Indígenas: doble pena por Covid-19

Al menos 20 paisanos guerrerenses han muerto por el virus en Nueva York; familiares enfrentan el dolor de la pérdida y la falta de dinero para recuperar los cuerpos

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Cada año decenas de familias de comunidades indígenas comienzan la ola masiva de migración hacia Estados Unidos en busca de una mejor calidad de vida. Fotos: Salvador Cisneros/EL UNIVERSAL
Estados 24/04/2020 02:05 Arturo de Dios Palma Actualizada 02:23
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Chilpancingo, Gro.- Miguel, un na’savi de La Montaña de Guerrero, falleció por el Covid-19 el 14 de abril en el condado de Bronx, en Nueva York, Estados Unidos.Murió solo, lejos de su esposa y sus cuatro hijos. La última vez que los vio fue hace 10 años, cuando salió de su pueblo para buscar el sueño americano. 

Miguel es un nombre ficticio para evitar que su familia sea estigmatizada.

Tenía 45 años, hace 10 salió de su pueblo en busca de un trabajo con el que pudiera mantener a sus cuatro hijos. Así lo hizo: trabajó en todo lo que pudo, su último empleo fue en un restaurante. Con su esfuerzo logró que a su familia no le faltara alimento ni estudio a sus hijos y envió dinero para construir su casa.

El 14 de abril murió en un hospital del Bronx diagnosticado por Covid-19. El cuerpo de Miguel está en una funeraria para ser cremado, aún no hay fecha para que eso ocurra por las largas listas de espera.

Sus primos y paisanos se cooperaron para pagar el servicio funerario. Lo hicieron contra el tiempo para evitar que el cadáver de Miguel lo enviaran a la fosa común como tantos que murieron por coronavirus y que no fueron reclamados o que sus familias no pudieron pagar los servicios funerarios.

En Estados Unidos, hasta este fin de semana han fallecido 40 mil personas, la mitad en Nueva York, como lo reportaron las autoridades de ese país.

Entre todos esos muertos está Miguel y por lo menos otros 19 indígenas de La Montaña de Guerrero.

Se suma dolor al drama

Para las familias de los indígenas que están muriendo por el Covid-19 en Nueva York, recuperar sus cadáveres se está convirtiendo en otro drama. 

Paulino Rodríguez Reyes es el encargado del área de atención a migrantes del Centro de Defensa de los Derechos Humanos de La Montaña, Tlachinollan. Ha documentado la muerte de 20 indígenas que salieron de los municipios de Alpoyeca, Acatepec, Tlapa, Xochihuehuetlan y Alcozauca.

El defensor no descarta que puedan ser más: en casi todas las familias de La Montaña uno de sus integrantes migró a la Unión Americana.

Paulino también ha documentado las peripecias que están pasando los familiares.

Las 20 historias son muy similares: la mayoría llegó a Estados Unidos de forma ilegal a trabajar en cualquier cosa con el objetivo sostener a sus familias. No tenía ninguna protección, ni derecho, ningún servicio. Sólo dos obtuvieron la residencia para permanecer de manera legal en ese país.

La mayoría murió en la soledad, lejos de sus familiares y sin ayuda.

Sus cadáveres los ha rescatado de las morgues la solidaridad de otros migrantes indocumentados. Sin embargo, la posibilidad de ayudar se va ahogando conforme pasa el tiempo: el cierre masivo de negocios los dejó sin empleo, sin dinero y, peor aún, con la incertidumbre de no saber si regresarán a su trabajo al final de la pandemia. Ni el gobierno estadounidense ni el de México los ha apoyado hasta ahora.

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El Centro Tlachinollan pidió la Cancillería mexicana que apoye a los migrantes que se encuentran sin trabajo debido al confinamiento.
 

El 15 de abril, Tlachinollan informó a la Cancillería mexicana de los fallecimientos de guerrerenses en Nueva York para que ayude a sus familias con los servicios funerarios y también apoye a los migrantes que por el confinamiento están sin trabajo.

La Cancillería no ha respondido y el consulado de México en Nueva York ha dicho a los migrantes que los apoyará hasta después de analizar la situación de cada uno.

De los 20 indígenas muertos en Nueva York, solamente tres ha sido cremados, 15 están en funerarias esperando su turno y dos continúan en la morgue. Sacar de la morgue un cadáver, cada vez se complica más para los migrantes: están sin dinero y los precios en las funerarias van en aumento. A Paulino le han platicado cómo al inicio de la pandemia un servicio costaba mil 200 dólares y, ahora, en el punto más crítico puede costar hasta los 4 mil.

Y si eso no es suficiente, los migrantes y sus familias tienen que actuar contra el tiempo: las autoridades sanitarias de Nueva York decretaron al inicio de la pandemia que los cadáveres podrían estar hasta 15 días en las morgues, pero conforme pasa el tiempo y los decesos toman un ritmo vertiginosos, el plazo se acortó a cinco días, y en estos momentos, hallar una funeraria disponible se convierte en otro drama.

¿Y cuándo volverán a sus pueblos? No se sabe. Las autoridades estadounidense por ahora prohibieron cualquier traslado de restos humanos.

Mientras tanto, la familia de Miguel tendrá que esperar más para tenerlo de vuelta después de 10 años, cuando migró en busca del sueño americano.

 

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