“Si tú no buscas a tu hija, nadie la va a buscar por ti”, dice Jacqueline Palmeros, activista y madre buscadora, al recordar el proceso de investigar y organizar durante más de cuatro años para encontrar a su hija Monserrat, desaparecida el 24 de julio de 2020 en la Ciudad de México y localizada sin vida en el .

Tras la desaparición de Monserrat Uribe Palmeros, Jacqueline, asegura en entrevista con EL UNIVERSAL, vivió revictimización y omisiones por parte de autoridades que debían haber buscado a su hija; sin embargo, ese proceso la convirtió en la fundadora del colectivo Una Luz en el Camino, con el cual ha ayudado a personas que buscan a un familiar.

—Sigo siendo una mamá amorosa, sigo siendo amorosa con todas las personas que me conocen, pero todo se transforma, el coraje se transforma, la frustración, el enojo. ¿Yo qué hice? Transformar todas esas energías que me dejaba la desaparición y feminicidio de mi hija, para poder tener la fuerza, transformé todo en fuerza, en coraje para seguir luchando.

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Así fue como pasó de tener una vida con un empleo fijo a dedicarse en su totalidad a ayudar a las familias buscadoras, difundiendo fichas de búsqueda, asesorando, organizando brigadas y dialogando con autoridades.

¿Jacqueline Palmeros es una activista?

—El nombre de activista te lo da la misma sociedad. Yo buscaba a mi hija y la misma sociedad me puso madre buscadora. No son nombres, no es un empleo ni una profesión que nosotras busquemos, es algo que la misma sociedad deduce: ‘es una madre buscando a su hijo, es una persona que se encuentra activa en tal tema’, pero no es un título profesional, y siempre he dicho que no es algo que nosotras estemos buscando ni esperando. Nos volvemos madres, padres, familias, hermanas buscadoras por necesidad, por amor.

Jacqueline narra que cuando Monserrat desapareció, también lo hizo ella, en referencia a que dejó a un lado su rol de madre y de trabajadora para buscarla.

En un principio hizo una investigación en la cual supo, vía mensajes con mujeres presuntas víctimas de trata, que Monserrat fue llevada por una red dedicada a este delito, quienes la asesinaron y abandonaron en el Ajusco, pruebas que aportó ante la Fiscalía General de Justicia capitalina, pero que no le tomaron en cuenta.

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“Todo tenía sentido, todo empieza a cuadrar, obviamente hoy con el hallazgo de Monse en el Ajusco nos abre un panorama de que todo lo que había al principio era cierto, pero las autoridades siempre se mostraron indolentes, negligentes, omisas e incrédulas a lo que los familiares vamos y les decimos. Al final nos mandan a investigar, pero cuando llegamos nosotras con los resultados de nuestras propias investigaciones, nos tiran de a locas”.

Palmeros buscó maneras de ejercer presión ante la fiscalía, organizándose con familiares y amigos de Monserrat, y luego con familiares de personas desaparecidas que conocía en sus visitas al Ministerio Público.

“Me di cuenta de que a Jacqueline Palmeros no la escuchaban cuando iba a hablar sola, a gritar sola, pero un día estaba esperando entrar con el MP y me encontré a dos mamás y una hermana, y les dije ‘¿y si venimos un día, nos juntamos y les gritamos todas?’.

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“Es ahí que veo lo fuerte que es la colectividad, cómo a una mamá que iba sola no le hacían caso, pero cuando voy con otras activistas, con tambores, con solidarios, mi familia y con tres mamás que también buscaban, entonces sí escucharon a Jacqueline Palmeros, ahí es donde comienza el colectivo Una Luz en el Camino”.

Tras ser despedida de su empleo y ante la falta de resultados en las investigaciones por parte de autoridades, organizó la primera búsqueda masiva en el Ajusco, con el dinero de su finiquito.

“Se llamó Justicia por Monserrat, que fue en 2021, y recuerdo que hubo solamente una persona de la comisión [de Búsqueda de Personas] que me ayudó con esa búsqueda, pero las autoridades estaban incrédulas a que fuera a encontrar algo”.

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Buscadoras de 16 estados participaron en esa primera brigada, narra Jacqueline, donde se encontraron los restos de una mujer que posteriormente se supo era Margarita Carmona, quien no fue buscada debido a que su mamá no sabía leer ni escribir.

“Le dijeron [a la mamá de Margarita] que no había nada que hacer. Su carpeta de investigación cuando la revisé, porque le di seguimiento y estamos en el proceso de acceso a la verdad y justicia, la carpeta de investigación eran seis, siete hojas. No la habían buscado nunca, la fiscalía nunca la buscó”.

Para ella, todo el sacrificio vale la pena cuando las familias le agradecen o le dan una bendición.

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Jacqueline le llama caja de Pandora al descubrimiento de restos de personas desaparecidas en el Ajusco, con lo cual se mostró un fenómeno que antes no se había visibilizado en la Ciudad de México.

Por ello, seguirá en su trabajo con familias de personas desaparecidas, en la búsqueda de acceso a la justicia y la no repetición.

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