Son chicas de nivel socioeconómico alto, pero las marcas, los viajes y los lujos son su objeto de deseo, por eso están dispuestas a dar “amor” a sus sugar daddies
El festejo inició la mañana de un jueves, cuando despertó con 5 mil pesos recién depositados en su cuenta —el primer regalo del día— y un boleto de avión en el buzón de su correo electrónico.
Redacción
Se puso un vestido nuevo, sus zapatos preferidos y un collar que le habían obsequiado sus padres tres semanas antes por aprobar su examen en Derecho Penal en una prestigiada universidad ubicada al poniente de la ciudad de México.
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Revisó su outfit antes de salir de casa y después de aterrizar en el aeropuerto John F. Kennedy, donde la esperaba un regalo: un taxi que la llevó a la esquina de la calle 11 y Hudson, donde se encuentra el restaurante Philip Marie.
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Adentro había una mesa reservada con su nombre. Sentado, esperándola ahí, estaba él: pulcrísimo, perfectamente peinado, con una sonrisa amplia que mejoraba ese fino traje oscuro que lo hacía lucir de 45 años, aunque en realidad tenga 52.