París.— Desde que asumió su segundo mandato, Donald Trump persiste en su intención de apropiarse, por “razones de seguridad nacional”, de Groenlandia, el extenso territorio autónomo danés. Y afirma que Estados Unidos intervendrá ahí, “les guste o no”. Las denuncias europeas se multiplican pero, ¿qué puede hacer Europa frente a las veleidades depredadoras de su principal socio en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)?
Desde su creación en 1949, el brazo armado de la alianza no ha tenido que gestionar el caso de un ataque de uno de sus miembros contra otro de sus miembros.
“La OTAN claramente no está hecha para que sus miembros se hagan la guerra entre sí. Es, desde siempre, una de sus fobias”, explica Stéphane Audrand, historiador y consultor en riesgos internacionales.
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La Alianza estaría aún más paralizada, ya que no se trata de cualquier miembro, sino de Estados Unidos, el mayor contribuyente y piedra angular del sistema. “Las decisiones se toman por consenso. Pero aquí, no habría ningún consenso”, continúa Audrand. Esto no impediría que los diferentes miembros, cada uno por su lado, emprendieran algo.
Pero, ¿quién se atrevería a aventurarse en el terreno militar contra EU? “Nadie está dispuesto a luchar” contra ellos, “menos aún por Groenlandia”, asegura el historiador, para quien “los europeos no están en capacidad de establecer una relación de fuerzas”. Para Audrand, los aliados europeos tienen todo interés de “tomar a Trump en serio, diciéndole: ‘Hemos entendido bien la vulnerabilidad de la isla, vamos a reforzar su defensa con la OTAN’”.
El martes, seis países europeos —Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y Gran Bretaña— recordaron en una declaración conjunta que “la seguridad en el Ártico” debe ser garantizada “colectivamente, en cooperación con los aliados de la OTAN, incluido Estados Unidos”.
Y esa opción, que aparece como la más probable, es compartida por el exgeneral de Estados Unidos Ben Hodges. “Hay que tomar a Donald Trump en serio: ¿dice que Groenlandia está amenazada por Rusia y China? Entonces los europeos deben enviar tropas, aviones y lo necesario para asegurar totalmente la isla y bloquear su argumento”.
Pero, ¿acaso el argumento de la seguridad esgrimido por Donald Trump no es sólo una excusa más? La presencia de barcos chinos y rusos en el Ártico data de hace décadas, y Estados Unidos ya dispone de acuerdos de defensa bilaterales con Dinamarca, que prevén, entre otras cosas, su presencia permanente en la isla a través de la base aérea de Pituffik.
El politólogo francés y expresidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo Jacques Attali afirma que “Trump no anexará Groenlandia para alcanzar objetivos económicos o militares, sino para colgarse la gloria de haber añadido a Estados Unidos un estado 51 [después de Alaska y Hawái, durante mucho tiempo territorios protegidos, que entraron en la Unión en 1959 bajo el presidente Dwight Eisenhower]”.
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“Además, el clan Trump abandonará a toda Europa si la ve como un obstáculo para sus negocios con dictadores, mientras desprecia a los europeos que se someten a sus insultos”, advierte. A su juicio, “los europeos deben abrir los ojos. La OTAN ha muerto. Estados Unidos ya no tiene ningún interés en proteger nuestro continente y nuestras democracias. Es hora de rearmar a nuestros soldados y nuestras empresas para equilibrar la balanza de poder”.
En las actuales condiciones, además del despliegue de tropas en el marco de la OTAN, los europeos contemplan otras opciones.
La disuasión política: la estrategia más simple sería retirar toda legitimidad local a una anexión apoyando masivamente la autonomía groenlandesa. La idea es aumentar masivamente las inversiones europeas en la isla, otorgarle un acceso al mercado europeo comparable al de un Estado miembro y potenciar la cooperación científica y climática. “La mejor arma de Europa no es ni militar ni jurídica, sino sistémica: hacer que la anexión sea más costosa que su beneficio”, afirma Gesine Weber, investigadora del Centro de Estudios de Seguridad (CSS) en Zúrich.
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Otra opción es negociar con Washington un refuerzo de la seguridad de Groenlandia, como quiere Trump, para protegerla de las ambiciones rusas y chinas. También se pueden imponer sanciones económicas selectivas. La última alternativa, extrema, es el despliegue de tropas en Groenlandia para prevenir una invasión. Pero si EU utiliza su ejército al máximo, Europa saldría perdiendo.
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