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El suizo que decoró el Castillo y el Palacio Nacional

Entre el siglo XIX y XX, existió una casa dedicada a la venta de productos de ornamentación cuyos artículos eran de una calidad tan alta que los podemos seguir encontrando al interior de Palacio Nacional o del Castillo de Chapultepec
Fachada de la Casa Pellandini en la década de 1910, sobre la Calle de Madero
03/07/2019
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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Fotografía actual: David Sánchez
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

Cada casa de la Ciudad de México tiene su propia personalidad, las familias se encargan de dársela a través de los colores con los que están pintadas las paredes y con las fotografías o cuadros que cuelgan sobre ellas; también con el estilo y la disposición de los muebles y si es de su agrado que al interior existan, por ejemplo, plantas o espejos.

Seguramente la decoración del hogar se dio desde épocas antiquísimas, con ornamentos que quizás hoy no entenderíamos -por su estética o por su función que “no van” con la época-; sin embargo, a finales del siglo XIX, el nombre de Claudio Pellandini se volvió famoso en la aristocracia mexicana.

Era un empresario suizo que se dedicó a decorar los salones, palacios de gobierno o casas de las familias más importantes de diversas ciudades del país con vitrales, marcos -desde sencillos hasta con “pan de oro” (aplicación de hoja de oro)-, esculturas, tapices importados, espejos, grabados artísticos, entre otros.

Estableció su primera tienda en 1839, en el número 10 de la 2ª calle de San Francisco, hoy Francisco I. Madero. En entrevista con María Eugenia Cuevas, investigadora de las artes aplicadas y diseño gráfico en México, la tienda en sus inicios “sólo ofertaba marcos, cristales para espejos y grabados artísticos, pero con el paso del tiempo su empresa fue prosperando e incorporó la venta de muchos otros artículos de baja y alta calidad”.

El primer piso estaba destinado para la exposición del surtido que la casa tenía y en el segundo había un salón elegantemente decorado con los principales objetos artísticos de su catálogo.

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Mapa de finales del siglo XIX que muestra la ubicación de la Casa Pellandini. Colección Villasana - Torres.

Cuevas explica a EL UNIVERSAL que el éxito de la tienda se debió a la visión de su creador: detectó qué productos no se vendían en el país y que probablemente se volverían del gusto de todos los habitantes al momento de decorar sus casas.

Como todo gran empresario, pasó de importar la mayoría de sus artículos a construir una fábrica donde pudiera producirlos de manera local, además de que logró ser distribuidor de productos exclusivos, como las afamadas pinturas laqueadas “Ripolin”.

La fábrica de 12 mil metros cuadrados, abrió sus puertas en julio de 1895 con maquinaria importada de Europa y de los Estados Unidos. En su interior se encontraban talleres para la producción -o reproducción- de esculturas en mármol, bronce y terracota, espejos venecianos y florentinos, acuarelas de famosos artistas, grabados y una gran variedad de fotografías.

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Fotografías del “Álbum Oficial del Comité Nacional de Comercio” que documenta el interior de uno de los talleres de la fábrica de C. Pellandini a finales del siglo XIX. Colección Villasana - Torres.

La fábrica contaba con varias secciones y llegó a contar con 200 empleados; el departamento más grande era el de biselado y decoración de cristales, que tenía 27 máquinas eléctricas francesas y americanas para biselar, grabar y pulir toda clase de cristales -de hasta 4.50 m de largo- y era operado por más de veinte hombres.

La calidad de los vitrales de la fábrica Pellandini se puede comprobar en los vitrales del Salón de los Embajadores de Palacio Nacional, en el Castillo de Chapultepec o en el Gran Hotel de la Ciudad de México; fueron la única empresa establecida en México que fue reconocida por la distinguida fábrica francesa Saint-Gobain como “su único representante y depositario exclusivo en toda la República Mexicana. La gran casa manufacturera de Saint-Gobain fue, junto con la fábrica de los Gobelinos y las Porcelanas de Sèvres, una de las glorias industriales de Francia”, explicó Cuevas.

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Claudio Pellandini, quien se encuentra al centro y portando un sombrero, con sus empleados. El Mundo Ilustrado, 1º de diciembre de 1901. Cortesía María Eugenia Cuevas.

El 14 de mayo de 1905, El Mundo Ilustrado publicó el artículo “La Casa Pellandini. Un triunfo legítimo” que permite apreciar el trabajo de la empresa e informa que ésta había participado en “el Pabellón de México en la Feria de Saint Louis (Missouri), donde había obtenido el Gran Premio por su valiosísima exhibición de vidrieras artís­ticas y el primer lugar en espejos.

El artículo culminó diciendo que: “En cuanto a marcos, ¿quién no ha visto en los salones de la casa los bellísimos marcos estilos florentino, Renacimiento, Luis XV y Luis XVI? Precios muy reducidos que se encuentran generalmente al alcance de todas las fortunas”.

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Fotografía del “Álbum Oficial del Comité Nacional de Comercio” que documenta el interior de uno de los talleres de la fábrica de C. Pellandini a finales del siglo XIX. Colección Villasana - Torres.

La empresa estaba tan consolidada, que en sus anuncios publicitarios sólo aparecía el nombre del propietario y enlistaba todos los productos del campo de las artes decorativas y gráficas que tenían a la venta: vidrios, cristales y lunas; tragaluces, vidrieras artísticas o marquesinas; obras de arte, estampas o grabados; espejos, jardineras, material artístico, vitrinas o muebles para exhibición, papel tapiz, marcos florentinos o pintura en porcelana.

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Anuncios publicitarios de la Casa C.Pellandini; que tuvo locales en la capital mexicana y en Guadalajara, en “López Cotilla 43 y 45”. Cortesía María Eugenia Cuevas.

De acuerdo con la investigadora, ciertos anuncios publicitarios permiten inferir que la fábrica siguió su funcionamiento hasta después de la Revolución; sin embargo, no hay ninguna documentación que nos diga qué pasó con la familia Pellandini durante la segunda mitad del siglo XX.

Desde su punto de vista, el trabajo de Claudio Pellandini no se ha estudiado con la relevancia que se merece, ya que gracias a su empresa decenas de familias tuvieron la oportunidad no sólo de decorar sus hogares, sino que hubo cientos de empleos al mismo tiempo que ponía la producción de obras artísticas y artesanales en las manos de talento mexicano, haciéndolo valioso y reconocido en varios países del mundo.

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Así luce una esquina de lo que solía ser parte de los talleres de la fábrica Pellandini. Cortesía David Sánchez.

La fotografía principal es la misma que aparece en la comparativa antigua, se trata de la fachada de la Casa Pellandini en la década de 1910, sobre la Calle de Madero, mientras que la otra es una imagen actual del mismo lugar en 2019. Colección Villasana.

Fotografía antigua: Colección Villasana - Torres.

Fuente: Martha Eugenia Alfaro Cuevas, Doctora en Historia del Arte, Investigadora sobre la historia del Diseño en el CENIDIAP (Centro de Investigación Documentación e Información de las Artes Plásticas) INBAL: Jorge Unna Gerson pionero del diseño industrial en México. El rescate de una empresa potosina (1889-1922) Tesis de Doctorado en Historia del Arte, UNAM; 2010 y  Martha Eugenia Alfaro Cuevas,  "Un acercamiento a la historia del diseño en México: el caso del empresario Claudio Pellandini a través de El Mundo Ilustrado", en revista Encuadre. Revista de la Enseñanza del Diseño Gráfico, febrero 2007, volumen 2, número 10.

 

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