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"Hay tres sobrevivientes , pero necesitamos calma. Aquí no hay héroes, sólo gente que quiere apoyar"

Es la 1:30 de la madrugada. Hace casi 12 horas que un edificio entre la calle Torreón y Viaducto, en la Roma, colapsó a causa del sismo de 7.1 grados.

La tarde que presumía ser cualquiera mutó con un alud de cemento que cientos de voluntarios quieren desaparecer con ánimo, pero también con desesperación.

Los brigadistas calman los ánimos de decenas de personas, hombres y mujeres, que han llegado con picos y palas para remover los escombros.

La policía capotalina ha hecho un cerco para dosificar el apoyo, pero muchos se impacientan y quiebran las filas de seguridad para unirse a cualquier tarea.

Mover botes con cemento es la más habitual, pero también hay quien ofrece sus manos para picar piedras, mover varillas, pedir silencio u ofrecer comida.

El silencio, que se pide empuñando la mano y algunos silbidos, pronto lleva al aplauso y a la decepción. Los brigadistas dicen que hay sobrevivientes pero que se hallan lejos aún.

Lo saben porque introducen largos tubos de PVC a los escombros y, en medio del silencio colectivo, dicen escuchar unos quejidos.

Dentro del perímetro mas corto hay paramédicos, bomberos, soldados y trabajadores de maquinaria pesada. A la distancia, familias con niños que ofrecen tortas y café.

"Ellos me pidieron venir", dice un voluntario de nombre Eduardo que trajo a su esposa, hijo y sobrino para dar alimentos a quien lo requiere.

Los niños están alejados de la tragedia en distancia pero no en emociones. "¿Quiere torta, café?", dicen a los voluntarios que a veces agradecen el gesto y otras no: están más preocupados por cooperar.

Una vez adentro y de entre los escombros, se tropiezan con decenas papeles, juguetes y ropa.

Los brigadistas requieren cubrebocas, agua, gotas... Los médicos los apoyan y aguardan: necesitan sobrevivientes.

Sobre el Viaducto Miguel Alemán, los autos tocan el claxón. Gritan: Viva México. Es un apoyo que nadie parece advertir, pero se escucha.

Esta no es aún una historia con final feliz. Hay que picar piedra. Todos lo hacen, se animan y echan porras. Hay café y esperanza para una noche larga.

ml

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