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Martín Hernández busca convertir una oquedad abajo de su casa en un atractivo turístico que conecte con una pirámide artificial —que él mismo está construyendo— y una cascada natural. (JORGE ALVARADO)

“Visite la caverna bajo mi casa”

01/09/2018
02:44
Claudia González
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Martín encontró una oportunidad debajo de su casa: una caverna que decoró y adecuó para que visitantes puedan explorarla

Temascaltepec, Méx.— Desde hace 20 años, Martín Hernández descubrió por accidente una cueva debajo de su casa, en el poblado El Varal, municipio de Temascaltepec, y a partir de entonces busca convertirlo en un atractivo turístico que conecte con una pirámide artificial —que él mismo está construyendo— y una cascada natural. La caverna está decorada con pinturas rupestres y utensilios de caza.

El lugar se localiza en el kilómetro 22.5 de la carretera a Sultepec, que es la zona sur del Estado de México. Ahí está el pequeño pueblo donde se formó una caverna que él decidió ampliar y decorar con símiles de pinturas rupestres, así como utensilios antiguos que buscan reflejar las diferentes etapas de la humanidad. “Lo que queremos es que se vea como lo dice la historia, la forma en que vivían antes de Cristo”, dice.

Martín es el propietario de este predio en el que halló por casualidad, debajo de su vivienda, la formación rocosa de tepetate.

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El interior de la cueva está decorado con imitaciones de pinturas rupestres, figuras de jeroglíficos y utensilios antiguos que buscan reflejar las diferentes etapas de la humanidad.
 

Ese material, comenta, la convierte en una construcción segura. Por ello, le nació la idea de transformarla en atractivo para su localidad, el único lugar donde se podría pasar el día dentro de una cueva. Aunque desde hace un par de años está abierta al público de forma gratuita, pretende terminar la construcción del nuevo atractivo turístico en cinco años para poder comenzar a cobrar.

El diseño y las pinturas no tienen una secuencia cronológica de los cambios en la humanidad, sino busca ser llamativo, pues el propietario no tiene una asesoría académica sobre las etapas de la historia.

“Fue un accidente como la encontramos, incluso una vez pasó un ingeniero y pensó que por un temblor se había caído una parte de la tierra, pero no fue así, con palas, picos y herramienta lo hemos ido ampliando, afinando hasta que quede como una verdadera cueva que conecte con varios puntos”, relata.

Martín tiene aproximadamente 20 años dándole forma al lugar, pues lo que encontró inicialmente era un boquete pequeño en la tierra, al menos de la mitad del tamaño que tiene ahora, pero debido a su trabajo la amplió hasta convertirse en una especie de laberinto subterráneo por donde los visitantes que ya tienen se entretienen varias horas.

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En principio se trataba de una formación con dimensiones pequeñas, pero hoy una persona de hasta 1.70 metros de altura cabe dentro de la oquedad.

“Lo que estamos buscando es lograr que se convierta en una atracción porque se podrá conectar con otros caminos, donde habrá también formaciones parecidas a las cuevas y que da con una cascada, donde nace el agua arriba, en la superficie, además de haber una pirámide, todo eso en plena carretera hacia Temascaltepec”, detalla.

En las inmediaciones de este lugar hay sólo bosque; en el entorno es casi imposible encontrar viviendas o construcciones, están sólo la cueva y la casa de Martín en la parte superior. Esto permite que incluso los curiosos acudan con casas de campaña, coman en el pequeño restaurante que forma parte del proyecto turístico y luego acampen en las inmediaciones.

A este lugar, la familia Hernández llegó para vivir de forma permanente hace apenas cinco años, porque el papá de Martín quedó viudo y está solo, de modo que decidió mudarse junto con su esposa y retomar la vida que tuvo en ese poblado cuando era niño, pero con una nueva meta: crear su propio espacio turístico.

Día y noche, con pala y pico, este hombre va dando forma a las cavernas. Construye al mismo tiempo una pirámide del otro lado, por donde estará la salida de cada cueva, además de proyectar un pequeño restaurante familiar más formal en la parte exterior.

La combinación de las pinturas es una mezcla entre épocas y culturas, porque aparte de lo rupestre, hay jeroglíficos, que son las formas que se alcanzan a observar de primera instancia, pues están en la fachada.

Martín presume de crear una caverna iluminada, con lo necesario para respirar aire puro y, afirma, también vivir una aventura que pocos pensaron porque las cuevas no son comunes en el Valle de Toluca.

“Sí hay poca gente alrededor, pero quienes pasan porque van hacia algún lado de la zona al sur, esos sí se detienen y pasan a ver el atractivo, entrar, se mojan con el agua y siguen su camino”, refiere.

Martín asegura que su trabajo diario y constancia le han permitido tener un avance significativo en poco tiempo para su proyecto.

Sin embargo, comenta que le falta apoyo económico para avanzar más, por ejemplo, rentar maquinaria con la finalidad de dar el adecuado tratamiento al tepetate y la formación rocosa sea atractiva al público.

Reconoce que por el momento no ha tenido acercamiento con ninguna autoridad gubernamental para recibir apoyos financieros, pues incluso acepta que desconoce con quién debería acudir para ello. Pero, afirma, no pierde las esperanzas de que su lugar se convierta en un punto de atención que atraiga las miradas incluso, del ayuntamiento. “Puede ser una forma de distraer a los niños de esta zona porque no hay muchos atractivos turísticos, si bien cada localidad tiene un centro, una plaza pública comunitaria, no siempre hay atracciones para pasar un día”.

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