Conoce más sobre la cerveza belga

Este Día Mundial de la Cerveza celébralo con una de las tradiciones cerveceras más ricas: la belga

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Foto: istock
Menú 03/08/2018 12:40 ALEJANDRO DUNGLA Actualizada 12:54

Bélgica es un país pequeño, con apenas más de 11 millones de habitantes. Sin embargo, esta nación europea posee una de las tradiciones cerveceras más ricas del mundo, razón por la cual en el 2016, para su protección la UNESCO decidió declarar a la cerveza belga como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

“Lo particular de Bélgica es que hay más de dos mil etiquetas de cerveza. Cada pueblo tiene su cervecería, no hay una ley o receta exacta, se le deja a la imaginación a los cerveceros, que siempre son innovadores, pero al mismo tiempo conservan recetas antiguas de monjes y de abadías”, explica Stéphanie Larose, originaria de Bélgica y representante comercial de la cervecería De Halve Maan.

 

Para hacer cerveza se requieren cuatro ingredientes: agua, malta, levadura y lúpulo. Dependiendo de su estilo de fermentación ser ale o en lager. Aunque Bélgica produce ambos estilos, las de alta fermentación o ale son su especialidad, así como las lámbicas, un estilo de cerveza única por su fermentación espontánea.

“La cerveza lámbica es algo muy propio de Bélgica. Ya se hacen en otras partes del mundo pero la tradición es belga”, afirma Bastien Callens, importador de cerveza y propietario de La Belga.

Las lámbicas son cervezas que se fermentan con levaduras salvajes propias de la región y tienen varios estilos; la base es el gueuze (sin frutas) y la mayoría son ensambles de diferentes lotes que se mezclan de una forma similar a la champaña. Otro estilo de las lámbicas es el faro, donde se agrega azúcar para hacerlas más dulces. El otro estilo lámbico es el que tiene frutas que se dejan macerar con el mosto y aportan sus sabores, azúcares y levaduras a la cerveza. Dentro de éstas es tradicional la kriek (cereza) o la de frambuesa, pero puedes agregar todas las frutas que quieras: manzana, durazno o casís, frutos que puedes encontrar fácilmente en Bélgica”, explica Bastien.

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DE HERENCIA MONÁSTICA

 Durante la edad media, los monasterios, poseedores de grandes bibliotecas, tierras y edificaciones, fueron los centros de estudio y de sabiduría de Europa. Los monjes eran de las pocas personas que sabían leer y escribir, por lo tanto, se volvieron los guardianes del conocimiento, dentro del cual se encontraba el saber elaborar buena cerveza.

“Las abadías en general tenían muchas tierras alrededor, propiedad suya. Poseían campos de trigo y de cebada y tenían animales de carga que alimentaban con los desechos de la producción de cerveza, era un círculo cerrado”, asegura Bastien.

“La gente de los pueblos iba a contar sus historias a las abadías, eso también les permitió a los monjes mejorar la calidad de la cerveza. Ellos fueron los primeros en usar de manera sistemática el lúpulo y en desarrollar diferentes estilos”.

Hoy en día son mundialmente conocidos las denominaciones de cerveza “de abadía” y “trapense”, desarrollados en los monasterios con muchísimos estilos.

“Yo creo que quien se quiera iniciar en el mundo de la cerveza belga puede empezar con una blonde ale, ligerita. Después ya puede empezar a aumentar el nivel de alchol, porque las cervezas belgas tienen a ser al coholicas”, recomienda Stéphanie.

“Ya después pueden empezar con las lámbicas con azúcar de betabel o las que se fermentan con frutas para alcanzar esa notita ácida y luego seguir con una cerveza lámbica pero sin azúcar. Al principio son difíciles de entender, pero son deliciosas”, concluye. 
 

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