El fervor se hizo presente una vez más en el norte de la Ciudad de México, esta vez para que los feligreses agradecieran y pidieran a la Virgen de Guadalupe más trabajo, acceso a la salud y mejores condiciones de seguridad.

Desde el mediodía de ayer y hasta las 20:00 horas, más de 7.5 millones de guadalupanos, según el Gobierno capitalino, se dieron cita en la Basílica para hacer sus mandas y agradecer todo lo que la Reina de México les otorgó este año; lo hicieron en el 488 aniversario de la aparición de la Virgen a Juan Diego.

En las primeras horas llegaron en carro y transporte público quienes residen en la capital del país, y fue casi hasta el anochecer cuando arribaron las peregrinaciones más grandes, provenientes de entidades como Hidalgo, Morelos, Querétaro y Estado de México.

Una de las personas que llegó fue José Morales, originario de San Lucas, Puebla, quien dijo: “Venimos con fe, en mi caso a pagar mandas, porque la Virgen me ayudó a encontrar trabajo y porque hace dos años mi hijo se enfermó y gracias a ella está aquí con nosotros”.

Estuvo acompañado de su esposa, María, quien en agradecimiento cargó una cruz de 20 kilos.

“Hace tres años que venimos en familia, él de rodillas; nosotros, caminando. Nunca es con la intención de pedir algo, más bien para dar gracias, porque a pesar de todo aquí estamos, tenemos salud, un techo y qué comer”, dice ella.

A pesar de la alta afluencia que se presentó el día de ayer, autoridades capitalinas reportaron saldo blanco. Sólo se brindó atención a 3 mil dos personas en los módulos de emergencia por casos de cansancio y excoriaciones.

Adultos y jóvenes participaron en esta fiesta guadalupana que tomó ritmo alrededor de las siete de la noche, cuando incluso dentro de la Basílica los asistentes bailaban música que hacía referencia a la Reina de América.

De igual forma, jóvenes y adultos cantaron Las Mañanitas que se entonaron en honor de la Virgen a la medianoche, previo a la misa que ofició el rector de la Basílica, Salvador Martínez Ávila.

Entre los creyentes que asistieron a Las Mañanitas se encontraba Rodolfo Hernández Ayala. Él asistió por sexta vez consecutiva al recinto guadalupano para pedir que el próximo año sí consiga un empleo.

“La Virgen nos ha acompañado en momentos muy difíciles, simplemente en los desempleos o cuando nos enfermamos ella siempre está con nosotros”, relata Rodolfo.

A pesar de que el joven tiene una carrera técnica en Enfermería General, no ha podido conseguir trabajo en ningún hospital. “Lamentablemente no me dan trabajo porque se han tardado en entregarme mi cédula profesional, además de que por la situación del país se nos complica mucho”, reprocha el joven.

El llanto entre los feligreses tampoco se hizo esperar, sobre todo por parte de la gente que avanzó de rodillas hasta la casa de la Virgen por alguna promesa o por creer que de esa manera serían mejor escuchados.

Ese fue el caso de Alejandra González, quien no pudo contener el llanto cuando habló de la discapacidad que padece uno se sus nietos y el cáncer de estómago que le diagnosticaron en 2010.

“Vengo a pedir por mi nieto, le pido a la Virgen que me ayude a mí y mi familia. Me estoy atendiendo en el Seguro Popular, pero a veces me dan largas con los tratamientos”, dice la mujer.

Con la mirada clavada en el suelo, de rodillas y con un cuadro sobre su espalda, José Érik Hidalgo Morales llegó a la Basílica de Guadalupe. El cansancio y el dolor de su cuerpo no le impidieron cumplir la promesa que le hizo a la Reina de los mexicanos a principios de año, cuando un balazo casi le quita la vida.

Durante un mes este hombre originario de Tlalmanalco, Estado de México, estuvo internado en un hospital debatiéndose entre la vida y la muerte; sin embargo, él y sus familiares aseguran que una intervención divina lo dejó quedarse en este mundo.

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