Los alimentos fermentados han pasado de ser técnicas milenarias de conservación a convertirse en pilares de la salud digestiva.
Investigaciones recientes confirman que incluir lácteos fermentados en la dieta diaria no solo enriquece la microbiota intestinal, sino que dentro de un patrón de alimentación saludable, pueden ayudar a reducir marcadores de inflamación sistémica y el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, así como enfermedades cardiovasculares.
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Proceso de elaboración: se realiza mediante fermentación láctica en ambiente controlado a temperaturas tibias (alrededor de 40-45ºC). Las bacterias consumen la lactosa y producen ácido láctico, lo que desnaturaliza las proteínas de la leche y coagula el producto de manera uniforme sin fases posteriores de separación.
Tipo de cepas: contiene cultivos iniciadores estándar y específicos. La normativa internacional exige la presencia conjunta de Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus.
Beneficio nutrimental: ofrece un aporte equilibrado de macronutrientes esenciales, calcio disponible de fácil absorción y una digestibilidad de la lactosa muy superior a la de la leche ya que las propias bacterias del yogur ayudan a romper y digerir la lactosa de forma natural.
Usos culinarios: funciona de manera ideal como base para aderezos ligeros, licuados fluidos, salsas frías tradicionales o como agente suavizante en marinadas de carnes debido a su acidez moderada.
Proceso de elaboración: comienza exactamente con el mismo método de fermentación láctica del yogur tradicional. Sin embargo, añade un paso extra: el producto se somete a un filtrado o centrifugado continuo para remover el suero líquido (whey), concentrando los sólidos totales en una masa más densa.
Tipo de cepas: utiliza de base las mismas bacterias lácticas termófilas del yogur convencional, aunque la concentración de microorganismos viables por gramo final suele ser físicamente mayor debido a la eliminación del agua.
Beneficio nutrimental: concentra los nutrientes sólidos, aportando hasta el doble de proteínas por porción en comparación con el tradicional. Al drenar el suero, se elimina gran parte de la lactosa y carbohidratos solubles residuales, disminuyendo notablemente el índice glucémico del alimento.
Usos culinarios: puede reemplazar a la crema ácida o al queso crema en repostería y platos salados. Aporta una textura untuosa insustituible a dips, aderezos, sopas.
Proceso de elaboración: involucra una fermentación mixta (ácido-láctica y alcohólica) que ocurre a temperatura ambiente (alrededor de 20-25ºC). Se realiza introduciendo nódulos de kéfir directamente en la leche; los microorganismos fermentan el líquido y dan como resultado el kéfir. Al concluir el ciclo, los nódulos se cuelan físicamente para ser reutilizados en una nueva tanda.
Tipo de cepas: se trata de una gran comunidad de distintas cepas (se han identificado más de 30). Incluye bacterias lácticas (como Lactobacillus kefiri), bacterias del ácido acético y levaduras fermentadoras de lactosa y no lactosa (como Kluyveromyces marxianus y Saccharomyces cerevisiae).
Beneficio nutrimental: destaca por poseer la mayor diversidad y densidad microbiológica de los tres lácteos fermentados, colonizando el entorno intestinal con alta efectividad. Su degradación de la lactosa es casi absoluta (superior al 99%), haciéndolo altamente tolerable, y produce compuestos bioactivos con propiedades inmunomoduladoras y antibacterianas.
Usos culinarios: su consistencia líquida y sutilmente gaseosa lo vuelve perfecto como base para batidos funcionales, sustituto del buttermilk (suero de mantequilla) en panadería para aportar esponjosidad, o elemento fluido en sopas frías y aderezos emulsionados.
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