La arquitectura de acero en la capital

Mochilazo en el tiempo

A pesar de que el acero es un material que encontramos en nuestra vida cotidiana, su uso masivo comenzó a finales del siglo XIX. En la capital contamos con ciertos ornamentos o edificios cuya belleza demuestran la importancia que tuvo su llegada a la arquitectura del país

Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez.
Fotografía actual: Carlos Villasana.
Diseño web: Miguel Ángel Garnica.
 

En la actualidad es imposible imaginar la capital sin estructuras de hierro o acero; los esqueletos de las construcciones dependen de materiales que suelen contenerlos, así como cierto mobiliario urbano o infraestructura para la prestación de servicios. Desde finales del siglo XIX a la fecha, estos materiales han sido parte de la vida cotidiana de todo el mundo y, algunos personajes, han logrado crear expresiones artísticas a partir de ellos, tales como joyas, productos de ornamentación, monumentos y edificios.

Platicamos con la Dra. Roberta Vassallo, docente de Historia de la Arquitectura en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y cuya curiosidad la llevó a especializarse en la arquitectura de acero.

Su interés por las estructuras metálicas nació en el 2000, cuando hizo una investigación sobre la arquitectura del hierro en la Argentina, país al que llegó debido a que ganó una beca de la Universidad de Roma, donde estudió arquitectura. En 2005 ganó otra beca, esta vez para estudiar en México sobre el mismo tema.

La Dra. Vassallo nos explica que “el hierro es un mineral que en la naturaleza difícilmente se encuentra al estado puro. Lo que llamamos ‘hierro’ es una aleación entre el hierro con el carbono y otros elementos. Dependiendo del porcentaje de carbono presente en la aleación, se obtienen diferentes tipos de ‘hierro’, como el hierro fundido, el hierro forjado y el acero”.

La primera vez que se produjo acero fue a mediados del siglo XIX; sin embargo, su producción masiva inició a finales del mismo siglo, ya que se comprobó que era un material altamente resistente y con mayor elasticidad que el hierro forjado o fundido.

El hierro y el acero empezaron a tener relevancia en el mundo ya que eran utilizados en la industria, en las fábricas o en las artes. Su maleabilidad y resistencia los hicieron llegar al campo de la arquitectura, ya que como cualquier otra creación del hombre, las construcciones siempre están ligadas con el contexto histórico y económico, reflejando elementos que eran relevantes para un país.

De acuerdo con nuestra entrevistada, en México había muchos profesionales de la construcción que dominaban este estilo, porque en las escuelas de arquitectura y de ingeniería aprendían a calcular cómo y cuándo se podía utilizar este tipo de estructuras; entre los nombres más famosos enlistó a José Ramón Ibarrola –quien construyó el “Kiosco Morisco”-, Daniel Garza -autor del “Centro Mercantil”, hoy “Hotel de la Ciudad de México”- y Antonio Torres Torija -uno de los encargados del Palacio de Lecumberri-.

Tres de las construcciones más sobresalientes de este estilo se encuentran en la colonia Santa María la Ribera. El Museo Universitario del Chopo, cuya estructura fue importada de Alemania y que en sus inicios era la sede del Museo Nacional de Historia Natural, inaugurado en diciembre de 1913 por el Ministro de Instrucción Pública, Nemesio García Naranjo, el rector de la Universidad Nacional, Ezequiel A. Chávez y el primer director del Museo, Jesús Díaz de León. 
 
El también llamado "Palacio de Cristal”, fue diseñado por Bruno Möhring para la Exposición de Arte e Industria Textil celebrada en Düsseldorf, Alemania, en 1902.

Posteriormente fue desarmado y traído a la ciudad; en 1909 la entonces Secretaría de Instrucción Pública rentó este inmueble para alojar el Museo de Historia Natural; sin embargo, fue solicitado poco antes por el gobierno para albergar la exposición industrial del Japón, en ocasión de las Fiestas del Centenario de la Independencia de 1910.

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Una magnífica fotografía del Palacio de Cristal sobre la antigua calle del Chopo, hoy Enrique González Martínez en la década de 1910. Colección Villasana Torres.

Tras el cierre del museo, estuvo varios años en el abandono, hasta que en 1973 iniciaron labores de restauración y el 25 de noviembre de 1975 este célebre recinto abrió sus puertas como “Museo Universitario del Chopo”.

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Un llamativo anuncio publicitario del Museo Universitario del Chopo de los años ochenta. La publicidad se enfoca en la propuesta cultural que ofrece este museo, que hasta ese entonces el público en general lo ubicaba más por alojar el enorme esqueleto de un dinosaurio. Colección Villasana - Torres.

Otro de los tesoros de acero que tiene la ciudad es el Kiosco Morisco, de procedencia norteamericana. Fue creado por José Ramón Ibarrola como parte del Pabellón Mexicano en la Feria Internacional de Nueva Orléans de 1884; luego fue colocado en la Alameda Central -donde hoy se encuentra el Hemiciclo a Juárez-, y para 1910 fue trasladada a la alameda de Santa María la Ribera.

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Toma del Kiosco Morisco en los años treinta del siglo pasado. Colección Villasana - Torres.

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Kiosco Morisco en 2019. Cortesía Uriel Rodríguez.

A unos metros del Kiosco se encuentra el Museo del Instituto de Geología de la UNAM: obra de inicios del siglo XX, de la autoría del arquitecto Carlos Herrera -en colaboración con el ingeniero José Guadalupe Aguilera Serrano-, cuya escalera es de origen alemán.

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El Instituto Geológico Nacional, obra del arquitecto Carlos Herrera, a inicios del siglo XX. Colección Villasana - Torres. Fotografía actual cortesía Uriel Rodríguez.

Ya en el Centro Histórico, hay diversos representantes de este estilo arquitectónico: “las escaleras y todo el metal visto tanto del Palacio de Correos, como del ahora Munal, que provinieron de Italia, mientras que la estructura de acero, o el esqueleto, fue importado de los Estados Unidos”, comparte con EL UNIVERSAL la Dra. Roberta Vassallo.

Sin embargo, en la Alameda Central hay diversos ejemplos de hierro que la Ciudad de México comparte con el mundo: son fuentes de hierro fundido que tienen sus orígenes en una de las fundiciones artísticas más importantes del mundo: “Val d'Osne", de París, que enviaba a todo el mundo ejemplares de su catálogo, como las fuentes, los jarrones y otros innumerables elementos arquitectónicos”. 

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Imagen comparativa de "Neptuno", años 20 - 2019.  Colección Villasana - Torres.

Como todo bien inmueble, las fuentes y las construcciones de acero requieren de un buen mantenimiento, cuidados específicos -que cambian si el bien se encuentra al aire libre o al interior- y sobre todo, que los habitantes de la capital sepan de su importancia, para que el cuidado no dependa únicamente del instituto o institución responsable de salvaguardarlos.

Nuestra fotografía principal ilustra al Kiosco Morisco a finales del siglo XIX, cuando se encontraba en la Alameda Central. Colección Villasana-Torres / A. Briquet, Southern Methodist University. Las fotografías comparativas son de la fuente "Las aguadoras", presente en la Alameda Central.

Fotografía antigua: Colección Villasana - Torres.
Fuente: Dra. Roberta Vassallo, docente de Historia de la Arquitectura en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México.

 

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