Basura, botellas de cerveza, paredes pintarrajeadas y suciedad son parte de la escenografía cotidiana de la plaza Louis Pasteur, donde se encuentra una estatua en honor al científico francés. Incluso con manifestaciones de fumadores de mariguana, justo frente a la sede del Senado del país. Foto: Juan Boites / EL UNIVERSAL
Hace 105 años, en 1910, el gobierno de Francia donó la estatua a México como símbolo de amistad, en el contexto del primer centenario de la Independencia nacional y a 15 años del deceso del científico. Foto: Archivo/ EL UNIVERSAL
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Porfirio Díaz acudió a poner la primera piedra a la plaza Pasteur, quien en 1864, un año antes de su muerte, desarrolló el proceso conocido como “pasteurización”, para eliminar bacterias patógenas. No obstante, la estatua llegó a México un año después, cuando ya había estallado la Revolución. Foto: Juan Boites / EL UNIVERSAL
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El bronce de Pasteur, obra del escultor Atonín Carlès, se encuentra desde su llegada a México en el cruce de Reforma e Insurgentes, en la colonia Tabacalera aunque desde 2010 está en su lugar actual, debido a una remodelación y a las obras para la construcción de la entonces nueva sede del Senado. Foto: Juan Boites / EL UNIVERSAL
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El espejo de agua está seco. Las lajas sobre el lecho del jardín de rocas están rotas, algunas desparramadas, otras pulverizadas. El pedestal de granito que soporta desde hace más de diez décadas la figura del científico ha sido vandalizado con pintura, al igual que los muros de la fuente, que luce como basurero, como las jardineras a su alrededor. Foto: Juan Boites / EL UNIVERSAL