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El lado olvidado y devastado de Reforma

En 1950, expertos comenzaron a proyectar la extensión de la icónica avenida. En 1964 la prolongación atravesó lo que en tiempos del Porfiriato se consideró una zona marginada
Obras de la prolongación del Paseo de la Reforma
23/06/2019
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Texto: Susana Colin Moya
Fotografía actual: Valente Rosas
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

El Paseo de la Reforma, quizá la avenida más famosa de la Ciudad de México, tiene dos caras. Desde las Lomas de Chapultepec hasta la glorieta de Bucareli, donde alguna vez estuvo “El Caballito” de Carlos IV, es el lado monumental. Zona de grandes museos, edificios y reconocidas estatuas.

Más al norte, a partir de la iglesia de San Hipólito, el panorama cambia. Se trata, según testimonios, del lado olvidado de Reforma, donde las banquetas, pavimento y camellones, no son de la misma calidad del tramo anterior.

No es casualidad, la división se debe a que esta parte del Paseo de la Reforma fue una prolongación del tramo original concretada en 1964. Dicha extensión, justificada en dar salida al tránsito de la zona, rompió la estructura de barrios que habían quedado al margen de la modernidad desde el Porfiriato: las colonias Guerrero, Morelos y Peralvillo.

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Comparativa de los camellones de Reforma: a la izquierda el tramo a la altura del Ángel de la Independencia y a la derecha su prolongación, imagen actual.
 

“El proyectazo”, planear una ciudad en los años 50

Aunque la prolongación de esta avenida se realizó en los años 60, se proyectó desde 1950. El ingeniero Luis Ángeles, subdirector de la Comisión de Planificación del entonces Distrito Federal, presentó una serie de reformas a la zona central de la ciudad, las que incluían prolongar al norte las calles de 20 de noviembre y San Juan de Letrán, al sur Pino Suárez y al Noreste el Paseo de la Reforma. Por ser un plan ambicioso y hasta irreal (se calculaba que tardaría 50 años de ejecución) fue llamado por la prensa “proyectazo”.

Para debatir la viabilidad de la propuesta, la Comisión de Planificación del entonces Distrito Federal, integrada por representantes de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, el Banco Nacional Hipotecario Urbano, el Colegio Nacional de Arquitectos, la Liga de Defensa de Propietarios de Casas y la Dirección de Monumentos Coloniales, se reunía una vez al mes.

Estas discusiones eran acaloradas, incluso se llegaba a razonamientos hirientes, según se reportó en la sección dominical de este diario, Revista de la Semana. Muchos intereses estaban en juego, se trataba de obras que implicarían una gran inversión económica.

Entre los tópicos que provocaron controversia estaba la destrucción de inmuebles coloniales que implicaba el “proyectazo”. Quienes defendían las prolongaciones de calles argumentaban que estos “sacrificios” eran en beneficio de la ciudad. Afirmaban que todos los elementos de la vida de la urbe debían estar sujetos al punto de vista técnico.

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Plana de EL UNIVERSAL, 10 de junio de 1951 donde se exponen los inmuebles coloniales en riesgo por la realización de el "proyectazo”. En el caso de la prolongación del Paseo de la Reforma se señalan el Hotel de Cortés (esquina inferior izquierda) y la Ex Aduana/Garita de Peralvillo (en medio).

Por otro lado, se encontraban los defensores de los patrimonios de la nación, como llamaban a los inmuebles coloniales que por su ubicación interrumpían el plan de las nuevas avenidas.

Un logro para este bando fue la modificación al trazo de la prolongación del Paseo de la Reforma para salvar la ex aduana de pulques de la vieja Garita de Peralvillo, que en ese entonces funcionaba como Escuela “Gabriela Mistral” (hoy es el Museo Indígena).

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Esquema de la modificación, autoría del arquitecto Manuel Ortiz Monasterio, señalada con las líneas punteadas. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

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Edificios de la Unidad Tlatelolco todavía en construcción. En la parte inferior el trazo de la prolongación de la Reforma y la Garita de Peralvillo. Foto: Ciudad Tlatelolco.

El autor de este cambio fue el arquitecto Manuel Ortiz Monasterio, quien aceptaba que para el progreso y la re-planificación de la ciudad se necesitaban “pequeños sacrificios”, siempre en los límites razonables.

“Pero en ninguna forma estoy de acuerdo con la despiadada y muchas veces inútil destrucción que en el pasado han venido haciendo de nuestros monumentos históricos y artísticos” dijo el arquitecto en la reunión de diciembre, 1951.

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Plano de 1929 sobre el cual se señalan las prolongaciones y ampliaciones que proponía el "proyectazo”. Cortesía: ingeniero Manuel Aguirre http://mexicomaxico.org/

El proyecto de prolongar Reforma quedó en pausa algunos años hasta finales de los 50, cuando se retomó como una de las vías que conectaría a la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco con el centro de la ciudad.
 

Memoriales de la destrucción

En 1959, el reportero de este diario, Rubén Salazar, refiriéndose a la colonia Guerrero escribió: “pues bien, ese barrio va a ser demolido dentro de poco. Ya están hechos los planos para acabar con la lepra, como que por ahí pasará la prolongación del Paseo de la Reforma”.  Tal comentario evidencia la estigmatización que caracterizó a estos lugares desde muchos años atrás.

La zona norte del centro permaneció al margen del orden urbano de la ciudad por siglos, afirmó en entrevista la historiadora Clementina Battcock, quien ha estudiado el devenir del barrio prehispánico de Cuepopan, hoy Santa María la Redonda, colonia Guerrero.

“Los arquitectos de la mitad del siglo XVIII se sorprendían de que en este sitio se conservara la traza prehispánica y que la gente se resistiera a repensar sus modos de habitar” comentó la investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del INAH.

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Mapa de los barrios que conformaban la delimitación prehispánica Cuepopan, sobe la traza urbana actual. Del extremo inferior izquierdo al superior derecho, se nota la prolongación del Paseo de la Reforma. Crédito: Clementina Battcock/ INAH

Según la estudiosa, durante el Porfiriato, estos espacios fueron considerados “no dignos” de las obras modernizadoras, las cuales se concentraron en el sector sur poniente. Los barrios no se vieron involucrados en estos proyectos urbanos, lo cual favoreció a su ya tradicional connotación de espacios marginales y olvidados.

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Obras de la prolongación a la altura del edificio de La Prensa. Al fondo, la colonia Guerrero. Colección Villasana-Torres.

Víctor Rosas, oriundo de Santa María la Redonda, recuerda bien cuando el Paseo de la Reforma llegó a su barrio.

Esta prolongación no fue la única obra que modificó la traza urbana de este lugar; pocos años antes Santa María la Redonda, hoy Eje Central, fue ensanchada. De igual forma, la calle de Violeta se prolongó hacia el oriente, destruyendo el Callejón del Obispo, del que aún quedan restos.

Víctor era un muchacho de 12 años que se juntaba con sus vecinos para jugar futbol contra las otras pandillas que se formaban en cada cuadra. Cuando la destrucción se avecinaba, comenzó a ver que muchas casas comenzaban a ser abandonadas.

Recuerda que se escuchaban rumores de que se construiría una nueva avenida y cuando se dio cuenta ya había empezado la demolición de algunas vecindades. “Por ejemplo, la calle de Galeana. Ahí tenía muchas amistades que se fueron, toda esa gente desapareció cuando pasó Reforma”, contó en entrevista.

La iglesia de Santa María la Redonda, construida en 1524, se salvó; quedó en el límite del paso de Reforma. De hecho es posible mirar la parte trasera cuando se transita por esta avenida, entre las calles de Pedro Moreno y Obraje. 

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Así lucía la parte trasera del templo de Santa María la Redonda en la década de los años 30 sobre la calle de Galeana. Foto: INAH.

La que no tuvo la misma fortuna fue la pequeña capilla del Panteón de Santa Paula. Construida durante el siglo XVII y ubicada a unas cuadras, pereció bajo la picota del progreso.

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Capilla del panteón de Santa Paula durante los años 40. Aunque el panteón ya había sido clausurado, con la obra de Reforma algunos restos humanos fueron exhumados. Foto: INAH-SINAFO.

“Hay una anécdota, cuando ampliaron aquí y tiraron el pedazo que quedaba del Panteón de Santa Paula, empezamos a jugar futbol con las cabezas de las calaveras” relató divertido y orgulloso Víctor. Los muchachos colocaban los cráneos recién desenterrados en fila y les apuntaban con sus resorteras. También buscaban si entre los huesos encontraban algún diente de oro.

El señor Víctor platicaba sobre sus memorias mientras arreglaba un refrigerador en la entrada de su hogar; un edificio del siglo XIX adecuado como vecindad, en la calle de Riva Palacio. Le preguntamos si cree que Reforma rompió en dos a su colonia, se detuvo y nos compartió:

“Fíjate que es una situación que he analizado, porque una calle que tiene facilidad para cambiarse de un lado a otro no tiene problema. Cuando no estaba Reforma nos juntábamos con los del otro lado porque nada más atravesabas cualquier callecita. Ahora no, ahora tienes que atravesar toda la avenida. No está fácil y menos ahora… si quieres pasar en horas pico ¡menos!”

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Foto tomada desde San Juan de Letrán, hoy Eje Central, hacia el norte. Atravesando en diagonal, el recién trazado de la prolongación de Reforma. También se ve la recién apertura de la calle de Violeta en Santa María la Redonda. Foto: La Ciudad de México en el tiempo. 

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Fotografía aérea del paseo de la Reforma. La glorieta verde es la de Violeta, aún no tenía la escultura de Simón Bolívar. Más a la derecha está la glorieta de Santa María la Redonda (hoy Eje Central), sin la escultura de José de San Martín. Al fondo la Unidad Tlatelolco. Foto: La Ciudad de México en el tiempo. 

Como éste, existen otros registros que dan cuenta de la destrucción. Tal es el caso de la película Tívoli. Basada en hechos reales, narra los últimos meses de este teatro de revista donde se exhibían espectáculos de bailarinas exóticas y desnudos.

En el filme, dirigido por Alberto Isaac y estrenado en 1974, el Tívoli quedaría en pie justo frente a Reforma. Al enterarse, el regente pidó que se construya una glorieta para que el edificio se demoliera. Se trata de una crítica a Ernesto P. Uruchurtu, entonces regente de la ciudad, y a su política contra los espacios de entretenimiento nocturno de la época.
 

Pequeña cápsula televisiva que anunció la destrucción de algunos edificios por la obra. Al final se presenta el edificio del Tívoli.  

“Parece bombardeada una céntrica zona capitalina. Edificios con historia y sin ella son eliminados” se leyó el 25 de agosto de 1963 en este diario. La prolongación del Paseo de la Reforma y los nuevos trazos a las calles de Juárez y de Rosales eran el motivo de tal devastación.

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Alrededor de la obra existían muchos rumores, informó de EL UNIVERSAL. Se decía que se tirarían los templos de San Hipólito y el de la Santa Veracruz. “Antes no había tanta información como ahora”, dice Víctor Rosas. Archivo de EL UNIVERSAL.

Entre los edificios afectados estaba el que funcionaba como la Secretaría de Relaciones Exteriores y la sede del PAN, en avenida Juárez.

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A la izquierda, las oficinas del PAN en ruinas. A la derecha, el edificio de Relaciones exteriores, 1963. Archivo de EL UNIVERSAL

Otro edificio que pereció fue el Cine Odeón, el cual dio su última función el 24 de septiembre de 1963, según una nota de este diario. Este inmueble se encontraba en la calle de Mosqueta, colonia Guerrero.

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Fotografía del Cine Odeón y nota informativa que apareció en este diario el 25 de septiembre de 1963. Foto: "La república de los cines"

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EL UNIVERSAL también informó de hallazgos arqueológicos descubiertos durante las obras. Además de restos humanos que fueron entregados a personal del Instituto de Antropología e Historia, las cuadrillas de trabajadores encontraron cuevas que se creyeron pasadizos secretos de tiempos prehispánicos. También se encontraron “pequeñas pirámides” de las cuales no se informó su ubicación.
 

Una moderna avenida para una moderna ciudad

La prolongación del Paseo de la Reforma fue inaugurada el 21 de noviembre de 1964, el mismo día que la Unidad Habitacional Nonoalco Tlatelolco. En EL UNIVERSAL se reportó que la nueva avenida medía 3 kilómetros de longitud por 60 metros de largo y contaba con dos arroyos centrales y dos carriles laterales.

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El entonces presidente Adolfo López Mateos junto al regente Ernesto P. Uruchurtu cortando el simbólico listón para dar por inaugurada la prolongación del Paseo de Reforma el 21 de noviembre de 1964. Archivo de EL UNIVERSAL.

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Curiosos concentrados sobre la nueva y moderna avenida. Al fondo los edificios de la Unidad Tlatelolco y el monumento de Cuitlahuac. 21 de noviembre de 1964. Archivo de EL UNIVERSAL.

Siguiendo la composición y el estilo del original Paseo de la Reforma, en la prolongación se trazaron 5 glorietas: la del “Caballito” y los cruces con Violeta, Santa María la Redonda (Eje Central), Nonoalco y Peralvillo.  

En la penúltima glorieta se colocó el monumento a Cuitlahuac, obra de Ignacio Asúnsolo. Además se adornó el nuevo paseo con 50 jarrones de bronce y pedestales donde posteriormente se colocaron esculturas de los próceres de la patria.

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El monumento a Cuitlahuac fue proyectado por el arquitecto Jesús Aguirre y la estatua fue creación de Ignacio Asúnsolo. Foto poco antes de inaugurada la vialidad. Archivo de EL UNIVERSAL.

Para la apertura de la nueva arteria se adquirieron 185 mil metros cuadrados de terreno y 166 mil de construcción, lo que implicó desalojar a 4 mil 504 inquilinos quienes en su mayoría fueron reubicados en la Unidad de Santa Cruz Meyehualco y la propia Unidad Tlatelolco. El costo total de la obra fue de 142 millones 310 mil pesos.
 

El recuento de lo ganado… y lo perdido

Angélica Gómez, habitante de la colonia Guerrero desde que nació, hace 87 años, guarda con nostalgia una revista de 1938 donde se encuentra un mapa de la Ciudad de México de entonces. “Aquí se ve lo que nos quitaron”, dijo señalando las calles de Mosqueta (hoy Eje 1 Norte), Guerrero y Reforma.

Al mirar el mapa se despiertan los recuerdos de innumerables edificios que ya no están, que fueron destruidos a causa de las ampliaciones y prolongaciones sucedidas en los años 60 y 70. 

Estas obras no sólo destruyeron pequeñas y humildes vecindades como se decía en la versión oficial, también desaparecieron casonas porfirianas que en las primeras décadas del siglo XX fueron adecuadas para funcionar como vecindades. Angélica vivió en una de ellas en la calle de Héroes. El cuarto que habitaba tenía pintados en el techo angelitos.

“Poco a poco hemos quedado aislados” afirmó su hijo, Rafael López, al hacer el balance de lo que los ejes viales han causado en su colonia. El barrio se rompe pero de alguna forma la gente sigue unida ya que a su mirada, la Guerrero siempre ha sido un barrio combativo.

La nueva conexión del norte de la ciudad con las colonias del poniente se retrata en una canción de Chava Flores:
 

El cronista popular canta divertido: “Vino la Reforma a Peralvillo/ ahora sí las Lomas/ ya semos vecinos/ ya sabrás mamón lo que es bolillo”.

En efecto, llegó la Reforma, “pero no la modernidad”, afirmó el maestro en urbanismo Isaac Torres. Basta caminar por esta avenida para encontrar el contraste entre la parte “original” y la olvidada. “Si te fijas, casi no hay fachadas que dan hacia Reforma, y las que hay, son de edificios nuevos” señaló.  

En su opinión, la irrupción de Reforma violentó el trazo anterior: “Si cuando abrieron el paso hubieran tenido la sensibilidad de integrar a estos barrios al paisaje, otra cosa sería” comentó el experto en urbanismo.   

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Muchos de los predios sobre la prolongación de Reforma no tienen puertas hacia la avenida, lo que da sensación de inseguridad al caminar.

La marginalidad y la inseguridad no desaparecieron. En la actualidad continúan resistiendo frente a la  especulación inmobiliaria de la zona. En palabras de Isaac: “Las rutas comerciales y turísticas que van en la dirección de las calles de Madero y Juárez están surgiendo aquí. Con la instalación del Metrobús, esta parte de Reforma comienza a ser más valuada económicamente. Han surgido desarrollos de vivienda del estilo de la colonia Roma”, finalizó.  

“Las obras de prolongación [de Reforma] están planeadas para enriquecer más a los proyectistas,  instituciones bancarias, urbanistas que intervengan, pero no en beneficio de la Ciudad, que está hecha por sus habitantes”  se escribió en este diario  en 1951.

Casi 68 años después, Víctor Rosas, al referirse a la obra, criticó: “Yo no le veo ningún beneficio realmente”

 

Nuestra fotografía principal ilustra las obras de prolongación del Paseo de la Reforma a la altura de la avenida Hidalgo en 1964. La fotografía antigua muestra el mismo fragmento de Reforma pero en 1979. Ambas pertenecen a nuestro archivo fotográfico.  

 

Fuentes

  • Entrevistas a: Angélica Gómez, Clementina Battcock, Víctor Rosas, Isaac Torres, Rafael López, Alejandro Águila y Carlos Villasana.
  • “Cambios y continuidades en un antiguo barrio de la ciudad de México: El caso de Cuepopan. Tlaquechiuhca” (2012) de Clementina Battcock, Perspectivas Latinoamericanas, Revista del Centro de Estudios Latinoamericanos, Universidad Nanzan, Nagoya, Japón.
  • Película Tívoli (1974) de Alberto Isaac
  • La Ciudad de México en el Tiempo
  • Hemeroteca y Archivo Fotográfico de EL UNIVERSAL