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El sacerdote Alejandro Solalinde Guerra revela que la invitación que le hizo Andrés Manuel López Obrador para encabezar la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ocurrió el pasado martes 3 de julio, durante la primera reunión del eventual gabinete del tabasqueño, tras haber obtenido la victoria en la elección presidencial.

“En esa reunión nos dijo que él había pensado en proponerme para la presidencia de la CNDH y dijo que si había algún impedimento que lo revisara, pero me dejó las puertas abiertas y adelantó que si yo no podía, me dejaba en libertad para proponer a otra persona. Yo no tengo ningún impedimento porque la CNDH es un organismo autónomo con respecto al gobierno”, señaló.

Sin embargo, Solalinde Guerra aún analiza si acepta o no la titularidad del órgano, dirigido por Luis Raúl González Pérez, quien fue electo por el Senado de la República en noviembre de 2014 por un periodo de cinco años que concluye en 2019. Tras definirse como una persona que ama la libertad, señala que prefiere ser un acompañante moral del próximo gabinete.

El sacerdote que fundó en 2017 el albergue Hermanos en el Camino para atender las necesidades de los migrantes centroamericanos en Ciudad Ixtepec, Oaxaca, explica que es un misionero de a pie, que no se visualiza aún en la CNDH, pero que ya tiene en una mujer “muy trabajadora e incansable” su propuesta alterna. No quiso revelar su identidad.

Detalla que no se decide a darle el sí al tabasqueño porque es “una piedrita en el zapato en la jerarquía católica mexicana” que se la jugó con los poderosos y sigue apostándole a la oligarquía y no quiere, dice, que nadie impugne a Andrés Manuel [López Obrador] por mi persona.

La distancia

El prelado, que en 2012 recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos de la CNDH, lamenta la actitud “ciega y omisa” de los jerarcas católicos que no quieren reconocer la trascendencia de su misión pastoral al lado de los pobres que votaron por el cambio. “La parte romana de la Iglesia mexicana está del lado de los poderosos y no del pueblo”, enfatiza.

A diferencia de los representantes de otras órdenes, como los jesuitas y carmelitas, congregaciones de la Iglesia católica que han respondido al llamado de AMLO para ayudar en la pacificación del país y recomponer el tejido social, la jerarquía católica mexicana sigue ausente en estos momentos en que se construye una nueva etapa en la historia del país, considera.

“En el ámbito de los derechos humanos se vive una grave crisis y el reto de la CNDH será el de proteger eficazmente a los defensores de las libertades y garantías fundamentales de la ciudadanía”.

Solalinde Guerra señala que hay leyes que establecen los protocolos para la protección de los defensores de los derechos humanos y para los periodistas, pero, asegura, no son suficientes porque siguen los asesinatos, los ataques, las amenazas y no pasa nada.

“Los crímenes quedan impunes por eso las nuevas autoridades deben aplicar de inmediato todas las medidas cautelares para proteger la vida de los defensores de las libertades y de los periodistas”.

Adelanta que, de quedarse al frente de la comisión, hará una oficina itinerante por todo el país para hablar con los defensores, periodistas y autoridades de todos los niveles para exigir que se apliquen los protocolos de protección, que se abran las carpetas de investigación, que ninguna amenaza o agresión quede impune.

“Yo no tengo miedo. Yo soy un misionero de a pie y estoy al lado de los que votaron por el cambio, pero también cuidaré de los millones que sufragaron por otras opciones, porque desde la CNDH, si me quedo, cuidaremos que el nuevo gobierno no haga de Morena su partido de Estado, como ocurrió con la simbiosis del PRI-Gobierno“, puntualiza.

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