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El amor que sobrevivió al sismo de 1985

Al interior de una fábrica textil sobre San Antonio Abad se escribió una historia de amor que sobrevivió al terremoto de 1985. Tiempo después todo cambió
El edificio de la fábrica Carnival derrumbado luego del sismo de 1985.
13/02/2019
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Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez.
Fotografía actual: David Sánchez
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

Se dice que el amor llega en los momentos más inesperados y, a veces, se manifiesta como una premonición en los sueños. Tal fue el caso de Gloria S., ex trabajadora de los talleres de la fábrica de ropa interior para dama Carnival de México, que estaba ubicada en la avenida San Antonio Abad número 138.

Como se mencionó, la empresa hacía prendas para dama, siendo el brasier, las pantaletas y las fajas los productos principales. Los dueños eran considerados como “buena gente” ya que tenían buen trato hacia su personal y con algunos una relación de amistad bastante cercana -como con Daniel; pero de acuerdo a Gloria, no bastaba el cariño para que los dueños pagaran un extra-. Eran los segundos al mando los que tenían un mal trato y tensaban el ambiente laboral.

Hace 40 años, Gloria inició una relación con un compañero del trabajo, “Daniel N.”, y tal cual se tratase de un cuento, tuvo su origen en un sueño: “soñé que estaba en el Metro San Antonio Abad y me caía a las vías, pero él me levantaba y me sacaba. Me quedé muy sorprendida y lo primero que pensé fue en verlo, buscarlo, porque trabajábamos en el mismo lugar. Entonces yo volteaba, lo veía y se me reflejaba el sueño. Yo estaba en costura y él era mecánico. Y siempre buscaba su cara para recordar ese momento en el que él me levantaba de las vías en el sueño”.

Pasaron unos cuantos días antes de que Gloria se le acercara a Daniel, no para hablar sobre el sueño, sino para solicitarle que la ayudara a sacarle filo a sus tijeras, herramienta indispensable para el trabajo de toda costurera. Daniel accedió y mientras afilaba las tijeras, le preguntó cuánto tiempo tenía trabajando en la fábrica.

Esa pequeña charla bastó para que a la hora de la salida, alrededor de las cuatro de la tarde, Daniel la estuviera esperando en la entrada del Metro San Antonio Abad. Él le dijo que si le agradaría que fueran compañeros de viaje, ya que iban para el mismo rumbo: “después me enteré que no era cierto porque vivía en otra parte de la ciudad, pero sólo quería acompañarme”.

Ese acto se volvió rutina con el tiempo y para ambos los viajes entre estaciones se convirtieron en el escenario donde compartían sus gustos y sus miedos mientras iban en camino hacia donde tomaban café o salían a comer… Un día, Daniel le preguntó si estaba interesada en tener “algo” con él, Gloria no lo dudó.

Cuando su relación se hizo pública en el trabajo, varias de sus compañeras intentaron provocarle celos, pero Gloria sabía que Daniel quería estar con ella y siguieron con su ritual de verse en el Metro San Antonio Abad a la salida del trabajo “íbamos hacia Bellas Artes a caminar, luego me acompañaba a la casa y se iba a la suya”.

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“El anillo me lo dio desde que iniciamos (en 1979) y simbolizaba nuestro cariño. Lo acepté porque yo también estaba muy enamorada y convencida de que lo amaba”. Crédito: Gloria/Cortesía.

Gloria recuerda que los días al interior del trabajo eran tranquilos ya que todo mundo se enfocaba a sus labores, “parecía como si todos tuviéramos en la mente trabajo, salgo, me voy a mi casa”, comenta. Su día empezaba a las 8:30 mañana y terminaba a las cuatro de la tarde; Daniel y ella salían a comer al cuarto para la una y regresaban a la una y cuarto -sólo contaban con media hora-.

De San Antonio Abad iban a Metro Bellas Artes a comer comida vegetariana a un restaurante que estaba en frente de la Torre Latinoamericana, atravesando San Juan de Letrán que tiempo después cambiaron por uno más cercano, en las inmediaciones del Metro Chabacano.

El sismo

La fábrica se encontraba en una de las zonas más afectadas por el terremoto de 1985, Gloria recuerda que el 18 de septiembre, una mariposa negra se coló por la ventana al interior del taller. Una de sus amigas le dijo que dichos insectos auguraban que algo malo iba a pasar porque solían traer consigo a la muerte, a lo que Gloria contestó, sarcásticamente, “sí, qué bueno, ojalá que se caiga todo, que se mueran todos, déjala no la mates”.

Al otro día, Gloria llegó en su horario normal -a las 7 de la mañana - y se dio cuenta de que a su bata le faltaba un botón, rápidamente encontró uno similar y empezó a coserlo, de pronto, se sintió terriblemente mareada y pensó que se debía a que en la mañana no había desayunado cuando un grito la estremeció: ¡ESTÁ TEMBLANDO! y de fondo, el estruendo de un plafón cayendo en el suelo.

Ella y sus compañeros salieron corriendo hasta que se encontraron con un policía que no quería abrirles la puerta para dejarlos salir. Una costurera, furiosa y desesperada, le propinó una cachetada tan fuerte que logró aventarlo para poder abrir ella misma el zaguán:

“Cuando salimos, yo pensé que hubiera sido mejor quedarme adentro porque afuera estaba horrible. Vi un colchón de cosas, de tierra, de piedra, de trapos, de tijeras, de todo del edificio de al lado, que estaba en contra esquina de donde estaba Carnival.

Pareciera que el temblor había revuelto ese edificio como si fuera una licuadora, tenía más pisos, todo cayó sobre lo que eran las vías del metro y el enrejado, toda la avenida San Antonio Abad estaba prácticamente con un colchón de cosas y por las calles aledañas veías tanques estacionarios que se cayeron de las casas con fugas, un microbús aplastado por un tanque, otro aplastado por piedras”, narró Gloria para EL UNIVERSAL.

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La Calzada San Antonio Abad fue una de las zonas más afectadas en el terremoto de 1985. Colección Villasana - Torres.

A lo largo de la calle se escuchaban los gritos desesperados de las madres por sus hijos, Gloria estaba en estado de shock y por su mente sólo pasaba su familia y Daniel; por inercia, se formó en la fila del teléfono público y fue ahí cuando escuchó a un policía decir que toda la ciudad se había caído, pero ella guardó la esperanza de que en casa todo estaba bien. Cuando fue su turno ante la bocina, recordó que no tenía teléfono instalado en su hogar y tomó fuerzas para salir corriendo con destino a su casa.

Llegó a la esquina y se encontró al hermano de Daniel, preguntándole por él. “No sé”, le contestó mientras su cuñado le advertía que fuera en sentido contrario al conjunto Pino Suárez, que se acababa de caer: “vete para el otro lado, ¿sí?”.

No había transporte para su casa, pero carros y camionetas estaban ofreciendo “aventones”; Gloria se subió y descendió sobre Calzada de la Viga y Ermita Iztapalapa, se dio cuenta que estaba descalza “nunca supe dónde quedaron mis zapatos, estaba raspada, con polvo en la ropa. Me fui caminando desde ahí hasta donde yo vivía, que era en Ermita Iztapalapa, pasando Rojo Gómez, con dirección a la salida a Puebla”.

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Una mujer caminando sobre Calzada San Antonio Abad después del movimiento telúrico aquel septiembre de 1985. Colección Villasana - Torres.

Por fin llegó a su casa, pudo abrazar a su mamá y al poco rato llegó Daniel, quien rompió en llanto, las abrazó y les contó que en cuanto pasó el movimiento telúrico corrió a buscarla, sólo que él iba en camino a la fábrica y ya no lo dejaron pasar sobre Calzada de Tlalpan, por lo que “callejoneó” entre Chabacano y San Antonio Abad, pero su paso quedó bloqueado por los soldados.

Sólo él supo qué hizo para lograr acercarse a las inmediaciones de la fábrica y preguntó que dónde estaba Gloria, por fortuna alguien le dijo que ya se había ido a su casa, por lo que supo que ella estaba bien. Se subió a una camioneta, casi arrastrando porque no se detuvo, llegó allá preguntando por mí y le dijeron que ya me había ido a mi casa.

Regresar a la fábrica fue encontrarse con una situación sumamente triste: los dueños demostraron que no eran tan “buenas gentes” ya que no querían hacerse responsables de nada ni de nadie: los trabajadores esperaron afuera del edificio hasta que alguna autoridad les asegurara que estarían a salvo. El dueño les decía que todo estaba bien y que se tenían que meter a trabajar, pero las paredes y las escaleras estaban despegadas.

Daniel y Gloria decidieron que no entrarían y que seguirían montando guardia para que nadie entrara a trabajar; hasta que fuera seguro. Gloria no recuerda cuántos días esperaron a los peritos de la UNAM para que verificaran si se podía trabajar en el complejo, ya que la maquinaria generaba demasiada vibración y si era inestable, algo muy malo podía pasar.

Una vez obtenido el dictamen de los peritos, se hicieron ciertos arreglos y el dueño dijo que ya se podía entrar a trabajar; abriendo la opción de que a quien ya no quisiera volver se le pagaría su renuncia tal y como lo marcaba la ley.

Gloria y Daniel retomaron sus labores en octubre, pero después de un sismo ella decidió renunciar y partió con su liquidación y con la invitación de poder volver cuando ella quisiera. Daniel siguió trabajando, pero iba todos los días a la casa a verlos y continuaron su vida, pero dejaron de salir a divertirse como lo hacían antes del temblor.

Gloria recuerda que con otros compañeros no fue así, ya que hubo muchos dueños de talleres que se dieron a la fuga sin indemnizar a las personas que se vieron afectadas. Explica que hubo mucho saqueo y que muchas compañeras de otro edificio murieron atrapadas: “los dueños prefirieron sacar las pertenencias, las máquinas, todo, antes que a ellas, los militares sacaron una caja fuerte en lugar de escarbar donde quedaron los cadáveres.

Le dieron más prioridad a las máquinas y a las cajas que a las compañeras. Nosotros estábamos día y noche ahí, haciendo guardia para que los dueños de Carnival no sacaran nada, efectivamente no sacaron nada y volvimos a trabajar pero no fue igual porque queda uno con los nervios destrozados.”

El taller de Carnival fue trasladado a Iztapalapa y después a Hidalgo. La relación de Gloria y Daniel terminó en 1989, nunca se casaron. Él siguió laborando ahí hasta 1990.

El terreno donde estuvo Carnival en San Antonio Abad quedó como tienda, se quitaron los talleres y, al parecer, hoy en día lo rentan otras marcas.

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Vista actual del edificio donde se encontraban los talleres de Carnival, en San Antonio Abad, hoy Calzada de Tlalpan, número 138.

“Gloria, ¿tú crees que ha cambiado la forma de ver el amor en estos 34 años?” le preguntamos, a lo que contestó “creo que el amor es respeto, es entenderse, conversar, comunicación y el afecto de uno hacia otro, pero de ambas partes. Si sólo una da amor y la otra no, no florece ese amor”.

Dice que quizás antes había más sinceridad y entendimiento entre las parejas y que son cada vez menos los casos en los que ella nota, en parejas jóvenes, que haya entendimiento y sobre todo respeto: “ahora oyes a los chavos y los ves y si no están drogándose, no están contentos, si no se dicen majadería y media no se quieren, si no se pegan, gritan o insultan no se quieren, ahora ya difícilmente se encuentra aquella pareja que tiene valores, que se respeta, que le da el crédito a la palabra amor. Si tú amas lo que tu pareja hace, lo que tiene, sus defectos y virtudes, y viceversa, ahí sí hay amor, pero si nada más es de una parte y de la otra es conveniencia, ahí no hay amor.”

Como muchas historias de amor, su relación terminó: “Daniel y yo nos encontramos… nos aceptamos sin caer en egoísmos, de mi parte yo estaba feliz, enamoradísima y él también porque jamás había conocido una persona como yo, y yo jamás había conocido una persona como él, nos entendíamos. Pero todo se acaba, se acabó con dolor del corazón, porque seguimos amándonos, pero aceptando que no podemos estar juntos y para mí eso es satisfactorio, yo prefiero esa separación con dolor, que dañar a otra persona. Así lo acepté y vivo feliz.”, se despidió ella mientras tomaba la mano del hijo que Daniel y ella tuvieron. 

En la fotografía actual se observa el edificio de la fábrica Carnival derrumbado luego del sismo de 1985. Mientras que en la imagen comparativa antigua vemos a Gloria, a la derecha, con sus compañeras de trabajo en la calle Manuel José Othón y calzada San Antonio Abad a fines de los años 70.

Fuentes: Entrevista con Gloria S.
Fotografía antigua: David Sánchez y Colección Villasana - Torres.
 

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