Bruselas.— Ante la superioridad militar de Estados Unidos e Israel, el régimen iraní tuvo que recurrir al caos en el para mantenerse en la contienda.

Si bien los bombardeos y las liquidaciones de altos mandos han tenido un enorme impacto en el país, el régimen sigue funcionando y enviando al mundo un mensaje reiterado con sus acciones de represalia: si sufre Irán, sufrirán todos.

Teherán tiene razón; la guerra asimétrica con la que respondió a la agresión del presidente estadounidensey su homólogo israelí Benjamín Netanyahu no sólo ha sumido a toda Arabia en la incertidumbre, ha provocado ondas de impacto en la economía global.

Puede que la crisis energética desencadenada por la guerra sea uno de los motivos por los que Trump ha virado, inclinándose ahora, al parecer, por negociar, aunque Irán dice que “no”.

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Soldados israelíes inspeccionan los restos de un misil iraní que cayó en la aldea de Hares, en la Cisjordania ocupada por Israel, el 24 de marzo. Foto:,Jaafar Ashtiyeh / AFP
Soldados israelíes inspeccionan los restos de un misil iraní que cayó en la aldea de Hares, en la Cisjordania ocupada por Israel, el 24 de marzo. Foto:,Jaafar Ashtiyeh / AFP

“La economía global se enfrenta hoy a una amenaza muy, muy grave, y espero sinceramente que este problema se resuelva lo antes posible”, dijo Fatih Birol, director Ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía durante su participación en el Club de Prensa de Australia, en Canberra.

Esfuerzos globales

“Creo que ningún país será inmune a los efectos de esta crisis si continúa evolucionando en esta dirección, por lo que se necesitan esfuerzos globales”, afirmó Birol.

Los gurús de las finanzas tienen dificultades para establecer cuál será el impacto del conflicto en la economía mundial, debido a las numerosas interrogantes que hay, principalmente respecto a la duración de la interrupción del tráfico por el estrecho de Ormuz y la gravedad de los daños provocados a la infraestructura energética.

Por lo pronto, el choque armado desencadenó un escenario de pesadilla para el sistema energético mundial, afectando a millones de consumidores. Hasta el 21 de marzo, la crisis había retirado del mercado unos 400 millones de barriles, equivalente a unos cuatro días de suministro mundial, provocando subidas de precios de más de 50%, por arriba de los 110 dólares el barril.

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“Es la magnitud de lo que está en juego, combustibles, productos químicos, gas natural líquido y fertilizantes, lo que hace que este acontecimiento sea cualitativamente diferente de episodios anteriores de tensión en el golfo”, afirma Aditya Saraswat, vicepresidente de la consultora Rystad Energy.

Los más pobres, los más afectados

Pero como ha ocurrido en crisis anteriores, han sido los países más pobres los que han sufrido el primer y más fuerte descontón. Ocurrió en la pandemia de Covid-19, que interrumpió las cadenas de suministro, y en la guerra de Rusia contra Ucrania, que impactó el mercado mundial de granos y combustibles.

En Vietnam, el Ministerio de Comercio instó al trabajo en casa, como parte de las medidas para ahorrar combustible ante las interrupciones en el suministro y las subidas de precios.

En Egipto, el gobierno anunció una serie de medidas “excepcionales” con duración de un mes; entre otras, la suspensión de la iluminación de los anuncios publicitarios en las carreteras, la reducción del alumbrado público al nivel más bajo posible y el cierre de tiendas, centros comerciales, restaurantes y cafeterías a partir de las 21:00 horas.

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Paquistán igualmente ha decretado medidas de emergencia para ahorrar combustible. Entre las acciones anunciadas por el primer ministro Shehbaz Sharif en un discurso televisivo está el cierre de escuelas por dos semanas, la introducción de una semana laboral de cuatro días para los empleados públicos y la prohibición total del uso de combustible de alto octanaje en los vehículos del gobierno.

Sri Lanka también ha pagado su parte del costo de la guerra contra Irán. El gobierno declaró festivos todos los miércoles para las instituciones públicas a fin de ahorrar combustible. “Instamos a la población a que haga un uso responsable de la electricidad y el combustible, y reduzca el consumo de energía al mínimo”, dijo en su momento el portavoz del gobierno y ministro de Sanidad, Nalinda Jayatissa.

Hasta los muertos resienten el impacto

En Tailandia, las personas están sintiendo el incremento del precio de los combustibles incluso después de muertas. La cremación es parte esencial del budismo y es considerada como un paso más en el camino espiritual. Para incinerar un cuerpo se requieren alrededor de 60 litros de diesel y las autoridades, en una maniobra por aliviar la presión financiera, han tenido que reducir las subvenciones. Por su parte, Filipinas se ha declarado en estado de emergencia.

El aumento del precio de los combustibles no se queda en incrementos de la factura del gas y la gasolina. Como bola de nieve, está impactando en el transporte, en industrias de uso energético intensivo, como el plástico, el vidrio y el cemento; en el precio de electrodomésticos, la ropa y el calzado, con aumentos estimados de entre 15% y 10%, respectivamente. En síntesis, ha tenido una reacción en cadena en múltiples sectores y capas de la sociedad.

“Asia es especialmente vulnerable a la volatilidad de los precios del petróleo debido a su gran dependencia de las importaciones; salvo Australia, Malasia e Indonesia, todas las demás economías registran déficit en el comercio de petróleo y gas, lo que las deja en una situación de vulnerabilidad cuando aumentan los costes energéticos”, se sostiene en una publicación de la unidad de análisis financiero del banco ING, en la que participan los expertos Carsten Brzeski y Warren Patterson.

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Pero de la volatilidad nadie se escapa, ni los ricos. ”Europa es donde las consecuencias macroeconómicas se dejan sentir con mayor intensidad, (…) importa prácticamente todo su petróleo y una parte importante de su gas líquido natural”, indica el reporte.

El Instituto de Investigación Económica (IFO) anticipa una baja en sus previsiones de crecimiento para Alemania, el motor de la UE. Timo Wollmershäuser, responsable del departamento de previsiones económicas, señala que un aumento temporal del precio de los combustibles reduciría el crecimiento 0.2 puntos porcentuales este año; si se prolonga en el tiempo, habrá que sumar 0.2 puntos adicionales este año y 0.4 el que viene.

El banco Rabobank considera que el pico inflacionario se verá en Holanda hasta dentro de 21 meses, mientras que Eslovenia se convirtió en el primer país de la UE en racionar la compra de gasolina, 50 litros al día para los conductores y 200 litros para empresas y agricultores, en un intento por contener el turismo energético; muchos austriacos cruzan la frontera para aprovechar los precios regulados más bajos en el país vecino.

En el epicentro del conflicto, los impactos varían. Karen Young, investigadora del Center on Global Energy Policy, de la Universidad de Columbia SIPA, estima que en el supuesto de que las exportaciones de crudo se reanuden en mayo, Irak, Bahréin, Kuwait y Qatar sufrirán una fuerte contracción del PIB, de hasta un 14% en el caso de los dos últimos. Si el conflicto y el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolongan hasta abril, la caída del PIB en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos será este año de un 3% y 5%, respectivamente.

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Pero cuando hay perdedores, también hay ganadores, y entre ellos sobresale Rusia, que se beneficia del alza de los precios del petróleo y fertilizantes. Los fondos están sirviendo para llenar las arcas del Estado y seguir destinando fondos a la guerra contra Ucrania.

La ofensiva de Washington contra Teherán también le está sirviendo a Moscú para desviar la atención y las criticas por invadir Ucrania, en flagrante violación de las normas y los principios del derecho internacional.

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