Miami.— Antes de que existieran la República Mexicana o la frontera actual, las armas estadounidenses ya cruzaban el territorio hacia el sur. El 16 de septiembre de 1810 no existía la República Mexicana ni la frontera actual con Estados Unidos. Miguel Hidalgo y Costilla buscaba separar de España a la Nueva España, cuyo territorio incluía Texas, Nuevo México, Alta California y zonas que hoy pertenecen a otros siete estados de EU.

“Ahí comenzó el primer tráfico de armas desde EU al territorio que se convertiría 11 años después en México”, señala a EL UNIVERSAL la especialista en historia Lorena López.

Brian DeLay, historiador de la Universidad de California en Berkeley, señala que “con la posible excepción de Haití, México ha mantenido con las armas estadounidenses una relación más larga y desestabilizadora que cualquier otro país del mundo. Su frontera terrestre de 2 mil millas con el principal fabricante y exportador de armas del hemisferio incorporó la inestabilidad a la historia mexicana”.

José Bernardo Gutiérrez de Lara salió de Revilla, en el actual Tamaulipas, enviado por la insurgencia de Miguel Hidalgo para conseguir en EU reconocimiento político, dinero, fusiles, pólvora, plomo y combatientes.

En Sabinas Hidalgo, Nuevo León, las autoridades federales detuvieron en agosto a tres personas que
transportaban desde Texas, Estados Unidos, un arsenal de alto poder destinado a grupos criminales en México. Foto: Tomada de X
En Sabinas Hidalgo, Nuevo León, las autoridades federales detuvieron en agosto a tres personas que transportaban desde Texas, Estados Unidos, un arsenal de alto poder destinado a grupos criminales en México. Foto: Tomada de X

Llegó a Washington a finales de 1811, se reunió con el secretario de Estado James Monroe y recibió respuestas deliberadamente imprecisas. El gobierno del presidente estadounidense James Madison no reconoció la independencia mexicana ni prometió intervenir, aunque tampoco cerró su territorio a los conspiradores. El gobernador de Louisiana, William Charles Cole Claiborne, puso a Gutiérrez en contacto con William Shaler, comerciante y agente confidencial de Washington encargado de obtener información sobre el movimiento mexicano y abrir relaciones con sus dirigentes; Shaler terminó participando en la guerra de independencia mexicana.

De fusiles a cañones

Nueva Orleans extendió el abastecimiento por el golfo; Pedro Elías Bean obtuvo armas y municiones para las fuerzas de José María Morelos. José Manuel de Herrera, representante del Congreso insurgente, llegó en 1815 con 22 mil pesos plata para conseguir crédito, armamento y hombres. Recibió la goleta Petit-Milan con fusiles destinados a Guadalupe Victoria y adquirió pólvora, plomo y una imprenta. Luis de Aury estableció una base en Galveston; Herrera transportó hacia Veracruz cuatro cañones, 200 pares de pistolas, 60 mosquetes y varios quintales de pólvora. Francisco Xavier Mina compró artillería y municiones en Baltimore y desembarcó en Soto la Marina en 1817.

México consumó su independencia con una economía destruida y sin industria capaz de fabricar masivamente armas modernas. Los separatistas texanos consiguieron fusiles y crédito en Nueva Orleans; comerciantes estadounidenses abastecieron a comanches y apaches que atacaban poblaciones mexicanas. Después de la guerra de 1846-1848, EU arrebató a México más de la mitad de su territorio. “A partir de ahí fue más fácil introducir armamento clandestino desde EU a México”, comenta López.

Surtido a conveniencia

Los agentes de Benito Juárez negociaron armas con empresarios que esperaban concesiones; en 1876, financieros estadounidenses proporcionaron a Porfirio Díaz unos 320 mil dólares, fusiles y municiones para levantarse contra Sebastián Lerdo de Tejada. “Desde entonces, EU podía abastecer al gobierno reconocido, a sus enemigos, o a ambos; las causas políticas cambiaban, pero el negocio, las rutas y la dependencia mexicana del armamento extranjero continuaban”, subraya la especialista.

La Revolución elevó el mecanismo a otra escala; los ferrocarriles conectaban las fábricas estadounidenses con El Paso, Laredo, Brownsville, Douglas y Nogales. Maderistas, huertistas, villistas y constitucionalistas ocultaron rifles entre mercancías. Pancho Villa convirtió ganado, algodón y bienes confiscados en armamento. Washington utilizó permisos, embargos y decomisos para decidir quién podía abastecerse; armas compradas por agentes de Victoriano Huerta fueron detenidas, desviadas o entregadas a Venustiano Carranza. Al terminar la fase revolucionaria en 1921, permanecieron los vendedores, los intermediarios y las rutas.

Después, las armas clandestinas abastecieron a caciques, contrabandistas y productores de drogas. Durante los años 50, Washington financió capacitación, inteligencia y erradicación; la persecución concentró el negocio y obligó a proteger cultivos y cargamentos con armas del norte. El aumento del consumo estadounidense durante los 60 elevó las ganancias; el presidente de EU Richard Nixon respondió al narco mexicano, en 1969, con la Operación Intercepción y después con la Operación Cooperación. EU vigilaba la droga que avanzaba al norte sin controlar con igual fuerza las armas que viajaban al sur.

Proveedores de cárteles

En 1973, EU creó la Administración para el Control de Drogas (DEA) y amplió su presencia en México. Luis Echeverría aceptó aeronaves, equipo y capacitación; José López Portillo lanzó a finales de 1976 la Operación Cóndor en Sinaloa, Durango y Chihuahua. “Desde entonces miembros de las Fuerzas Armadas mexicanas ya enfrentaban al narcotráfico que se abastecía de armas clandestinas, pero no se hacía público”, subraya López. Más de 10 mil soldados destruyeron cultivos y desplazaron a productores; la ofensiva empujó a los traficantes hacia Guadalajara, Tijuana y Ciudad Juárez. En 1977, el Senado estadounidense celebró la audiencia Tráfico ilícito de armas y drogas a través de la frontera entre Estados Unidos y México; “los legisladores ya trataban ambos movimientos como partes de una misma estructura: drogas hacia el norte; armas, municiones y dinero hacia el sur”, dice la experta.

En los 80, la fragmentación del Cártel de Guadalajara y la división de rutas entre Tijuana, Juárez y Sinaloa aumentó la demanda de armas. Washington incorporó a la Oficina Federal de Investigación (FBI) a los casos de narcóticos y creó en 1983 el Sistema Nacional de Intercepción Fronteriza de Narcóticos para vigilar las drogas que entraban. Las armas seguían saliendo mediante intermediarios y cargamentos pequeños rumbo a México.

La Oficina de Rendición de Cuentas del gobierno de EU reportó en 2009 sobre más de 20 mil armas recuperadas en México y rastreadas entre 2004 y 2008: alrededor de 87% de las examinadas procedían de Estados Unidos. El destape de la Operación Rápido y Furioso desató un escándalo: agentes estadounidenses permitieron que sospechosos compraran más de 2 mil armas y decomisaron alrededor de 100.

Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, las guerras del Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación y organizaciones regionales de Sinaloa, Zacatecas, Michoacán, Guerrero y Chiapas fueron posibles gracias a armas Made in USA.

En 2021, el gobierno mexicano presentó una demanda contra armerías de Estados Unidos por su rol en la provisión de armas que terminan en manos criminales en México.

Aunque la Suprema Corte de EU dictaminó en junio de 2025 que los fabricantes y distribuidores de armas están protegidos por la Ley de Protección al Comercio Legal de Armas (PLCAA), el gobierno mexicano mantiene una estrategia legal, en busca de que se finque algún tipo de responsabilidad, al advertir que más de 70% de las armas de fuego incautadas en el país y utilizadas por el crimen organizado provienen de Estados Unidos.

En la actual administración de Claudia Sheinbaum, la fractura entre Los Chapitos y La Mayiza desató la violencia en Culiacán. Las armas siguen viniendo de EU.

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