Bruselas. Nicola Macbean no enfrenta a cualquier enemigo, sino a uno de la talla del Partido Comunista de China, una fuerza política que basa su supremacía en todos los peldaños de la sociedad en el control del sistema judicial.
“El compromiso sigue siendo firme a pesar de que hay un claro retroceso en el país”, dice a EL UNIVERSAL Macbean, quien durante décadas ha acompañado los esfuerzos de abogados chinos comprometidos con la defensa de aquellos cuyos derechos se ven aplastados por la maquinaria gubernamental.
El interés de la antropóloga social sobre China surgió mucho antes de que comenzara a abogar en foros internacionales por litigantes como Wang Quanzhang, condenado por subversión a cuatro años y medio de prisión por la corte de Tianjín. Antes de la sentencia emitida en enero pasado, Quanzhang pasó tres años incomunicado.

Recuerda que vino de la pasión por el idioma y la cultura, pero ante todo, de la esperanza de cambio luego de que el titán asiático despertara en la década de los 80 y comenzara a “abrirse” al mundo.
“Comencé esforzándome por tratar de introducir en China el estado de derecho impulsando programas de intercambio a nivel técnico”, comenta.
Los esfuerzos para transformar el sistema judicial chino fueron canalizados inicialmente en su calidad de directora del Centro China-Reino Unido.
“Pero la preocupación sobre la situación del sistema judicial fue aumentando hasta llegar a la conclusión de que si quería realmente lograr algo tenía que crear una organización dedicada a ofrecer apoyo práctico sobre el terreno”.
En 2002 fundó Rights Practice, una organización con sede en Londres, que opera con donaciones de instancias como el Ernest Ingham Charitable Trust y las Embajadas de Australia y Francia en Beijing, y cuya misión es apoyar a abogados que desafían al Estado en defensa de las garantías individuales.
“Al principio el trabajo consistió en ofrecer apoyo práctico, asistencia técnica y ayuda a los chinos involucrados en la reforma del sistema judicial, pero poco a poco los espacios se fueron cerrando debido a que el gobierno no veía con buenos ojos ésta cooperación”.
“Conforme fue aumentando la presión sobre los abogados involucrados en la defensa de derechos humanos, fue creciendo la necesidad de asumir un papel de defensa y denuncia. Así que me convertí en defensora por accidente, ese no era mi objetivo inicial en China”.
De acuerdo con el Consejo de la Abogacía Europea (CCBE por sus siglas en inglés), los abogados fichados como “incómodos” por el gobierno son víctimas de vigilancia, intimidación, amenazas, cargos fabricados y campañas que terminan por sofocar económicamente a sus familias.
Desde la denominada campaña de julio de 2015, conocida como la “represión de 709”, más de 3 mil abogados y defensores de derechos fundamentales han sido arrestados o sometidos a detenciones extrajudiciales en un intento por silenciarlos.
“Sabemos que nuestra contribución es limitada; el Partido [Comunista de China] es muy fuerte y no está interesado en abrirse en este rubro. Pero creo que de alguna manera estamos contribuyendo, porque muchos abogados chinos no están familiarizados con la jurisprudencia internacional”, sostiene la egresada de la Chinese University of Hong Kong,
“Esperamos que conforme los catedráticos y abogados hagan uso de las leyes internacionales, cambie gradualmente la situación en China”.
Si bien la situación se ha recrudecido en los últimos años y muchos de los esfuerzos terminan en enorme frustración, Macbean no abandonará su lucha.
“La inspiración para seguir trabajando la encuentro en la gente que en estos momentos se está esforzando por el cambio”.
“En China las personas están siendo obligadas a decir lo que el gobierno les indica; pero ésta gente no lo hace, se resiste, conserva su independencia sobre el pensamiento. Ese comportamiento es verdaderamente estimulante”, dice Macbean, convencida de que la política represiva del régimen chino es insostenible.