Los feminicidios que se registraron la semana pasada, el de una agente de la Policía de Investigación (PDI) adscrita a la fiscalía capitalina, y el de un enfermera del Hospital Tláhuac, según las primeras investigaciones tienen algo en común: sus agresores aparentemente son sus exparejas.

Esta situación alertó otra vez a organizaciones feministas, pues detallan que a la fecha las agresiones vienen de las parejas de las víctimas, situación que advierten, no va a cambiar hasta que no se endurezcan las leyes y existan propuestas preventivas y no reactivas para erradicar el feminicidio.

Aunque el feminicidio de la Policía de Investigación se dio en el Estado de México, pues ahí se encontró el cadáver, las indagatorias revelan que todo empezó en la capital.

La víctima y su asesino salieron de la alcaldía Gustavo A. Madero, y fuentes cercanas al caso indicaron que buscaban “reconciliarse”; ella confió y eso le costó la vida.

Sobre el caso de la enfermera, Karina Napols, sus familiares señalan que también ya se había quejado de agresiones, sin embargo no denunció los hechos y por esa situación ninguna autoridad actuó.

“Ese es el tema que exigimos y que gritamos en todas las marchas, estamos hablando de una oficial preparada, con un arma y los conocimientos necesarios para defenderse, trabajaba en la propia fiscalía y aún así la mataron y el criminal sigue impune, los trabajos son lentos aunque se trate de su propia gente”, expuso Joselin Contreras, activista y penalista de la UNAM.

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