No me gusta ordenar comida a domicilio. Si no es fast food, la probabilidad de ob- tener un rompecabezas culinario es al- ta. Y qué decir decir de las decenas de envases y bolsas que deben ser cortadas, vaciadas o calentadas para luego, sumarse a la basura que no se degradará en más de un siglo, en el caso del plástico.

Crónica de un delivery
Crónica de un delivery

Así que opté por el delivery a causa de familiares que pertenecen a la po- blación de riesgo. Porque no, no voy a compro- meter su salud por acudir a un restaurante. Difícilmente pediría “alta cocina”. Aunque conocida marca con entrega a domicilio, logró persuadir a renombrados chefs de integrarle dos ruedas a su propuesta gastronómica. Al diablo con la temperatura, el emplatado o la experiencia, es mejor mal pagarle a los em- pleados de dichas plataformas, a pesar de que un plato pueda costar más de mil pesos y todavía se tenga el descaro de agregarle envío.

Ante la cuarentena, los restaurantes han cambiado menús, horarios y rangos de entrega. Todo con tal de seguir operando. En el proceso, algunos amateurs se integraron a la oferta, pero no todos poseen la capacidad o el conocimiento para hacerlo bien. Al final es un negocio y el cliente espera recibir algo por su dinero. Como experimento, elegí una cocina fantasma , de comida de Medio Oriente y una neo célebre cuenta de Instagram de pastelería. El primero fue sencillo. Hay que hacer el pedido a la vieja usanza: vía telefónica. En menos de 45 minutos, la comida estaba en la puerta de mi domicilio, traída aparentemente por alguien del mismo local.

Al parecer nos tendremos que acostumbrar, porque no se ve para cuándo terminará la pandemia.

Crónica de un delivery
Crónica de un delivery

Hummus, labneh —jocoque seco de keffir —, babaganush —dip de berenjena rostizada— y ensalada israelí —pepino, jitomate, cebolla morada, pimiento verde— componen el primer plato de raciones pequeñas, pero sustanciosas. Los detalles como nuez, miel y gra- nada, hicieron el babaganush mi bocado favorito de la triada.

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Le siguió la “ cajita feliz ”, o plato mediterráneo. En su interior: shawarma de pollo, kofta de cordero y res, ensalada israelí, papas fritas y fa- lafel perfectamente acomodados; algunas aceitunas, rajas y pepinillos. Todo ello acompañado con harrisa, toum, tahini y “polvos mágicos”. Dividirlo fue tarea difícil y acabó como protagonista imaginario de la serie Ugly Delicious de David Chang . El remate, fue un kebab de falafel —de haba y garbanzo— y berenjena empanizada y frita.

El suave pan pita se barniza con hummus y es rellenado con ensalada israelí —sí, de nuevo —, papas fritas, encurtidos y salsas de ajonjolí, ajo y picante. Ábrase y cómase.

Es confuso, pero delicioso. Conseguir e l postre fue más laborioso. Hice mi pedido con un día de anticipación. Ordené una mini tarta de queso con dulce de leche y galleta. Realicé la transferencia bancaria, mandé varios mensajes directos por Instagram y al siguiente día esperé de 2 a 7 para recibir la indulgencia. Dulce, cremosa y absolutamente golosa. El aspecto desprolijo de la tarta devela su origen casero, pero forma parte de su encanto.

Crónica de un delivery
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En total fueron $950, precio un tanto elevado al ser comida en casa, pero comimos bien, no hu- bo muchos trastes que lavar y los empaques fueron biodegradables.

Pat Patz

Dirección:

Obrero Mundial 634, col. Narvarte.

Tel: 55 6271 4822

Instagram:

@patpatzmx

Cheque promedio:

$350-$400 pesos

Cuarentena Baking

Instagram:

@cuarentenabaking

Cheque promedio:

$200 pesos

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