáculo principal es la poca política pública”, señala la doctora Alejandra Perea, doctora en biología marina por la Universidad de Wellington en Nueva Zelanda. “Un profundo reto es tener un censo real de cuántas manos de mujeres participan”, comenta Laura Rodríguez, directora del Environmental Defense Fund (EDF) en México.

Para lograr una política pública integral se requieren más datos y contrapesos en la toma de decisiones, coinciden las expertas. Por ejemplo, en la historia de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) desde 2001 no ha habido una mujer al frente y en el gobierno entrante tampoco la habrá.

Geru Aparicio, maestra especializada en política pública de género en el Instituto Nacional de Ciencias Penales (Inacipe), explica que “no puedes lograr una igualdad con la misma estructura de subordinación. Mientras los hombres sigan dirigiendo las instituciones y el control de los recursos, no vamos a llegar a una condición de igualdad material o sustantiva”.

Conocen el oficio

Marceni se asume como ama de casa, pese a que conoce el oficio desde niña en su natal Reforma de Angostura, Sinaloa. Su primera jornada laboral inicia en el hogar y el cuidado de los hijos, pues los varones pescan por la madrugada o la noche.

La segunda es en procesadoras, limpieza del producto (descabezar o destripar), preparación de embarcaciones, reparación de redes y uniformes, así como distribución. Sigue la administrativa, en la contabilidad y los permisos.

Estas actividades no siempre se remuneran, según la doctora Mónica Rivera, de la Universidad Autónoma de Baja California Sur, quien añade que “antes de irse a trabajar deben dejar en la casa todo listo”. Lo anterior es un problema global, ya que millones de mujeres trabajan con o sin percepciones fijas en el sector, indica la Organización Mundial de la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Con México en el lugar 16 en producción pesquera, tampoco son alentadoras sus cifras. Conapesca establece que son 22 mil, mientras que el Inegi registra 14 mil 411 en el último censo de 2014. De ellas, 9 mil 907 (70% del total) no reciben un sueldo fijo y periódico, igual que 88 mil 233 hombres (59%).

Diva Gastélum, ex integrante de la Comisión de Género del Senado de la República, acusa que esa vulnerabilidad sólo las coloca arriba de la situación que enfrentan las indígenas. “Estamos en un déficit muy importante”.

Los porcentajes más preocupantes son los de Guerrero (90%), Nayarit (88%), Jalisco (87%), Oaxaca (86%) y Michoacán (83%); juntos representan a 6 mil 503 mujeres. En Guerrero, Oaxaca y Michoacán, el 50% de su población total es pobre, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Ortiz destaca que tienen los campos pesqueros más complejos, por la tecnología atrasada y la baja economía local.

En contraste, con sueldo fijo aparecen Sonora (81%), Baja California (79%), Quintana Roo (73%), Yucatán (58%) y Campeche (53%), que sin embargo sólo generan una tercera parte de los empleos, con 2 mil 259.

Empezar de cero

Desde que se divorció Marceni, fue como si comenzara de cero. Intentó subsistir de varias formas, pero la pesca siempre ha sido su fuente primaria. Con el tiempo se percató de que ganaba menos que los hombres. “Si trabajas en la planta procesadora son de mil a 2 mil pesos en la semana; un hombre se va a marea y viene ganando 2 mil o 2 mil y feria, y aunque no ganen en el transcurso pueden sacar mucho más. Un pescador gana más que una mujer en una oficina o vendiendo lo que sea”, cuenta la mujer de 36 años.

Si bien las ganancias cambian conforme las regiones y pesquerías, las entrevistadas afirman que los hombres ganan hasta el triple que ellas.

“A pie de playa le compran más caro el producto a un hombre”, recalca Marceni.

Minerva Pérez, propietaria de la firma Atenea en el Mar, en Ensenada, Baja California, recuerda que al comenzar encontró diferencias en los sueldos de mercado del sector “y me dijeron: ´ah porque son mujeres, los hombres trabajan más´”.

Para Alejandra Perea y Fatima Blásquez, autoras de Participación de las mujeres en la pesca: nuevos roles, ingresos económicos y doble jornada, los factores de desigualdad ocurren a nivel familiar, comunitario y gubernamental. “Falta mucho por recorrer en los procesos de interacción social que permitan relaciones más equitativas en la distribución de tareas”, exponen las doctoras en biología marina y psicología por las universidades de Wellington y Autónoma de Madrid, respectivamente, en su investigación realizada en San Felipe, Yucatán.

Actualmente no hay datos oficiales sobre la brecha salarial entre las pescadoras; sólo en el servicio público, donde la Conapesca registra a 65% de hombres, un 25% de mujeres y el resto vacantes, según su directorio.

De los 12 cargos en la Comisión sólo uno está equilibrado: dirección de área de segundo nivel, mientras en la del primero son 11 frente a cuatro. En subdirecciones, jefaturas de departamento, direcciones generales y adjuntas, la plantilla es en su mayoría masculina. Además, ningún cargo rebasa los 50 mil pesos netos de salario, en contraste con los hombres que perciben de 60 a 130 mil.

Apoyo en cuatro años

La Comisión, adscrita a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), indicó a este diario que el gobierno federal ha invertido 880 millones de pesos (mdp) en proyectos de apoyo que beneficiaron a más de 11 mil mujeres involucradas en la pesca y la acuacultura en los últimos cuatro años. Uno de los planes más importantes de respaldo en localidades de media, alta y muy alta marginación es el incentivo denominado Acuacultura Rural, mediante el cual se respaldó a mil 286 proyectos en 20 entidades, con una inversión de 174 mdp que beneficiaron a 2 mil 791 productores, de los cuales 744 son mujeres, resaltó.

En la Conapesca, afirmó, las mujeres ocupaban el 25% de la nómina y para fines de septiembre pasado, representan 31%, "ocupando en gran medida puestos de mandos medios y superiores".

En cuanto a las actividades económicas de México, la pesca y la acuacultura son las que tienen menor presencia femenina. Perea explica que “no está reconocido como una estadística la doble o triple jornada en la que ellas invierten mucho tiempo en las temporadas de pesca”. Jorge Torre, director de Comunidad y Biodiversidad A.C., enfatiza que a pesar de pertenecer a la cadena de valor agregado “básicamente no hay datos, y es algo que se está dando en todo el mundo”.

En Bahía Magdalena, Marceni no es la única que emprendió ese camino. “Aquí lo que yo hago muchas mujeres lo hacen, hay luchonas que bucean almeja catarina, que les gusta pescar, salir al mar. Son obreras la mayoría, y son parte de la productividad del mar”.

Ha transitado por la invisibilidad estadística, la brecha salarial y la discriminación, elementos que constituyen una barrera para crear una política pública de género en la pesca. Estas condiciones han “dado lugar a que las mujeres sean excluidas en gran medida de los procesos de toma de decisiones”, apunta la investigadora Sarah Harper en su trabajo Contributions by women to fisheries economies: insights from five maritime countries, publicado en 2015.

“Hay mucho que investigar y resolver y generar una política pública dirigida a pescadoras, que no les llegue triangulada, que no les llegue como carambola”, agrega Gastélum.

En 1997 Marceni llegó a San Carlos, donde aprendió a ser madre, esposa, pescadora y empresaria. Ahora tiene dos lanchas, pero la contribución que hace a la economía nacional permanece invisible en los registros oficiales.

*Iniciativa de Ciencia y Periodismo, dataMares http://datamares.org

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