Inunda al Senado la fiebre de la desconfianza por espionaje

Temperatura sube tras señalamientos entre bancadas

Inunda al Senado la fiebre de la desconfianza por espionaje
Ricardo Monreal llegó a las oficinas de la bancada del PAN y dijo que las acusaciones de espionaje eran un montaje. Foto: ESPECIAL
Nación 06/03/2020 02:24 Juan Arvizu Actualizada 02:48
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Súbito el orden se rompe, de manera estruendosa; se marchita el glamour de las senadoras y las ínfulas de senadores, y hasta sus “asesores” se extravían en el caos, como efectos colaterales de una denuncia de espionaje y de que no hay confianza, como decir que no hay virtud en un convento.

“¿Desde cuándo? ¿Espionaje a los grupos parlamentarios? ¿No se supone que deberíamos estar haciendo política con transparencia, apertura, sobre todo, con confianza?”, pregunta Clemente Castañeda, de Movimiento Ciudadano, desde la otra tribuna, donde hablan los legisladores a los periodistas.

La política, una vez más, abandona la diplomacia, de ademanes de gente de mundo, la grandilocuencia en el decir que están de acuerdo, y viene de regreso la edad del garrote, y se dan con todo, entre pares.

Pasión y estridencia; enojo y azoro; odio y encono recorren el salón de sesiones, las puertas abiertas hacia el Patio del Federalismo, hacia donde se vuelca la oposición, a la que se incluye el Verde, y en un tono de: “Yo acuso”, repudian una práctica de espionaje.

Marzo, como siempre, trae altas temperaturas, y el Senado sufre fiebre, tan es así, que Ricardo Monreal, que es todo un marqués parlamentario, olvida el abanico y se va a las oficinas del PAN con un puñado de su mayoría, entre ellas el grandote Alejandro Armenta, y la architemida Lucía Trasviña, sí, aquella dulce señora que en un debate ganó la fama eterna con una frase: “No les tengo miedo, cabrones”.

Fue Monreal a pedir al coordinador de Acción Nacional, Mauricio Kuri, ofendido porque halló evidencias de que espiaban a su grupo en su Cuarto de Guerra de grupo parlamentario, que le dejara ver dónde encontró el “cuerpo del pecado”: tres micrófonos y cables.

Falta poco para las 16:00 horas. Si fue explosivo el primer acto, en el Salón de Sesiones, con la denuncia del ultraje, y oír a un no visto como senador bravo, Miguel Ángel Osorio Chong, exigir la suspensión de la sesión; el segundo lance, ante los periodistas, donde Monreal dice de los contrarios que “no somos lo mismo”; que lanzan acusaciones “temerarias”. El tercer acto es de clímax.

Los senadores de Morena que irrumpen en las oficinas del PAN, a coro acusan: “¡Montaje! ¡Montaje!”, y las panistas Kenia López Rabadán y Martha Cecilia Márquez Alvarado defienden su cuartel a gritos de: “¡Fuera! ¡Largo de aquí!”.

Aparece un hombre de sangre fría en ese pozo de pasiones y de temperatura del infierno, por tanta gente aglomerada. Es el senador del Verde, Manuel Velasco. Mira el caos, da la media vuelta para irse. ¿Crisis política? Que no, dice, meros “fuegos de artificio”. El diablo sabe.

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