Navidad en la Alameda Central

Mochilazo en el tiempo

Hace décadas, los alrededores de la Alameda Central eran el escenario ideal para las fotos y tardes familiares

Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Fotografía actual:
Erika Bribiesca Sala
Diseño web: Miguel Ángel Garnica.
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Si bien la Alameda Central ya era considerada en el siglo XIX como un lugar de importancia tanto para la vida social como para la vida comercial de los habitantes de la capital desde tiempos coloniales; fue en el Porfiriato cuando se posicionó como punto tradicional para la venta navideña debido a que sus andadores y las calles circundantes -Puente de la Mariscala, Santa Veracruz, San Juan de Dios y San Hipólito, hoy Avenida Hidalgo- se llenaban de puestos con musgo, heno y piñatas. Para principios del siglo XX inició también la venta de árboles de Navidad en estos sitios.

A lo largo del tiempo, la Alameda pudo alojar a ferias o festivales de temporada, para que familias enteras pudieran disfrutar de algún espectáculo cultural. Uno de los recuerdos más emblemáticos que tienen los visitantes de la Alameda sobre la temporada decembrina es cuando acudían a la romería navideña a tomarse una foto con los “Reyes Magos”. Asimismo, diversas administraciones capitalinas solían dotarlo de buena iluminación para que los paseantes nocturnos tuvieran la oportunidad de conocerla con diferentes ambientes.

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Familia Rocafort posando con los Reyes Magos en 1969 en la Alameda Central. Cortesía de Jorge Rocafort.

La romería de la Alameda terminó hace seis años y desde entonces han ido reubicando a quienes ponían sus puestos para fotografiar a las familias con los “Reyes Magos” o “Santa Claus”. Un paseante llamado Iván Melgar, nos dijo que de pequeño sí había logrado visitar la Alameda con sus padres y, a pesar de que los puestos no eran tan llamativos como los que se instalan hoy, el ambiente de ese entonces es un recuerdo que lo acerca a quienes ya no están con él: “cuando uno es niño hay mucha ilusión en estas fechas y yo las pocas veces que vine fui muy feliz, pues porque mis papás me consentían”, dijo sonriente.

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Todavía afectados por las imborrables huellas de los sismos de septiembre de 1985, la gente toma un breve respiro y acude a disfrutar el ambiente festivo que caracteriza a la Alameda Central. Archivo EL UNIVERSAL.

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Una familia acude a comprar su árbol de Navidad en alguna de las verbenas de la Ciudad de México en 1969. Colección Villasana – Torres.

La llegada del arbolito de Navidad

El escritor y cronista, Héctor de Mauleón, investigó que cuando llegaron los árboles de Navidad a México, estos eran vistos como una “invasión cultural” que había arrebatado el interés de varios sectores de la población al tradicional montaje de nacimientos, coloquialmente conocida como “poner el nacimiento”, que trascendió hasta nuestros tiempos.

No existe ninguna referencia escrita por cronistas de 1870 que haga referencia a la existencia del árbol de Navidad al interior de las casas; sin embargo, se dice que en esos años los mexicanos “solían colgar heno en los árboles para representar las últimas pompas de la vegetación”.

El “arbolito” arraigó su presencia en las fiestas para despedir al año “viejo” con la llegada del Ejército Francés y el Imperio de Maximiliano: “según la historiadora Teresa Rohde” explica Mauleón, “se debe precisamente a Maximiliano y Carlota el primer árbol de Navidad que se puso en México. El árbol que la pareja montó en el Castillo de Chapultepec en el año de 1870 deslumbró a los aristócratas mexicanos quienes, en poco tiempo, llevaron la costumbre a sus domicilios. Para Teresa Rodhe, en unos años el árbol de Navidad alsaciano ganó terreno a la costumbre nacional de poner nacimiento”.

En 1878 el árbol que el General Miguel Negrete había puesto en su casa, llamó la atención de toda la ciudad: estaba totalmente alumbrado y cubierto de heno; contenía 250 juguetes que eran entregados a los invitados siempre y cuando coincidiera con el número que se les había otorgado.

Un anuncio turístico estadounidense, informaba a los turistas provenientes de aquél país que en México el árbol de Navidad no era un elemento clave para la celebración de estas fiestas, sino que había una tradición muy propia que representaba a la región que predominaba en la República: la puesta de nacimiento.

Ya para 1890, Manuel Gutiérrez Nájera incluye al “Árbol de Noel” como parte de las costumbres decembrinas; empezaba a ser “común” iluminar el ramaje de los árboles con pequeñas velas que los alumbraban, aunque fue hasta los primeros años del Porfiriato que ambas costumbres pudieron convivir sin rispidez: cada diciembre se veía a las y los integrantes de la clase alta Porfiriana caminando rumbo a la Alameda para comprar sus árboles y el heno con el que lo decoraban, para arrastrarlo y cargarlo -respectivamente- hasta la su casa, donde la familia lo tendría que decorar y cuidar.

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Vendedores de árboles de Navidad, musgo y heno son captados a inicios del siglo XX, en los linderos de la Alameda Central y la desaparecida calle de Rinconada de San Diego y Portillo de San Diego, hoy Avenida Hidalgo. Colección Villasana - Torres.

En la actualidad, la temporada decembrina es una de las más importantes para el sector turístico de la capital: millones de compatriotas y turistas internacionales gustan de pasar en la ciudad la fiesta de Navidad y de Año Nuevo. Los motivos son variables, vienen decenas de personas a visitar a sus seres queridos, a sus amigos o simplemente, a conocer gente.

Las actividades que se suelen programar para la Alameda Central son menos vistosas que en el pasado, pero tienen como propósito beneficiar a la zona de la derrama económica que el turismo trae consigo a la capital.

En la fotografía principal se observa a vendedores de árboles de Navidad, musgo y heno son captados a inicios del siglo XX, en los linderos de la Alameda Central y la desaparecida calle de Rinconada de San Diego y Portillo de San Diego, hoy Avenida Hidalgo, en este tramo. Colección Villasana - Torres.

La imagen comparativa antigua es una escena propia de la época decembrina de inicios del siglo XX, en la que se aprecia el ambiente que reinaba entre la gente que acudía a realizar sus compras navideñas en los puestos ubicados en las inmediaciones de la Iglesia de San Hipólito. Al fondo se alcanza a ver una construcción porfiriana que milagrosamente sigue en pie. Colección Villasana - Torres.

Fuente: Héctor de Mauleón.
Fotografía antigua: Colección Villasana - Torres.
 

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