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El Oro, Méx.— Desde finales del siglo XX, en el municipio existe una bebida color esmeralda que está elaborada a base de hierbas y anís, a la cual se le atribuyen propiedades curativas: la chiva.
Los habitantes aseguran que el preparado artesanal cuenta con propiedades que alivian sustos y corajes por el trabajo en las minas, y actualmente también es considerado como un remedio ideal para el empacho.
Marina López Velázquez es la heredera de la receta de su bisabuela María Garduño y de su abuela Emilia Quintana, quienes en el siglo XIX la llamaban “amargo” por las hierbas que la componen; sin embargo, acceder a la lista completa de los ingredientes es imposible para quien no es de la familia.
“La bebida debe ser cordial, un equilibrio entre hierbas amargas y dulces que no afecte el paladar. Algunas son calientes, otras frías, pero son 18 especies que después serán procesadas para consumirlas y sentir alivio”, indica.
La vocación de El Oro siempre fue la extracción de minerales, y los trabajadores inicialmente consumían la mezcla para curarse el espanto, pues, según las abuelas de Marina, era común ver fantasmas durante el trabajo bajo tierra.
“Se creía, por ejemplo, que las mujeres no debían descender, porque era de mala suerte. Igual se pensaba que las personas que perdían la vida en la mina dejaban su alma atrapada”, platica.
“Es un excelente digestivo, pero no es medicinal. Además ayuda para cuando alguien hace un coraje muy fuerte. Se bebe con agua, con hielos o sola”, aclara.
Trascender no ha sido fácil, porque si bien los turistas “se enamoran de la bebida”, no pueden exportarla, porque ese nivel de comercialización requiere cumplir con medidas que actualmente no tiene esta pequeña familia.
El negocio en el que se vende es la casa familiar, una enorme propiedad típica de provincia donde prevalece el estilo rústico y desde la entrada se respira el olor a una mezcla extraña.
En la tienda participan la hermana y el cuñado de la señora Marina; ahí envasan, etiquetan e incluso arman arcones con dulces típicos y mermeladas caseras.
La elaboración va desde seleccionar las hierbas que crecen en el campo hasta la cosecha, que consiste en ponerlas a secar en petates tejidos de palma y, tras deshidratarse, las maceran en alcohol.
Todo el trabajo se realiza en cerca de tres meses y por eso otras marcas que intentaron copiar la receta no lo lograron.
“Aquí todo es artesanal. Tenemos la marca registrada como el Gourmet de Marina Artesanal, y nos da orgullo haber cruzado fronteras, pero nos hace falta cumplir con muchas normas para exportar formalmente”, dice Marina.
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