Hasta el momento se han contabilizado 30 kilómetros de pasadizos, los cuales se interceptan y separan bajo el centro de la Ciudad Luz, llegando incluso hasta los suburbios. (Foto: Les catacombes)
Las catacumbas de París conforman un oscuro laberinto de túneles y cavernas. Parte de este circuito subterráneo está abierto al público y es un gran atractivo turístico de la ciudad, pero esa sección es sólo la punta del iceberg.(Foto: Les catacombes)
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Muchos corredores subterraneos tienen nombres de calles. Los "cataphiles", amantes de las catacumbas, quienes lo recorren de manera ilícita descubren un mundo lleno de polvo, barro y partes inundadas, que sin luz proporciona un silencio especial. Una quietud difícil de replicar.(Foto: Wikimedia Commons)
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A finales del siglo XVIII algunas de las canteras se convirtieron en el Osario Municipal de París. Millones de huesos de cadáveres fueron trasladados a estos compartimientos subterráneos por motivos sanitarios y urbanísticos; se quería desocupar los cementerios para evitar infecciones y tener más superficie para expandir la ciudad. (Foto: Wikimedia Commons)
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Los cataphiles pueden ser: los profesionales, que bajan las catacumbas regularmente para explorar y cartografiar la infinidad de corredores y grutas; o los visitantes ocasionales que solo bajan de vez en cuando para disfrutar de una velada relajada. Estos últimos no se alejan tanto de las salidas y más que recorrer se dedican a socializar, incluyendo fiestas clandestinas. (Foto: Istock)
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En el pasado las catacumbas fueron las canteras de la ciudad. Desde este lugar se extrajeron las rocas que dieron forma a hitos como el Museo de Louvre y la Catedral de Notre Dame. (Foto: Istock)