Los puentes del río que corría por Chimalistac

Mochilazo en el tiempo

El paso del Río Magdalena en la colonia Chimalistac, al sur de la capital, dejó como vestigio varios puentes que hoy invitan a imaginar cómo era vivir en la Ciudad de México a principios del siglo XX

Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez.
Fotografía actual: David Sánchez.
Diseño web: Miguel Ángel Garnica.
 

 

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Al sur de la Ciudad de México, rumbo a San Ángel, entre el bullicio del tráfico y el transporte público, se encuentra Chimalistac, una colonia de la alcaldía Álvaro Obregón que aún conserva parte de la quietud de antaño, la cual estaba acompañada por la algarabía del Río Magdalena.

El cronista Édgar Anaya, en su libro Ciudad de México Desconocida, refiere algunos datos precisos sobre las proporciones de los tres puentes antiguos que atraviesan el curso del Río Magdalena sobre la calle Paseo del Río, una de las principales de la colonia Chimalistac.

Por esos rumbos circula una leyenda. Cuentan que en un puente característico por su estructura de tribuna practicaban oratoria los aspirantes a sacerdotes carmelitas. Estos jóvenes tenían como reto “vencer” al fuerte sonido del río para tener mejor cadencia y volumen para el oficio de la misa.

Este hábito le hizo ganar el nombre de Puente del Púlpito, es uno de los vestigios de otra época que sobrevive en el cruce con Insurgentes Sur. Su arco mide 16 metros de ancho y cuatro de altura, tiene contrafuertes cuya función era encauzar el agua del Río Magdalena.

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El llamado Puente del Púlpito, en Chimalistac, en una fotografía de 1964. Éste es uno de los tres pasos que fueron construidos por los carmelitas en el siglo XVII para cruzar el Río Magdalena, cauce que hoy se encuentra entubado en este tramo. Colección Villasana - Torres / "La Ciudad de México, 1952-1964".

Más adelante está Puente del Carmen, también llamado Camello, éste cuenta con un arco bajo y extendido, de 19 metros de largo y 2.80 metros de alto. La última estructura de este tramo es el más grande de los tres: tiene contrafuertes en los extremos con el fin de dirigir el agua, así como una figura que sobresale entre sus arcos, del lado sur, para abrir en dos el caudal. Mide casi seis metros de alto y cada arco mide 2.50 metros.

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Puente de tres contrafuertes de Chimalistac, comparativa de 1900 y 2019.

Al continuar el recorrido por la avenida Miguel Ángel de Quevedo, se llega al cruce con la calle Francisco Sosa donde se encuentran la iglesia de San Antonio Panzacola y un puente de piedra que atraviesa el curso del Río Magdalena.

Ambas construcciones datan del siglo XVIII. Este punto marca la conexión entre los pueblos de San Ángel y Coyoacán ya que, tal cual como pasa ahora, la calle Francisco Sosa es una vía que culmina en el centro de Coyoacán.

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Toma comparativa del Puente de Panzacola en 1900 y 2019. Cortesía Gabriel Barajas.
 

El barrio de Chimalistac

Hablar de estos puentes “es el pretexto perfecto para recorrer una de las zonas más apacibles y bellas de la ciudad”, afirma en entrevista David Sánchez, un amante de la historia de la capital.

El especialista señala que el barrio de Chimalistac surgió cuando una huerta perteneciente al colegio del Carmen fue fraccionada: un tramo del Río Magdalena quedó en el extremo oriente, de la avenida Insurgentes Sur a la calle Guillermo Pérez Valenzuela (en el punto donde inician los Viveros de Coyoacán). 

El nombre Chimalistac proviene del náhuatl y significa "lugar de escudos blancos". Este asentamiento floreció en medio de la lava de la erupción de hace miles de años del volcán Xitle, junto a los pueblos vecinos de San Ángel, Tlalpan, Tizapán, Coyoacán y Copilco.

Ya en época colonial, se dice que en 1597 Felipe de Guzmán Itzolinque, cacique indígena de Coyoacán, Andrés de Mondragón y Elvira Gutiérrez donaron unos terrenos en los barrios de Tenanitla y Chimalistac a los monjes carmelitas, ahí la orden construyó un colegio y una casa.

La construcción del templo carmelita de San Ángel finalizó en 1628; sin embargo, el terreno era tan amplio que los trabajos siguieron en varias hectáreas para poder delimitar la enorme huerta, así como las necesarias ermitas, puentes u obras hidráulicas y agrícolas.

La huerta estaba cercada en todo su perímetro: se extendía hacia el lado oriente del colegio, ocupaba gran parte de la actual colonia Chimalistac, en ella se plantaron árboles frutales, estos proporcionaron al colegio carmelita ingresos para subsistir y ayudar a otras fundaciones; además, contribuyeron a que las zonas cercanas al Río Magdalena obtuvieran fama de lugar placentero e ideal para los paseos y los descansos.

En la época colonial, las festividades de julio en honor a la virgen del Carmen fueron un gran atractivo para los paseantes: se realizaban bailes, días de campo, peleas de gallos, corridas de toros y juegos.

"San Ángel es bonito a su manera, con sus campos de maguey, sus casas dispersas, que parecen ser los beaux restes de mejores días; la plaza con el mercado, la parroquia, la iglesia del Carmen con el convento y su jardín de altas paredes; las estrechas callejuelas; las chozas de los indios; exuberancia de encarnadas rosas, el pequeño puente y la calzada, y los manchones de sus arboledas”, describe Madame Calderón de la Barca.

Además, prosigue, ahí estaban las “casas para mudar temperamento” donde las familias mexicanas residían durante el verano “con sus ventanas enrejadas, jardines y huertos”. Desde la lejanía se veían las torres de Catedral, los volcanes y las montañas “salpicadas de iglesitas y de largas alamedas”, también se alcanzaban a ver los pueblos de Coyoacán y Mixcoac.

Su mirada maravillada rememora: “por dondequiera la vieja iglesia, un arco en ruinas; una cruz del tiempo antiguo con sus guirnaldas de flores marchitas, recordación de una muerte o testimonio de fervor religioso… todo esto es tan propio de México que el paisaje no podría confundirse con el de ninguna parte del mundo".
 

Imaginar el río

El Río Magdalena ha sido emblemático para Chimalistac, es uno de los últimos cuerpos de agua vivos en la ciudad. Nace en el cerro San Miguel, en la Sierra de las Cruces y es alimentado por varios manantiales que descienden por la cañada de Contreras, pasa por el pueblo de la Magdalena Atlitic y se une con el río Eslava.

En este punto, cruza Periférico para entrar a la Presa Anzaldo, luego pasa bajo tierra la colonia Jardines del Pedregal y continúa entubado por la avenida Eje 10 Sur Río Magdalena hasta llegar a Chimalistac.

Sale a la superficie de nuevo sobre avenida Universidad, pasa debajo de un puente de piedra junto a la iglesia de Panzacola. Ambas construcciones, ubicadas en el cruce de la calle Francisco Sosa y Avenida Universidad, fueron edificadas en el siglo XVIII. El río avanza por la orilla de los Viveros de Coyoacán y más adelante vuelve a hundirse para conectarse con Río Churubusco, el cual corre entubado bajo la avenida del mismo nombre.

Aunque en la actualidad sea imposible verlo, el paso del río dejó unos vestigios que nos invitan a imaginar cómo sería la vida cotidiana si aún corriera naturalmente: los puentes de Chimalistac.

De acuerdo con David, existe una imagen del siglo XIX donde el paisajista Eugenio Landesio plasmó con óleos a un grupo de mujeres lavando en el Río Magdalena rodeadas de magueyes y arbustos, justo entre el puente y la iglesia: “junto al grupo de mujeres, un hombre a caballo observa la escena. Algunas personas cruzan el puente y al fondo destaca la sierra del Ajusco, bajo un cielo azul pálido con nubes blancas”.

El paisaje se modificó radicalmente por la extensión de la ciudad: hay pocos días en los que se puede apreciar el Ajusco desde este punto y del Río Magdalena sólo queda lo que ahora corre de aguas negras.
 

Recuperar el río

En 2018, el Gobierno de la Ciudad de México anunció la conclusión de un programa de saneamiento de este caudal que inició en 2010, se ubicaron colectores marginales en más de 20 kilómetros del cauce para evitar la descarga de aguas negras domiciliarias y se construyeron dos plantas potabilizadoras.

En ese entonces, el gobierno capitalino dijo que la obra beneficiaría a 160 mil personas de las colonias aledañas al Río Magdalena, como Encino, Chichicaspatl, Héroes de Padierna, Rancho Anzaldo y Contreras.

“El rescate del Río Magdalena está bien y es necesario; sin embargo, hacen falta acciones de este tipo en la parte baja del río, justo cuando vuelve a ver la luz, a la altura de la iglesia de Panzacola y en todo su recorrido por los Viveros de Coyoacán.

David comenta que es importante que el agua limpia vuelva a correr por este tramo, para que las personas puedan acercarse más a los espacios cercanos y conozcan “la belleza que otras generaciones pudieron admirar”. Además ayudaría a recuperar la memoria de la ciudad y generaría espacios de convivencia y esparcimiento seguro, escasos en estos días.

El cauce del Río Magdalena conectó —y lo sigue haciendo aunque de manera menos visible— a diversas zonas del sur de la ciudad; propició que el rumbo fuese un escape de la entonces Ciudad de México que se limitaba al Centro Histórico, donde se podía disfrutar de una vida tranquila.

David Sánchez concluye: “Chimalistac no sólo destaca por sus casas que evocan lo señorial de otros tiempos, por lo verde de sus calles, por sus puentes novohispanos o por el recuerdo del río, sino también porque en sus linderos se ha encontrado evidencia de asentamientos prehispánicos que existieron mucho antes que los aztecas”.

 

 

La fotografía principal es de los años 20 y corresponde al puente más alto de la colonia Chimalistac, tiene seis metros de altura. En tanto que la imagen comparativa antigua es de los años 50, se trata del puente del Camello, el de menor altura, se encuentra a unos metros del Puente del Púlpito. Colección Villasana - Torres / "La Ciudad de México, 1952-1964".
La fotografía antigua pertenece a la colección Villasana-Torres.

 

Fuentes:
Ciudad de México Desconocida, de Édgar Anaya
Entrevista a David Sánchez
 

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