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San Pablo, la calle bicicletera

La bici se convirtió en un medio de transporte importante para los comerciantes de la zona de la Merced. Desde los años 70 se venden en San Pablo, pero fue en los años 90 cuando su comercio se fortaleció.
Un negocio de venta de bicicletas en la década de los 50
05/01/2019
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Texto: Susana Colin Moya
Foto actual: Carlos Mejía
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

Casi llega el 6 de enero y por las calles de la ciudad es posible encontrarse a los Reyes Magos buscando los regalos que han de entregar en esta fecha tan importante para los niños chilangos. Como cada año, una de las zonas más concurridas por estos personajes es San Pablo. Ubicada al sur del antiguo barrio de la Merced, entre las estaciones del metro Merced y Pino Suárez, esta calle es reconocida por concentrar el mayor número de tiendas dedicadas a la venta de bicicletas y sus derivados en la urbe.

De Jesús María a Santo Tomás, las banquetas son tomadas por vendedores ambulantes y por las propias tiendas que sacan al espacio público triciclos, patines del diablo, cascos y por supuesto, bicicletas. Melchor, Gaspar y Baltazar, personificados en parejas de jóvenes padres y alguno que otro abuelito, caminan entre la mercancía, los vendedores ávidos de convencer sobre las bondades de sus productos y mujeres entalladas quienes ofrecen sus servicios sexuales desde antes de que se vendieran bicicletas en este lugar.

Este ya tradicional comercio proviene de unos 30 años atrás. Hoy en Mochilazo en el tiempo viajaremos a los orígenes de San Pablo como una calle bicicletera.

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El comercio de bicicletas en San Pablo ve su mejor época en diciembre y los primeros días de enero.

El nombre que recibe esta calle es en recuerdo de uno de los 4 barrios en los que se dividía el islote Tenochtitlan, rebautizado por los españoles como San Pablo Teopan. Durante muchos siglos, y aún en la actualidad, fue un barrio comercial. Basta recordar que por aquí pasaba en su tramo final el Canal de la Viga, vía de acceso a la ciudad para las trajineras que transportaban mercancías provenientes de Xochimilco y Tláhuac.  

Como resultado de esta dinámica, en 1890 Porfirio Díaz inauguró el “antiguo” mercado de la Merced, reubicado y remodelado en 1957 para dar paso al que conocemos en nuestros días.

Si camináramos por San Pablo en los años 60, veríamos el trajín de una calle comercial: en lugar de bicicletas encontraríamos farmacias, tiendas de cosméticos, cristalerías, zapaterías, ferreterías y muchas bodegas de legumbres, frutas y chiles secos que resguardaban productos que se comerciaban en la Merced.

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Comparativa de la calle de San Pablo 1967-2018. En la fotografía antigua se aprecia la construcción de la línea 1 del metro. Colección particular. Foto actual: Carlos Mejía/El Universal.

La bicicleta como vehículo comercial

Existen en la ciudad, y especialmente en el centro, calles especializadas en la venta de un producto. Las hay de papelería, telas, instrumentos musicales, libros de viejo… ¿Por qué la venta de bicis se estableció en San Pablo?

Luisa Cortés, gestora cultural y habitante del barrio de la Merced, nos introduce a la histórica relación que ha tenido la bicicleta con el intenso comercio de este lugar: “las bicis son un medio de transporte muy importante, la gente sabe de bicis, esa escuela la dejó la antigua Merced”.

Ya sean los carniceros, cremeros o panaderos, todos usan bicicletas para repartir sus productos en esta zona. “Las tortillerías reparten en bici a taquerías y fondas” comenta Luisa en entrevista. “Las bicicletas deben ser buenas para que aguanten el trote, como las de rodada 28 y los triciclos. Lo estético no es importante… de hecho deben pasar desapercibidas para que no se las roben. Los comerciantes saben de llantas y refacciones y los de los talleres que hay en la zona son buenazos”.

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Repartidor de pan saludando a la cámara y hábilmente conduciendo una bicicleta en 1986. Foto: Archivo de El Universal. 

De la misma forma, Apolineo Narvaes, trabajador de la tienda de bicicletas Benotto, desde 1985, concluye que la importancia de la venta de bicicletas en San Pablo tiene su razón de ser en la relación de éste vehículo con el comercio de la zona. “Muchas de las mercancías se trasladaban en bicicleta, recordarás que la bicicleta que nosotros llamamos de turismo es la de trabajo. La utilizaban los periodiqueros, los lecheros, todos los que manejaban carga, los triciclos. Todos se movían en el centro con esas bicicletas” comenta en entrevista telefónica.

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Niño con canastas en la Merced, década de los 50. En primer plano, la típica bicicleta de carga. Foto: Mediateca del INAH https://bit.ly/2RAAQLq

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Jóvenes aprendiendo a andar en bici. Podemos apreciar la llamada “bicicleta de turismo”. En años pasados éste era el vehículo preferido por los repartidores en la ciudad. Foto: Archivo de El Universal.

El auge de las bicis en San Pablo

A inicios de la década de los años 80, las tiendas de tal producto no se concentraban en San Pablo; se repartían por Corregidora, Regina (a la altura de Cruces) y Bucareli. Crispín Rodríguez, quien comenzó a trabajar en la venta de bicicletas por este tiempo, cuenta que la única empresa que se encontraba en esta calle y que es considerada pionera por el resto de vendedores, es Benotto.

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En el cruce de San Pablo y Jesús María se ubica una de las primeras tiendas de bicicletas de la zona. Foto: Carlos Mejía/ El Universal. 

La dinámica del lugar cambió a partir de 1982, cuando el comercio de mayoreo pasó a la recién creada Central de Abastos en Iztapalapa y el mercado de la Merced se convirtió en un mercado de zona. La historiadora y gestora cultural Cecilia Barraza, quien por años ha estudiado los giros comerciales de la Merced, afirma:

“Ese (1982) es un momento muy importante para la zona porque se prohíben las bodegas. La gente ya no puede tener mercancía que se le eche a perder porque no la puede ni guardar. Lo que se descarga del camión es lo que se debe vender en el día. Ahí empieza una transformación importante de productos perecederos a no perecederos. La llegada del comercio de bicicletas tiene que ver con esas transformaciones”.

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El 18 de noviembre de 1982 este diario informó sobre el desalojo de bodeguistas de mayoreo en zonas aldeañas a la Merced. El 24 de ese mismo mes se inauguró la Central de Abastos por el entonces presidente de la república José López Portillo. 

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A pesar del plan de las autoridades del DDF, el desalojo de los bodegueros se llevó a cabo hasta el 21 de noviembre de 1982.

Tras esta prohibición y posteriormente el sismo de 1985, la zona quedó muy afectada. Recordemos que en San Pablo se ubicaban bodegas de legumbres, frutas y chiles secos (si se observan las actuales tiendas de bicicletas, muchas de ellas tienen el techo alto por esta razón). El renacimiento del comercio fue paulatino. Tal como lo menciona Cecilia Barraza, éste consistió en el cambio de venta de productos perecederos a no perecederos. De esta forma a finales de los años ochenta y con más fuerza en los noventa, el comercio de bicicletas como competencia de Benotto aumentó, dando por resultado una zona bicicletera.

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Trajín cotidiano de vendedores y distribuidores de bicicletas en 1994. Foto: Archivo de El Universal.

Empleados de esta empresa se independizaron y formaron sus propios negocios, algunas compañías cambiaron de giro y así fue como la competencia creció. Bicicletas Monk, por ejemplo, es un negocio familiar que antes de las bicis se dedicaba a la industria del juguete. En entrevista para este diario, Fernando Moreno, director comercial, relata que todo comenzó hace 20 años en un local que antes de ser traspasado, fue pollería:

“Comenzamos desde cero, prácticamente somos emprendedores. Con el transcurso del tiempo nos hemos vuelto expertos en cuanto al tema bicicletero. Hemos consolidado una marca que hoy en día que muchos de los consumidores conocen y se sienten afines porque es una marca joven, un producto hecho en México”

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Bicicletas Monk es una de las tiendas cuyo origen se remonta en la década de los 90. Foto: Cortesía.

Muchos de los dueños de estos negocios se conocen entre sí. Algunos son familiares cuyas empresas se separaron, otros fueron compañeros de trabajo en algún momento. Todos coinciden con el crecimiento de este giro comercial desde los años 90 y hasta la fecha. El señor Crispín afirma que una de las causas de esta bonanza fue el aumento del costo del transporte y la devaluación de aquellos años. Anselmo, trabajador de bicicletas Monk, comenta que este comercio nunca va a la baja; “hace 20 años eran como 12 tiendas, ahora son cerca de 55”. Por su parte, Adriana Cedillo, quien ha trabajado en el negocio de su padre desde que tenía 15 años, afirma que el impulso que el gobierno le ha dado a la bicicleta se traduce en una mayor demanda y por tanto, en más competencia.

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El señor Crispín Rodríguez ha trabajado en el giro de las bicicletas desde 1980. Cuenta que uno de los productos más consumidos por generaciones son los triciclos Apache. Actualmente labora en Bikla Lau.

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Adriana Cedillo trabaja en la tienda Ciclo Sport y es una de las pocas mujeres dedicadas a la venta de bicicletas. 

Lugar de Reyes

Desde noviembre y hasta el 6 de enero las ventas y el movimiento en esta zona se incrementan exponencialmente. La llegada de los Reyes Magos se adivina por las bicicletas y triciclos que son expuestos en las marquesinas de las tiendas y en las propias banquetas. Al medio día del último sábado del año todo es movimiento. Contrario a lo que uno podría imaginarse, muchos niños acompañan a sus padres para elegir regalos.

“Aquí muchas veces los Reyes Magos traen al niño y les dicen ‘aquí escoge tu bicicleta porque es lo que te van a traer los Reyes’ y entonces hacen su cartita, de hecho aquí en la compra de una bicicleta les entregamos una carta para los Reyes. Los niños se van muy contentos y ya les escriben y luego el Rey Mago viene a comprar el producto que escogió el niño” cuenta divertido Anselmo.

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Instantánea del último sábado del año dentro de una de las tiendas de bicicletas en San Pablo.

No sólo son padres e hijos, también es posible encontrar a uno que otro joven ciclista que viene en estas fechas. Tal es el caso de Mónica, quien lleva 3 años viviendo en Cancún y aprovechando su visita a la ciudad, busca en todas las tiendas un tornillo que se cayó de su bicicleta. “No señorita, ahorita todas las tiendas se concentran en venderles a los clientes de Reyes, ni le van a poner atención… ahorita no venden refacciones. Venga a partir del 6 de enero” recomienda el señor Crispín desde el aparador de la tienda donde labora.

Los negocios, que el resto del año cierran los domingos, están abiertos los 7 días de la semana en un horario extendido: comienzan a las 8 de la mañana y cierran hasta que se vaya el último cliente, que puede ser hasta las 5 de la madrugada.

En entrevista para este diario, algunos Reyes Magos mencionaron que acuden a este lugar por recomendación de sus padres, quienes al igual que ellos compraban los regalos para el 6 de enero aquí. Uno de ellos, por el contrario, se enteró de la existencia de este lugar gracias a Google. Se miran contentos, emocionados evaluando los precios que dicen, son mejores aquí que en sus respectivas alcaldías (Xochimilco, Ecatepec, Iztapalapa).

¿Por qué es buen regalo una bicicleta o un triciclo?, le preguntamos a la madre de una niña de 2 años, quien animada responde: “Primero porque les hace gastar la energía a los niños, entre más cansados menos lata dan. Y segundo, para salir a pasear en familia es muy conveniente que cada quien tenga la suya. Es algo que para los padres no es muy costoso. Sólo haces un gasto y lo pueden usar muchas veces en el año y aparte se puede ir ajustando conforme crece, entonces no sólo es para un año, lo compras pensando que mínimo unos 3 los va a ocupar”.

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La iglesia de San Pablo Nuevo es testigo del intenso comercio de la zona desde el siglo XVIII. Foto: Carlos Mejía/ El Universal.

A la pregunta del por qué se venden bicicletas en este lugar, los entrevistados responden con algunas de sus teorías: será porque el comercio es bueno, porque es lo más pedido, porque como cada calle en el centro se dedica a algo, a ésta le tocó ser de bicicletas… por tradición. En efecto, esta ciudad está llena de tradición. Algunas más bonitas y pintorescas que otras: crueles, como la prostitución que aquí se ejerce.

Tradición como la de celebrar el 6 de enero comiendo rosca de Reyes con un chocolate calientito después de haber jugado todo el día con la nueva bicicleta traída, ahora lo sabemos, de San Pablo, calle bicicletera desde los años 90.

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5 de enero del 2013, un par de Reyes magos después de comprar el regalo perfecto para algún infante. Foto: Jorge Serratos/El Universal.

Nuestra fotografía principal muestra un negocio de venta de bicicletas en la década de los 50 y pertenece a nuestro archivo fotográfico. La fotografía comparativa antigua retrata la calle de San Pablo en 1967, durante la construcción de la línea 1 del metro. Colección Particular.

Fuentes:
Entrevistas con Cecilia Barraza, Luisa Cortés, Ariana Cedillo, Guadalupe Hernández, Crispín Rodríguez, Apolineo Narvaes y Fernando Moreno.
Mediateca del INAH
Hemeroteca y Archivo fotográfico de El Universal.
http://archivo.eluniversal.com.mx/ciudad/114925.html
https://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/patrimonio/2016/11/11/sa...

 

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